Alonso versus García-Sal

Un estudio concluye que las personas con apellidos poco frecuentes gozan de un mayor estatus social

Científicos de la Universidad Carlos III de Madrid han estudiado la vinculación entre los apellidos y el estatus social en España y han concluido que las personas con apellidos poco frecuentes suelen tener un nivel socioeconómico mayor que aquellas que ostentan otros más comunes, según recoge la plataforma de noticias científicas SINC.

Una de las explicaciones a este hecho es que en España, al igual que en otros muchos países, el sistema de apellidos es en general una forma sencilla y eficaz de identificación del individuo y de su origen, y las familias con algún éxito social han intentado desde antiguo "identificarse" de alguna manera, adoptando apellidos que las diferenciaran. También ha contribuido a este hecho la baja movilidad social de las familias más pudientes.

Antes de la introducción del Código Civil español, en el siglo XIX, existía una gran flexibilidad en la adopción de los apellidos. Pero a partir del XIX la inmensa mayoría de la población empezó a adoptar como primer apellido el del padre y como segundo el de la madre. Sin embargo, con esta regla, la combinación del primer apellido del padre y de la madre podía dar lugar a apellidos comunes, difícilmente distinguibles. Y para diferenciarse, familias de renombre empezaron a crear apellidos compuestos.

Así, los hijos de "un prestigioso doctor con los apellidos García Sal y normalmente identificado por la población como 'García Sal', podrían tener un cierto interés en convertir los dos apellidos del padre en el nuevo apellido compuesto 'García-Sal', siendo de esta forma más fácilmente identificados como descendencia del doctor que si sólo adoptasen el apellido García", señala Ignacio Ortuño, investigador del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III y coautor del estudio Surnames and social status in Spain publicado en la revista Investigaciones Económicas, junto a María Dolores Collado de la Universidad de Alicante y Andrés Romeu de la Universidad de Murcia.

Según el investigador, "una diferencia importante con otros países es que aquí el uso de dos apellidos permite de una forma fácil y natural la creación de nuevos apellidos compuestos". Asimismo, como esta práctica de unir los apellidos se ha dado principalmente en linajes con algún tipo de distinción o relevancia social, "se incrementa la ya positiva relación existente entre apellidos menos comunes y estatus social elevado", agrega Ortuño.

En cuanto a las probabilidades de que personas con apellidos frecuentes adquieran un alto estatus social, Ortuño subraya que, "considerando profesiones de prestigio como la medicina o la abogacía, si agrupamos por un lado al 10% de la población con los apellidos menos frecuentes y por otro al 10% de la población con apellidos más comunes, encontramos que el número de personas con esas profesiones de prestigio y apellidos poco frecuentes es más de un 45% superior a lo que debería ser si no existiese sesgo entre apellidos y nivel social". "Resumiendo, hay menos García, Alonso, López y otros apellidos comunes entre las personas con un mayor nivel socioeconómico", asegura Ortuño. Y pone como ejemplo los apellidos de todos los profesores de universidad en España.

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