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Leonor Watling: «Cuando te levantas, el espejo te devuelve una cara que no es la que esperabas»

Watling, que tiene por estrenar dos películas (la última de Isabel Coixet y The Food Guide to Love) nos cuenta que sufre crisis precoces de edad.

Leonor
Toni Torredillas y Chabela García (Realización). Paco Garrigues (Peluquería). Cristina Lutz (Maquillaje)

Watling coge su móvil, mira a la cámara y posa como una diosa del selfie. En la imagen aparece con una mano extendida (le están pintando las uñas de negro) y con su larga melena recogida bajo una malla que más tarde el peluquero cubrirá con una peluca corta al estilo de Louise Brooks «en su versión replicante de Blade Runner», como puntualiza. Está a la espera del estreno de Another me, la última película de Isabel Coixet, en la que la directora se adentra por primera vez en el género del terror. Coixet asegura que ella es su talismán. «O su pokémon de la suerte», matiza entre risas. «He estado en casi todos sus filmes, creo que el único en el que he faltado fue en Mapa de los sonidos de Tokio y ¡porque estaba embarazadísima de Luca!», su hijo de cuatro años. También tiene a Lea, de uno, ambos fruto de su relación con Jorge Drexler. «Siempre que veo a Isabel le pido un protagonista, un monólogo… y nos reímos muchísimo. Pero yo voy dejando ahí el mensaje». Se acerca a saludar uno a uno a todo el equipo que va llegando, se prepara un café y enciende un cigarrillo mientras espera que le expliquen el estilismo de la sesión. Se deja hacer, está dispuesta a jugar y a someterse a los maquillajes más extremos del invierno.

A la protagonista de Another me –Sophie Turner, famosa por su papel de Sansa Stark en Juego de Tronos– comienza a perseguirla un fantasma que tiene su mismo aspecto. A usted, ¿qué fantasmas le persiguen?

Son presencias bonitas y fuertes. Son las personas que he querido y que ya no están aquí. Esa es mi parte más mística, prefiero no decir religiosa, porque en este país enseguida te toman por católica, apostólica y romana, cuando hay miles de formas de tener fe. Es una pena, pues tengo ciertamente esa parte anglosajona más espiritual. También me persigue otro tipo de fantasmas: mis meteduras de pata. No sé guardar un secreto, soy despistadísima y, sumado a que creo que soy buena persona, hace que me comporte como una imbécil.

En la cinta de Coixet interpreta un papel secundario en el que encarna a la autoridad. ¿Es autoritaria en su vida diaria?

¿Autoridad yo? –estalla en carcajadas–. No soy nada disciplinada, pero sí intento serlo con mis hijos. Hago todo lo posible por ser la mejor madre. Respecto a los papeles secundarios, son más fáciles de compatibilizar con las giras que realizo con Marlango.

Pronto estrenará The Food Guide to Love, de Dominic Harari y Teresa Pelegrí, en la que sí recae sobre usted la trama del filme.

Es una comedia romántica. Adoro este género, que es como la tortilla de patata: la encuentras en todos los restaurantes, y no en todos está buena, pero cuando lo está, es maravillosa. También soy consciente de que pronto pasaré de ser la chica de la película a ser la madre de la chica, pero en mi profesión siempre es agradable experimentar.

Abrigo de pelo de Carven y gorro de pelo de zorro argenté de Ramiro Guardiola.

Eugenio Recuenco

 A cada sorbo de café entorna los ojos y la fina piel que los rodea se arruga con pequeñas líneas de expresión, como si fuera papel de fumar.

El hecho de que se acerquen los 40, ¿le asusta?

Estoy en plena crisis [y eso que Leonor aún tiene 38 años y conserva sus reconocibles rasgos juveniles]. Me pasó lo mismo con los 30, empecé a pensar en ellos a los 27 o 28. Sufro crisis precoces. Yo creo que al ser actriz tiendes a mirarte mucho. Cuando te levantas, el espejo te devuelve una cara que no es la que esperabas, pero no te queda más remedio que asumirlo. También tiene su lado bonito.

Pero tras la maternidad ha comenzado a mostrar una imagen mucho más atrevida, incluso se ha animado a hacer sesiones de fotos mucho más sexies.

Me cambió el metabolismo y me quedé más delgada. Antes era más… sanota, digamos. Ahora me siento infinitamente más segura y no me importa mostrar una faceta más sensual. No tengo miedo a jugar con mi cuerpo. Cada maternidad es diferente, hay madres a las que les da por vivirla intensamente y amamantar a sus hijos durante dos años y otras que salen disparadas como Courtney Love. Yo me sitúo en el medio. 

Abrigo de Alexander Wang y gafas de Fendi.

Eugenio Recuenco

Mientras la maquillan recuerda cómo la gente la miraba mientras ella daba pecho. «Un amigo me comentó que me iba a hacer un babero que pusiera: «Si quieres ver más, ponte Son de mar» [la película que rodó a las órdenes de Bigas Luna].

Entonces, sinceramente, ¿no hay truco para tener su piel o su figura?

Fumo, que es lo peor que se puede hacer, y soy muy torpe con la alimentación. De hecho, voy a una nutricionista para que me cuide en ese sentido, Ángela Quintas. Lo hago para tener una dieta correcta, para que cuando llegue a los 70 no tenga los huesos de tiza. Estoy en una edad en la que no debo olvidarme de mí. Ya no puedo tirarme dos meses comiendo mal y poco, porque si lo hago me caeré y no me voy a recuperar tan rápido como antes.

¿Por su cabeza pasa la idea de usar en un futuro la cirugía o las inyecciones?

Antes de empezar a hacer cosas más dramáticas e irreparables creo que es mejor recurrir a tratamientos de belleza. Me gustan las máquinas de radiofrecuencia para el rostro, como las de Indiba. Las agujas me dan mucha grima. Durante una época me entregué a la medicina china y fue lo que mejor resultado me dio. Lástima que la doctora regresara a su país: me recetaba una barbaridad de hierbas y vitaminas. Soy de las que cree que el mejor cuidado para la piel comienza desde dentro.

Sudadera de Iro, collares de perlas de Dior y de Tiffany & Co. y broche con forma de araña de Barcena.

Eugenio Recuenco

 Al entregarle el disco de oro por las 50.000 copias de la primera producción de su grupo Marlango, Pedro Almodóvar dijo: «Recuerdo en una ocasión cuando íbamos en una limusina por Nueva York y se puso a cantar una canción de Billie Holiday y entonces me di cuenta de que no era una más. Ella quería salir al escenario. Es una gran cantante». Hoy nadie cuestiona su carrera como intérprete. Su séptimo álbum se hará esperar. «Tenemos problemas con el productor, así que no hay fecha». Hace dos semanas viajó de nuevo con el director manchego a Berlín donde le entregaron el Premio de la Academia Europea de Cine a toda su trayectoria. Para la ocasión lució un vestido de Dior y joyas de Bulgari.

¿Cómo es su relación con la industria del lujo?

Conozco las casas de moda porque me prestan cosas. Y es genial poder ir a un estreno o a una fiesta con grandes diseños. Pero el máximo lujo que me permito, el que compro y consumo de verdad, es Zadig & Voltaire. Me gusta hacerme con ciertas prendas, pero mucho menos que antes. Creo que hay que elegir bien las cosas y darle su valor. Si sueñas con comprarte unos zapatos de firma, hazlo. Y luego tómate un café, y al llegar a casa guarda la caja y la bolsa. Hay que disfrutar de esas experiencias como lo que son, un acontecimiento especial.

¿Cuáles son los máximos caprichos que se concede?

Para mí, un lujo total es asistir a un concierto de Borja Barrueta o escuchar a Ben Sidran en el Café Central y luego tomarme una caña con él. O poder coger un avión a Londres para ver la obra Henry V con Jude Law. Hoy en día, la cultura me parece un lujo.

Públicamente, a usted y a su pareja se les considera intelectuales, sensibles…

Y cool, es curioso. Son adjetivos que en teoría deberían ser positivos, pero a veces se convierten en insultos cuando te los adjudican: «Esos son unos cool». No sé por qué, pero sucede. De todas formas cada uno puede tener la opinión de ti que quiera, con eso no puedo ni quiero pelear.

¿Qué tal se lleva con las aplicaciones musicales para el móvil que creó su pareja, Jorge Drexler?

Me parece una locura total. Es una forma de participar en la composición y edición de sus temas. Es una genialidad, pero… ¡Qué voy a decir yo!

También se le conoce por su imagen solidaria. Participa en el proyecto Alimentos con poder, la acción de Oxfam Intermón. ¿Qué la impulsó?

Comencé hace ocho años con la campaña Armas bajo control y he continuado. Este nuevo proyecto es muy ambicioso. Con cada mensaje que se envía, con un coste de 1,2 euros, se ayuda a que las poblaciones productoras de arroz o maíz puedan seguir cultivándolo, se organicen y tengan la oportunidad de mandar a los niños al colegio. Sus resultados son a largo plazo y su fin es que estas sociedades prosperen. Todos los que tenemos una imagen pública debemos ayudar. No hacerlo me parecería absurdo.

Leonor Watling lleva jersey de Balenciaga.

Eugenio Recuenco

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