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Nuria Marqués: «Nadar me da alas: me tiro al agua, me quito la prótesis y entonces domino el medio»

Con 17 años, y debutando en los Juegos Paralímpicos, se hizo con la medalla de oro en los 400 metros libre en Río de Janeiro. Cinco años después, afronta la reválida en Tokio.

Tenía 17 años cuando se hizo con la medalla de oro de los 400 metros libre en los Paralímpicos de Río de Janeiro. Nuria Marqués, una barcelonesa que debutaba en el evento, ofreció un mano a mano espectacular con la británica Ellie Cole que se resolvió en la última brazada de la prueba. Cinco años después de su gesta, la nadadora e imagen de Nike afronta la reválida en Tokio.

¿Recuerdas cuándo nadaste por primera vez?

Como nací con una discapacidad, los médicos les recomendaron a mis padres que me apuntaran a nadar y me llevaron con nueve meses. Les gustó mucho porque comprobaron que yo lo hacía de forma muy natural, como si hubiese nacido haciéndolo. Pero, obviamente, no me acuerdo.

¿Cómo te diste cuenta de que querías consagrar tu vida al deporte de esta forma?

El año de los Juegos Olímpicos de Río tenía 16 años y preparé muchísimo esa temporada. Cuando llegué a Río no sabía dónde me estaba metiendo. La medalla de oro y de plata fue un cambio de chip para mí porque hasta entones yo nadaba en club, iba dos horitas por la tarde, me lo pasaba bien y ya estaba.

Y entonces tu vida cotidiana cambió muchísimo…

Antes mis padres me tenían que llevar a todos lados y cuando entré en la Universidad decidí entrar en un centro de alto rendimiento, pasé de entrenar dos horas a seis y ya tuve coche propio.

Ya que menciona a sus padres. ¿Qué papel han tenido ellos en esto?

Mis padres no han sido nunca nadadores. Mi padre es jardinero y mi madre es ama de casa. Gracias a ellos he podido llegar donde he querido. Hubo un año en el que cerraron la piscina a la que solía ir y ellos siempre han buscado un sitio para que pudiese nadar. También me han ayudado a compaginar mi vida social con mi vida deportiva. Cuando era pequeña también me gustaba mucho salir con mis amigos y me iban a buscar a la piscina, a la playa o a donde fuese. Me han apoyado muchísimo en los entrenos y las competiciones. A veces alucino con lo que se sacrificaron porque yo misma cuando voy a ver competiciones me aburro muchísimo [risas].

¿Qué es lo que te hace sentir tan bien de este deporte?

Yo me tiro al agua, me quito la prótesis y entonces domino el medio. Eso me encanta. He probado otros deportes pero en este es como si pudiese volar. Nadar me da alas y he aprendido muchísimo, muchísimos valores.

¿Qué valores?

El esfuerzo, el valor del esfuerzo. Cuando llegas a la Universidad la cosa se pone seria. He tenido que dejar de salir con mis amigos, dejar de hacer cosas por los entrenos, muchas veces sacrificar los veranos… pero ha merecido la pena. Las vacaciones me las he cogido siempre cuando he podido.

¿Qué te aporta más el deporte de lo que te pudiese aportar estar con tus amigos?

No es que me aporte más una cosa que otra, solo es que me apasiona el deporte. Si hubiese seguido saliendo con mis amigos, no hubiese conseguido lo que tengo. Siempre hay recompensas y en mi caso ahora es poder vivir del deporte. Lo he hecho así toda la vida por lo que ahora no me supone un gran cambio.

¿Qué aficiones te hacen sentirse bien? Cuando no nado o no estudio, porque prácticamente mi día se basa en eso, me encanta ir a la playa jugar a volley.

¿Quién es la deportista a la que más admiras?

Ellie Cole. Transmite muchos valores y experiencia. Competí con ella en los Juegos anteriores y me encanta hablar con ella, es muy agradable y me motiva un montón. Lleva muchísimo tiempo nadando y me parece alucinante que siga disfrutando de lo que hace.

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