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La presión que sienten las adolescentes españolas para perder la virginidad cada vez más pronto

En algunos casos, las preadolescentes ni siquiera tienen en el periodo cuando se inician en el sexo. La entrada en el instituto con 12 años, la necesidad de pertenencia al grupo y el acceso a la pornografía son algunos de los factores que afectan a este fenómeno que preocupa a los educadores sexuales.

Imagen de la película 'Lady Bird', en la que la protagonista que da nombre al filme (Saoirse Ronan) pierde la virginidad con Kyle Scheible (Timothée Chalamet).
Imagen de la película 'Lady Bird', en la que la protagonista que da nombre al filme (Saoirse Ronan) pierde la virginidad con Kyle Scheible (Timothée Chalamet).Cordon Press

Basta con echar un vistazo a los estudios acerca de la edad a la que se pierde la virginidad en España para comprobar que, año tras año, esta se adelanta. Mientras que los resultados de una encuesta puesta en marcha por la marca de preservativos Control en 2017 indicaron que en España de media se pierde la virginidad con 17,7 años (las chicas, por cierto, comienzan antes según los datos, pues el 49,3% de ellas tuvo su primera relación entre los 14 y los 17 años), un estudio realizado por la Asociación de Enfermería Familiar y Comunitaria de Cataluña señaló en 2021 que la edad media de la primera relación sexual con penetración es de 13,8 años. Marina Marroquí, educadora social y especialista en violencia de género, comenta a S Moda que si hace años las relaciones sexuales comenzaban alrededor de los 15 años, en la actualidad los jóvenes se inician hacia una media de 13 años. “Hay muchos factores que explican este adelanto, como la iniciación más temprana a la pornografía como educación sexual, pero me parece esencial señalar la entrada anticipada más temprana de los menores al instituto. Si antes se entraba a los 14 años, cuando la sociedad ya te socializa como adulto y crees serlo, por lo que las relaciones se solían tener al año de comenzar, ahora la entrada se ha adelantado a los 12 años, por lo que es al año siguiente cuando empiezan a iniciarse”, explica. “Ahora la edad media ahora son 13 años. Estamos hablando de una preadolescente; muchas de estas niñas ni se han desarrollado y ni tienen siquiera el periodo. No están preparadas psicológicamente para mantener relaciones sexuales. Uno de los motivos es el acceso a internet, y no hemos de olvidar que la sexualidad va a llamar siempre la atención a los niños, pues genera intimidad. Que no haya límites y que haya una herramienta como internet que no tenga control parental hace que todo el acceso a información que no es para esa edad se malinterprete. Si dieran clases de educación sexual y de gestión emocional, les explicaran por qué no deben acceder a cierta información o que si lo hacen, les digamos que pregunten a los adultos qué están viendo, sería diferente”, señala Mariona Gabarra, educadora sexual.

El porqué del gran paso

La encuesta nacional sobre Estudio sobre sexualidad y anticoncepción realizada por Sigmados para la Fundación Española de Contracepción (FEC) indica que algunos de los motivos que alegan los adolescentes para mantener su primera relación sexual son la popularidad, el qué dirán y el hecho de que los demás lo haya hecho. “Existe cierta presión social a la hora de perder la virginidad, pero esto pasa desde hace muchos años. Lo que ha cambiado es la edad. Antes, si tenías entre 18 y 20 años y eras virgen, podrías ser la rarita, pero hoy se considera raro a alguien que con 15 años sigue siendo virgen. Al final, entra en juego el sentido de pertenencia, y los adolescentes tienen esta necesidad muy acusada. El ser humano, y más un adolescente, tiene necesidad de pertenencia de grupo y si no cumple con las características del mismo, puede quedarse fuera”, comenta Gabarra.

Amabel Bardera Rojo, psicóloga general sanitaria, sexóloga y terapeuta de pareja, coincide en que las niñas soportan muchísima presión para conquistar el hito de “perder la virginidad” incluso darse un beso , hacer preliminares o tener algún tipo de interacción sexual con otras personas. “La presión que reciben se relaciona con su contexto social, con las redes sociales y con conquistar determinadas características que en edades muy tempranas se asocian a la normalidad. Según mi experiencia como terapeuta, la presión por mantener relaciones sigue siendo muy grande. Muchas personas se sienten mal por no estar ‘aprovechando su juventud y sexualidad’ como su grupo de iguales o como que creen que es habitual. En terapia vemos muchas luchas internas con uno mismo frente a lo que creo que la sociedad espera de mí, miedo al rechazo y sentimiento de no pertenencia al grupo por cómo se desarrolla su propia sexualidad. Aun así, poco a poco veo que vamos aprendiendo a respetar más nuestras propias decisiones, caminos y a marcar mejor nuestros límites, y esto hace que el desarrollo de la sexualidad también esté mejorando”, indica.

¿Es el término ‘virginidad’ arcaico?

Por su parte Piero Cifelli, comadrón el el Hospital Sant Joan de Deu y en el CAP de Can Vidalet, asegura que respecto a hace unos años, hay una gran presión social para perder la virginidad. “Las chicas se sienten más ‘obligadas’ y es algo que muchas veces les da miedo, porque no saben lo que les espera. Por si fuera poco, todavía  hay una idea muy patriarcal sobre la virginidad, y muchas veces, las mujeres pasan por una presión cultural muy fuerte que es difícil de erradicar”, señala. “El concepto de virginidad es una construcción social, no una realidad médica: es el mandato patriarcal que crea graves consecuencias. Para acabar con este mandato y sus violencias asociadas, sería imprescindible crear políticas públicas que promuevan la educación afectivo-sexual”, explica.

Según una de las definiciones de la RAE, virgen es una «persona que no ha tenido relaciones sexuales”, y aquí habría que detenernos a explorar por qué todavía pensamos que la penetración es la que marca cuándo ha habido una interacción íntima. No hablamos únicamente del falocentrismo, sino al mismo tiempo, también de una sociedad sexocentrista en la que el sexo nos envuelve desde que tenemos uso de razón. Los educadores sexuales no creen que la narrativa tradicional vinculada a la virginidad sea capaz de reflejar las experiencias íntimas de muchas personas, mientras que las personas queer aseguran que la noción de virginidad es heteronormativa. Por ende, no puede ser adaptada a muchas experiencias que se escapan de la heterosexualidad. “Es un concepto en el que sin ir más lejos, las mujeres lesbianas no pueden verse identificadas ni representadas. Puede resultar muy confuso y frustrante no encontrar un lenguaje que te represente y con el que puedas narrar la historia de tu vida sexual. Incluso, a nivel de salud médica, en muchas consultas de ginecología no existe un protocolo adecuado a las lesbianas que permita evaluar su salud sexual de manera apropiada”, dice Ana Lombardía, colaboradora y experta en salud y bienestar sexual de Womanizer.  “La virginidad es un término que tiene sus orígenes en la religión y en la realización del coito para poder procrear. A día de hoy, el sexo no está relacionado únicamente con ello, sino también con el disfrute y las emociones. Por ello, da cabida a relaciones entre dos mujeres, relaciones en las que únicamente se estimulan los genitales femeninos por fuera para disfrutar y recibir placer. Queda más que anticuado el término en el momento en el que el sexo pasa a ser algo más amplio que simplemente el coito para la reproducción”, dice la sexóloga Mariona Gabarra, asesora de Gleeden.

Como refleja el estudio La sexualidad de las mujeres jóvenes en el contexto español. Percepciones subjetivas e impacto de la formación, llevado a cabo por el Instituto de las Mujeres, tanto si se es muy joven y no se tiene experiencia como si se es muy mayor y aún no ha sucedido; los comentarios referidos a la primera vez denotan cierta ansiedad, con el telón de fondo del miedo al rechazo y a la estigmatización. El estudio desvela, sin embargo, algunos datos esperanzadores, como que aparecen entre las jóvenes claras señales de querer dejar atrás la mirada falocéntrica predominante en la sexualidad. Prueba de ello son los numerosos comentarios que alientan a desvincular el sexo de las relaciones amorosas de pareja, de la mirada y existencia de un otro (generalmente masculino), así como la insistencia en interpretar la sexualidad como una forma de autoconocimiento asociada al placer. Pese a todo, la inercia de las viejas lógicas se mantiene, pues las cifras demuestran que la penetración es la práctica más habitual (74,6% ) entre las mujeres jóvenes, por encima de la autoestimulación (66,5%).

Hay sexólogos que aseguran que entender la experiencia como un ‘pérdida’ y no reconocer lo diversa que puede llegar a ser son nociones que deberían evolucionar, algo en lo que coincide Ana Lombardía. “Es un concepto arcaico que nada tiene que ver con el placer y con el modelo de sexualidad positiva y placentera en el que debería basarse la sexualidad humana. Esa pérdida tiene que ver con un modelo económico en el que la mujer pierde valor cuando ‘ya ha sido estrenada’ por otro hombre. Por el contrario, en los hombres es algo a perder cuanto antes para aumentar su valor”, asegura. Amabel Bardera Rojo está de acuerdo. “Cuando perdemos algo nuestro primer instinto es llorarlo, lamentarlo y vivirlo de forma traumática o desagradable. Nos referimos a ese primer momento como ‘perder la virginidad’, un concepto que me cuenta que hay algo de mí que ya no está, en vez de contarme que he añadido o ganado algo, que realmente es como sería sano que fuera, ¿no? Cuando decimos igualmente que ‘has entregado’, hablamos de una expresión que nos vuelve a dejar en una posición muy vulnerable ante una relación sexual”, explica.

El suspenso de la educación sexual

Todos los expertos consultados coinciden en enfatizar la importancia de la educación sexual. El Informe del Instituto de las Mujeres Sexualidad de las mujeres jóvenes en el contexto español revela que aunque la mayor parte de las jóvenes (65,2 %) ha recibido algún tipo de formación sexual en su centro educativo, el 34,8% no ha tenido acceso a programas de educación sexual en sus lugares de estudio. En cuanto a la educación sexual recibida en los centros de estudios, suspende con una insuficiente valoración media de 4,4, lo que sustenta la demanda de las jóvenes de una mayor y mejor formación afectivo-sexual, capaz de integrar sus necesidades formativas en torno a temas como las relaciones afectivas, el bienestar y la gestión emocional, la prevención de las ETS, la diversidad sexual, el placer o los métodos anticonceptivos. “La educación sexual es clave para que entiendan que el sexo no forma parte del ocio, que lo socioafectivo no se puede separar y que tomar la decisión de perder la virginidad cuanto antes para quitártelo de encima no es banal, pues tiene influencia en el desarrollo de tu persona. Iniciar esas relaciones casi por imposición sexual tiene consecuencias en las chicas. En los chicos, las relaciones tienen un papel muy claro: su meta es hacer el mayor número de prácticas posibles con el mayor número de chicas posible. Cuando ellas, con 12 años, entran en el instituto, me encuentro con que los chicos de 14 y 15 años se las rifan”, dice Marina Marroquí, autora de Eso no es amor.

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