El año nuevo chino, un canto a la integración

Una amplia representación de la comunidad china de Madrid disfrutó de su fiesta de Año Nuevo

El Madrid Arena no registró el lleno que se anunciaba pero una amplia representación de la comunidad china de la capital disfrutó de su fiesta de Año Nuevo. Hubo actuaciones no sólo de grupos chinos y aficionados, sino también, y por primera vez, españoles.

Entre las autoridades figuraban el embajador de China en España y algo parecido a su homólogo español, pues Pablo Bravo, al que todos mostraban su cariño, está destinado en China para promocionar nuestro país: "Estoy convencido de que ahora a España se le conoce y aprecia más en China", esas fueron sus palabras, pero en este caso, no eran lo más relevante.

Lo que importaba es que jóvenes chinos decidieron llevar a chavales de su edad a la fiesta y lo mismo ocurría con alguna que otra mujer española acompañada por chinas.

Las actuaciones eran de lo más diverso. Con un perfecto acento español, a buen seguro que se crió en España, nos lo explicaba una adolescente a punto de actuar: "Va a venir mazo de gente, pero hay de todo, porque nosotros vamos a cantar una canción divertida pero un poco infantil, no sé, es un poco como los villancicos". Siguió con su labor de inmersión cultural para explicarnos quién era quién en el programa. Sólo actuaba un español, el "triunfito" Daniel Zueras, "en China claro que no lo conocen, pero para la fiesta es mucho traerlo". Su última explicación fue la más acertada y prueba de la integración de esta comunidad en nuestra vida, se refería a la cantante Wan Shan Hong, traída desde su país para la ocasión: "Es un poco, no sé, ¿como la Pantoja?. Todos la conocen pero a los jóvenes no nos gusta".

El escenario era de lo más peculiar. Abrieron con el baile de dragones, algún que otro discurso y se intercalaban actuaciones de Kung Fu y la Ópera de Bei Jing con baile flamenco o canciones con música de fondo al más puro estilo karaoke interpretadas por la comunidad local. Estas últimas, claro, coreadas por amigos y conocidos presentes.

Quienes esperasen en esta fiesta una gran organización se hubiesen decepcionado. Los organizadores te invitaban a hacer fotos en los camerinos y los artistas a abandonar su sitio a los pocos segundos. Y no era extraño encontrar un ordenador junto a cajas de comida de mcdonald's y botes de Fanta apilados, que junto a los maquillajes y trajes orientales creaban un bodegón kitsch digno de fotografíar.

El festejo se anunciaba para las ocho de la tarde, pero hasta pasadas las nueve no tuvo lugar la primera actuación. Contra todo pronóstico, no hubo ninguna representación gastronómica china, pero tenía su motivo según nos explicó Espe Liu, parte activa de la organización: "No nos dejaron, sólo se puede tomar lo que venden los del edificio".

Hay quien lo podría ver como una fría venganza hacia aquellos que nos ofrecen bocadillos y botes de cerveza en plena Gran Vía cualquier madrugada. Lo cierto es que con la gran oferta que tienen en todo el país era casi una obligación. Así como destacar algunos aspectos culturales de China a la que sí referenciaron para hablar de los próximos Juegos Olímpicos y enviar las condolencias a los afectados por la ola de frío.

Antes de la medianoche los asistentes, los más afortunados en la tómbola con una máquina de hervir arroz bajo el brazo, volvían camino del metro. Comienza el año de la rata, pero amenaza el lunes y toca trabajar.

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS