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El hombre que consigue cualquier capricho (legal) a las estrellas

El jefe de conserjes del Hotel Martinez de Cannes está acostumbrado a peticiones casi imposibles que le pidan los actores.

Hotel Martinez

El primer día de festival, alguien muy muy famoso le pidió a Fabrizio Bozzolan algo muy muy difícil de encontrar. Algo que normalmente se tarda meses en conseguir, si es que se logra. En cuestión de horas, el jefe de conserjes del Martinez no solo localizó el encargo sino que se las arregló para que Air France hiciese un hueco al portador del misterioso paquete en un avión que volaba de París a Cannes, a pesar de que todos los vuelos para ese día estaban completos y llevaban semanas cerrados. Acabada la frenética misión imposible, se lo pagaron como se suelen pagar estas cosas, con un escueto "gracias" proferido por el asistente del asistente de la estrella, que a veces ni llega. Pero Bozzolan se fue tranquilo a casa. Y nunca revelará quién era el famoso ni qué es lo que pidió.

Este italiano de 54 años está al frente de un equipo de unas 40 personas que se encargan de hacer posible lo imposible en el hotel de la Croisette en el que se suelen alojar las estrellas , y que solo rivaliza en lujo y calibre quizá con el Carlton (el preferido de Angelina Jolie y Sean Penn) y el Majestic, con habituales como Jude Law o Johnny Depp. Durante el resto del año el trabajo ya es intenso en el establecimiento, que tiene 409 habitaciones y playa privada, pero cuando llega el festival "es una locura", dice Bozzolan. "Es como cuando te compras un barco", dice, utilizando una comparación muy Cannes. "Los dos momentos más felices con el barco son cuando te lo dan y cuando lo vendes. A mí me pasa lo mismo. Me gusta que llegue el festival pero cuando se acaba estoy muy feliz". Mientras habla, llegan a la puerta del hotel, siempre asediada por los fans en estos días, un par de limusinas y de una de ellas baja alguien que tiene todo el aspecto de ser Camila Alves, la pareja de Matthew McConaughey, que presentará en el festival la película The Paperboy. Lleva el clásico uniforme de celeb fuera de servicio, es decir, extra informal: bermudas tipo basket, camisa de guadros, sombrero y chancletas. Más tarde es el equipo completo de Moonrise Kingdom el que ocupa el lobby, con un repeinado (y diminuto) Jason Schwartzman a la cabeza.

El hotel, de estilo Art Déco, no podría tener más pedigrí cinematográfico. Allí se encerró François Truffaut durante un mes, que aprovechó para escribir el guión de La piel suave y allí, en la habitación 666 entrevistó Wim Wenders a directores como Steven Spielberg, Jean Luc Godard y Rainer Maria Fassbinder para su documental sobre el futuro del cine. Titulado, claro, Room 666. Y bueno, en la terraza del Martinez posaron las Spice Girls para la promoción de su película, Spice World, pero esa es otra historia.

Además de lidiar con las estrellas y sus entourages, que pueden sumar hasta 20 personas, su equipo se encarga de repartir todas las invitaciones, flores y regalos que reciben los actores y de asegurarse que todo está a punto para las fiestas que se celebran en el hotel. Además, allí se instalan los showrooms de más de una veintena de marcas de lujo (Armani, Gucci, Jimmy Choo, Yves Saint Laurent y Fendi entre ellas), que luchan por vestir a los actores. “No hay nada de esta envergadura en el mundo”, asegura Bozzolan, que trabaja en el hotel desde 1990 y forma parte de una especie de sociedad secreta que engloba a conserjes de estblecimientos de lujo de todo el mundo. Cuando tienen una petición difícil, sabe que sus colegas en Los Ángeles o en Dubai pueden echarle una mano. Su límite es la ley. “Podemos conseguirles todo lo que sea legal”, ya sea un Birkin o un yate de gran eslora para ya. De su servicio depende en parte la supervivencia del hotel, que hace durante el festival el 12% de la caja de todo el año, a pesar de que emplea a 300 personas extra. Se calcula que durante el certamen se venden unas 2.000 botellas de champagne, a casi 150 euros la botella.

Aunque va contra su código de conducta el dar nombres, Bozzolan sí tiene algunas debilidades. Woody Allen, por ejemplo,que siempre acude personalmente a su mostrador si necesita algo. También “Alain Delon y Gerard Depardieu, que nunca se olvidan de estrechar la mano de los conserjes cuando se marchan. Demuestran su savoir faire”. Por lo general, se adhiere a la regla “cuanto más importante, más amable” y desconfía de las estrellas jóvenes, recién llegadas a esto de la fama. Bozzolan no pisa jamás las fiestas que ayuda a organizar (“no es mi trabajo”) pero quizá lo haga “un día, para ver cómo son, antes de jubilarme”.

Entrada del Hotel Martinez.

Getty Images

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