La vuelta de tuerca a la devoción por las marcas. Frente a mujeres anuncio como Paris, Lindsay o Mischa, las ganas de epatar ya no pasan por llevar un Vuitton auténtico, sino uno falso, pero con la misma ostentación que si fuera original. Todo mucho más cerca del Chinatown neoyorquino que del Upper East Side.GERARD ESTADELLA