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París Fashion Week, día 7: Chanel y Valentino

A veinte mil leguas de viaje submarino con Chanel y a trote de una mujer aristocrática en Valentino.

Chanel
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En el mundo de la moda los hay que van y vienen; algunos se caen, otros cambian de bando y muchos se tropiezan, existen los que están pero se tambalean y luego Dios creó a Karl Lagerfeld.  Al frente de Chanel desde hace más de veinte años -su primera colección vio la luz en 1983- el káiser hace lo que quiere y pinta, corta y colorea a su alabado gusto los archivos de la maison de mademoiselle. Hemos visto ya desde leones gigantes, a Versailles en miniatura o glaciares y granjas a la medida de la Delfina de Francia. La revelación en forma de atrezo, hoy, han sido los fondos marinos. El plancton, las coquilles, la madreperla y las ostras: no sé qué qué tendrá que decir el psicoanálisis de todo esto pero a 20.000 leguas de viaje submarino, los diseños primavera-verano 2012 de Chanel flotan como nunca. 

Con más de sesenta salidas, los tonos crema y los reflejos brillantes son los protagonistas de una primera tanda de trajes de chaqueta en tweed -con hilo plata entrelazado y jugando a dibujar cuadrados con tinta-  que naufragan poco a poco en favor de looks a base de faldas y chaquetas de abultado tul -que parecen imitar las aletas y cola de los peces tropicales-, vestidos cuyos acabados son escamas y pantalones en tonos nacarados.

La parte más humana la pone el tramo de los biquinis que vienen con capas de PVC; el mismo material que sirve para algunos de sus zapatos –recupera los botines metalizados de la Alta Costura verano 2010– y complementos de entre los cuales, las estrellas son el clutch concha y el bolso alga.

Por la noche los volúmenes se apelotonan y 1,2 3 splash, no queda claro si sus vestidos son cantos de sirena. Las que seguro son mitad anfibio, mitad mujer, son sus modelos: sus espaldas se delinean con pequeñas cuentas que crían también en su pelo.

Detalle del bolso caracola marina.

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La perlas brotan del pelo de las modelos.

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En Valentino, Maria Grazia Chiuri and Pier Paolo Piccioli siguen con la saga heredada de su última colección Haute Couture. Ríos de tinta azul -nobles, socialités varias y chicas it– van a correr por sus aristocráticos vestidos y faldas. Motivos imperiales, piel delicadamente labrada y sandalia plana para el día. Negro, blanco y el eterno rojo.  Al caer el sol llega el encaje, las transparencias en delicadas camisolas que se combinan con bermudas o faldas pantalón. Caftanes elevados al cubo, siluetas campana, mangas farol y cinturillas discretamente marcadas en colores que van del amarillo empolvado al champán pasando por el lima y el madreselva.

Vestido en color madreselva, de Valentino.

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