_
_
_
_

Ya existen vibradores NFT: ¿cómo sería exactamente el sexo en el metaverso?

Los universos virtuales unidos a tecnologías de realidad virtual abren un abanico de posibilidades. Sin embargo, tener relaciones sexuales en el metaverso es todavía una realidad lejana.

Sexo-metaverso
Getty (Getty Images/iStockphoto)

En una escena de la primera temporada de Upload (Prime Video), la multimillonaria Ingrid le anuncia a su novio, Nathan, que su relación podrá ir un paso más allá porque se ha comprado un “traje sexual”. Contexto: Nathan está muerto y vive (sí) en una especie de más allá digital al que uno puede “subir” su conciencia previo pago. Allí, en un resort virtual de lujo, convive con otros difuntos, con avatares creados por inteligencia artificial, y las personas vivas que a través de unas gafas de realidad virtual pueden visitarlos: los asistentes de servicio al cliente y sus seres queridos aún vivos.

La serie nos muestra cómo son las relaciones sexuales en esta especie de metaverso ficticio: en el resort digital, vemos a Ingrid y a Nathan en la cama; en el mundo físico, nos encontramos a Ingrid metida en una bañera y enfundada en una especie de traje de neopreno grande —intuimos que lleno de sensores y tecnología háptica—, el famoso traje sexual, y con unas gafas de realidad virtual. Todo es bastante ridículo.

La primera temporada de la serie se emitió en 2020, más de un año antes de que Mark Zuckerberg cambiase el nombre de su compañía de Facebook a Meta y anunciase a bombo y platillo el gran proyecto en el que están trabajando: su propio metaverso. En el anuncio protagonizado por el propio Zuckerberg se ve a los distintos avatares de su universo virtual hacer cosas como ir a conciertos o charlar en una habitación. Cada uno de esos avatares son personas que en realidad están en su casa con unas gafas Oculus (las gafas de realidad virtual de Meta). Con esa inmersión, las personas podrán interactuar entre ellas sintiendo que están en el mismo lugar.

Una de las preguntas posibles es si estas interacciones podrán dar lugar a relaciones sexuales y, de hacerlo, qué forma tomarán. ¿Serán como en la escena de Upload o algo que resulte más atractivo?

Lo cierto es que ahora mismo en los metaversos no es posible mantener relaciones sexuales tal como las entendemos en el mundo físico.

Sin embargo, el sexo sí está presente en ellos. Antes del anuncio de Meta, el universo virtual que más había llegado al mundo mainstream era Second Life, fundada en 2003 y que durante un tiempo llenó titulares con las posibilidades que ofrecía una segunda vida en ese mundo paralelo. En 2022, aunque está lejos de su época dorada, sigue existiendo y cuenta con más de 60 millones de usuarios activos. Y, según recogen varias crónicas, incluye numerosos espacios en los que los usuarios expresan y experimentan con su sexualidad y fantasías a través de sus avatares.

Second Life, sin embargo, no es un universo de realidad virtual (y no parece que lo vaya a ser próximamente), sino un mundo pensado para ver en una pantalla de ordenador. En Second Life los usuarios que buscan sexo virtual encuentran esa satisfacción a través de la vista, viendo a su avatar o a otros, o a través del chat con el que esos avatares se comunican, tanto de texto como de audio. No existe la inmersión que se logra a través de unas gafas y no contempla entre sus planes que sus usuarios se pongan en algún momento un traje que imite el tacto humano.

El sentido del tacto

Hace unas semanas, la empresa alicantina de juguetes sexuales Diversual anunció la primera colección de vibradores NFT, algo que dejó a muchas personas algo descolocadas. “De momento, la experimentación de placer sexual, tal y como lo conocemos, en el metaverso no es posible y no sabemos si lo será algún día”, explica Ana Escudero, directora de comunicación y marketing de Diversual. Sus vibradores NFT, por lo tanto, son ahora mismo tan solo objetos decorativos para metaversos como Decentraland o The Sandbox, ya que no existe un metaverso en el que “el avatar pueda masturbarse con un juguete erótico virtual ni tener un orgasmo”.

Aun así, Escudero cree que la evolución es imparable. “Hay investigaciones en marcha para desarrollar piel artificial que, colocada sobre nuestra piel, nos permite sentir lo que está sucediendo en realidad virtual. También ya varios sitios de citas conocidos están trabajando en el desarrollo de la interactividad social, algo que podría cambiar la forma en que nos relacionamos en el futuro. En este contexto, podemos esperar que el placer sexual pueda experimentarse en el mundo virtual, pero aún estamos muy lejos de ello”, señala.

En todo caso, es necesario distinguir entre realidad virtual y metaverso, como apunta Laura Raya. La primera es “una tecnología capaz de crear entornos virtuales inmersivos y que ofrece la característica de presencia al usuario, lo que hace que psicológica y físicamente un usuario responda de manera similar en el mundo virtual que en el real”. Un metaverso es un universo virtual paralelo al que no necesariamente se accede mediante realidad virtual, aunque sin ella tenga “una interfaz de usuario mucho más limitada”. Mientras que la realidad virtual tiene aplicaciones en “en múltiples sectores, como el sanitario, educativo, el turismo, el marketing, el arquitectónico, el psicológico, el industrial o el entretenimiento”, el metaverso “es un entorno virtual que permite replicar las dinámicas sociales, industriales, profesionales… del ser humano, ampliando el concepto de internet”.

Teniendo esto en cuenta, se puede entender mejor que sí exista, por ejemplo, la pornografía en realidad virtual, pero que el sexo esté aún lejos de aparecer en los metaversos. “En la pornografía en realidad virtual, la interacción con los avatares puede no limitarse al canal visual, sino incluir otros canales sensoriales como el tacto virtual, la kinestesia o el olor virtual… lo que puede ofrecer una experiencia virtual más interactiva y realista, teniendo el usuario una sensación de presencia mayor”, explica Raya. Pero esto es distinto a la interacción entre avatares que tienen a usuarios al otro lado que simplemente están replicando interacciones en el mundo real: sexo en el metaverso sería conocer a alguien a través de un avatar, decidir mantener relaciones sexuales y sentirlas a través distintas tecnologías. No estamos todavía ahí.

Sexo vs. Seducción

Otro tema es el de si, aun siendo posible tecnológicamente, el metaverso peritiría el sexo. La aversión de Facebook e Instagram a cualquier tipo de contenido que pueda ser considerado mínimamente sexual es muy conocida: además de no permitir pezones femeninos, ambas plataformas han llegado a impedir la publicación de obras de arte en las que aparece algún desnudo. Con estos antecedentes y teniendo en cuenta que los avatares son personalizables quizá haya que preguntarse más por la seducción que por el sexo.

“Poder personalizar tu avatar al aspecto que a ti te gusta o elegir las características del avatar con el que relacionarte (bien sea con una persona al otro lado o un avatar creado con inteligencia artificial) puede potenciar la sexualidad”, explica Laura Raya, directora de los posgrados de Realidad Virtual de U-Tad. “Programar conductas o activar dispositivos de tacto virtual de forma personalizada abre un mundo aún por desarrollar”, añade.

Por su parte, la sexóloga Ángela Aznárez señala que hay muchas formas distintas de experimentar placer y que encuentro virtual y real no tienen por qué ser lo mismo (y que ahí está la gracia). “Creo que son entornos que pueden fomentar tener experiencias nuevas y distintas a lo habitual y que sobre todo pueden ser interesantes para recrear algunas fantasías que en la vida real no se quieren llevar a cabo”, explica.

Acoso en Meta

Sin embargo, que el creador de Facebook quiera mantener su espacio las formas no significa que sus usuarios lo vayan a hacer. Como mostró el relato de una periodista que contó que a los sesenta segundos en el metaverso de Meta otros avatares ya la estaban acosando verbal y sexualmente, ese universo no tendrá sexo, pero ya tiene un problema de acoso.

Laura Raya explica que la regulación en este sentido será necesaria. “El uso de la realidad virtual en el metaverso llega a hacer que el usuario se sienta como en la vida real, y responda física y psíquicamente como lo haría fuera del metaverso. Es más, la sensación de que es un mundo virtual puede agravar conductas violentas. Permitir diferentes tipos de acciones sexuales sin control puede llevar a abusos sexuales en el metaverso con un alto impacto psicológico en el usuario real”, señala.

Sin embargo, que esto ya haya ocurrido en los primeros meses del metaverso significa que esa normativa, si existe, no está siendo muy efectiva. En una entrevista en la newsletter Galaxy Brain de The Atlantic con el periodista Charlie Warzel, Wagner James Au, que lleva desde 2003 cubriendo Second Life (es básicamente un corresponsal) decía que, aunque en el equipo que desarrolla el metaverso de Meta hay exempleados de Second Life, había dos lecciones principales que parecían no haber aprendido de esos casi veinte años de experiencia en un mundo virtual: una, que si no fomentas la creación de una comunidad y no das herramientas y libertad a los usuarios para construir su mundo, se irán; otra, que es necesaria una normativa clara para evitar —o manejar— situaciones de acoso. Meta no parece haberse tomado el tema todavía muy en serio, pero tendrá que hacerlo si quiere que su metaverso sea un lugar atractivo para los usuarios.

En cuanto a la presencia de sexo consentido en estos universos, Ana Escudero, de Diversual, opina que que los metaversos terminarán siendo «un reflejo de la realidad donde poco a poco tendremos la posibilidad de experimentar y realizar prácticas similares a las que podemos tener en el mundo físico y, por qué no, disfrutar de nuestra sexualidad».  Laura Raya, por su parte, cree que sí habrá metaversos «orientados a ese contenido con sus propias normas y donde se permita». El metaverso de Meta no será uno de ellos.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_