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Una bacteria antitumoral en un concurso

El objetivo es diseñar máquinas biológicas

Un grupo de alumnos y profesores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) compiten con una nueva bacteria con posible capacidad antitumoral en la actual edición del concurso iGEM , organizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) para alumnos no titulados. Esta cita internacional busca impulsar entre los miembros más jóvenes de la comunidad científica la investigación en Biología Sintética, un campo en alza que estudia el diseño y la construcción de sistemas biológicos, y cuyo último hito ha sido la producción de una bacteria con material genético sintetizado enteramente in vitro.

Los 130 equipos de todo el mundo que compiten en este certamen -de los que sólo dos son españoles, el de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y el de la Universidad Politécnica de Valencia- deben elaborar, ejecutar y buscar financiación para un proyecto científico en el que se diseñen organismos vivos capaces de llevar a cabo nuevas funciones, lo que se conoce como máquinas biológicas, mediante la manipulación de sus genes y los circuitos de regulación que los controlan. En concreto, la propuesta presentada por la UPO busca una nueva bacteria capaz de usar señales químicas a distancia para aumentar la concentración local de bacterias en la zona deseada. Para hacer de esta idea una realidad, los profesores Luis Merino y Fernando Govantes están trabajando junto a los alumnos de Biotecnología David Caballero, Adrián Arellano, Paola Gallardo, Félix Reyes y Eva Fernández, además de Eduardo Pavón, estudiante de Ingeniería Técnica en Informática de Gestión.

"El uso de la Biología Sintética permite un mayor control del sistema y nos da la posibilidad de racionalizar el diseño y de utilizar herramientas de simulación y modelado a tal efecto", señala Govantes. En esta línea, el grupo de la UPO está trabajando en la creación de una nueva estirpe de la bacteria Escherichia coli, capaz de reconocer una estructura específica expuesta sobre una superficie como, por ejemplo, la de una célula. A raíz de esta interacción, la bacteria produce una señal química que atrae en la distancia a otras bacterias hacia un mismo punto. "Este concepto se puede utilizar en el futuro para dirigir poblaciones bacterianas hacia dianas biológicas, con el fin de destruir células tumorales, por ejemplo, o hacia dianas químicas, de forma que se pueda eliminar eficazmente sustancias contaminantes", apunta el profesor de la UPO.