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No es solo sexo, no es solo afecto: ¿Es normal el poliamor?

Empezó siendo una cosa de gente ‘queer’ y feminista que se debatía en espacios académicos. Pero ya está en la calle. Vaya que si está

Bohdan Skrypnyk (Getty Images)

Según la RAE el poliamor es una “relación erótica y estable entre varias personas con el consentimiento de todas ellas”. Empezó siendo una cosa de gente queer y feminista que se debatía en espacios académicos y activistas. Pero hace una década que sale en los medios, así que es raro no haberse tomado una caña hablando del tema. Aunque sea para burlarse. Hay hasta quien asegura que se ha pasado de moda. Como si fueran los pantalones de campana.

Una persona a la que amo, con la que nunca he follado y con quien hemos planeado varias veces casarnos (a condición de que él pueda follar con todos los hombres que le apetezca y yo con todas las mujeres que quiera) está mal. Tanto que necesita cuidados continuados y alguien que tome las decisiones en su nombre. Yo sé dónde guarda todo, lo que haría en cada situación, sus planes de futuro, cuánto fuma, lo que no cuenta y lo que le importa. Nos conocemos desde los catorce (hace treinta y ocho de eso) y con otras tres teníamos un plan: un terreno en Almería, cabañas individuales, una piscina y un espacio común para cocinar, comer, beber y pegarnos las farras que nos dejara la osteoporosis y la artrosis. Juntas hasta la muerte.

Pero ahora su vida ha abandonado lo privado a la fuerza y todas las instancias que tienen que decidir quién decide por él nos hacen la misma pregunta: ¿Qué grado de parentesco tenéis? En la UCI dije “familia” y no preguntaron más -porque en la UCI te miran con ternura y entienden que estar allí te legitima para estar allí- pero a medida que la cosa se ha puesto pragmática y crónica, nos han ido expulsando hasta el pírrico espacio de las “amigas”. Ahora le vemos a turnos, cuando nos dan permiso, y casi siempre está con gente que cobra por estar con él o que no estaba nunca con él cuando era él.

Tengo dos amigas y un amigo que comparten casa propia, un negocio, economía, decisiones intrascendentes y planes de presente. Ni sé ni me importa si follan, pero sé que pasan las resacas en el sofá viendo pelis, se saben las citas médicas de cada cual y se coordinan los disfraces en carnavales y todas las vacaciones. Eso sí que es un compromiso. Se pasan la vida esquivando dar explicaciones sobre qué son, quién con quién, por qué quieren una habitación triple, por qué tienen una cuenta común, o cómo van a hacer cuando alguien tenga una pareja “de verdad”.

La persona con la que tengo un vínculo (sé que las cínicas odiáis esa palabra, por eso lo hago) afectivo y sexual y una perra, no vive en mi casa, ni tenemos una cuenta común, ni somos siempre la primera opción para organizar las vacaciones.

¿Será esto el poliamor?

Pues no lo sé.

Para no hacer polilovesplaining hablamos con tres mujeres que saben mucho de la teoría y de la práctica del poliamor: la cantante Eddie Circa; Roma de las Heras, autora de “Anarquía relacional, una novela gráfica”, y Sandra Bravo, autora de “Si te he amado, no me acuerdo”.

Quizás el primer paso -que sirve para cualquier camino hacia un pensamiento crítico- sería dejar de pensar en términos de normalidad y rareza, y empezar a hablar de monogamias y no monogamias. Y así nos podemos resbalar por el tobogán de la curiosidad, sin la pesadez de juzgar antes de saber.

Dice Eddi Circa, que “sobre el pensamiento monógamo que rige nuestras relaciones sentimentales sólo hace falta comprender una cosa: que el pilar en el que se apoya es la idea de la pareja como cúspide en la jerarquía relacional”. Se refiere a que la base de la monogamia -que todavía damos por sentada en las relaciones, si no se explicita lo contrario- “no es tanto la exclusividad sexual como la jerarquía de los afectos”. Lo tenemos todo ordenado y no hay que decidir mucho: “La pareja por delante de las amigas”. Según la cantante “comprender y tratar de modificar, destruir o reordenar esta jerarquía es ya hacer poliamor.” Así que resulta que somos poliamorosas, amigas (les digo a las de antes, lo tuyo te lo gestionas tú).

¿Sabemos qué es el poliamor?

Pregunto en un chat de amigas qué les interesaría leer en un artículo sobre poliamor. Las respuestas me sorprenden porque, más que dudas concretas, encuentro que no tienen muy claro lo que és. “Se ha ligado mucho a la promiscuidad, a la idea del consumo de cuerpos, del no cuidado. Sigue muy en el cliché” opina Sandra Bravo. Una de mis amigas dice “¿parejas abiertas?” y le da la razón a Roma de las Heras, que considera que “el modelo que más se ha representado es el que más se parece a la pareja monógama clásica: una pareja central que, de repente, decide abrir la relación o conoce a alguien y quiere probar una relación abierta”. Pero no es eso, al menos no solo eso. Sandra Bravo apunta que “hay personas que vivimos el poliamor desde una perspectiva politizada, pero también está la idea de que es una opción más mientras yo estoy buscando mi media naranja”.

No es fácil sacarles una definición, porque la gente que piensa mucho sobre algo en lo que le va la vida no tiende al resumen, pero Eddie Circa opina que “el poliamor viene para desjerarquizar las relaciones sentimentales de nuestra vida, para tejer un amor más sincero, leal y material con nuestras amigas, para conectarnos con el mundo, para recuperar una colectividad que en el marco capitalista ha quedado reservada y relegada a la pareja tradicional”. Buf, pues dan muchas ganas de apuntarse, ¿no?

¿Lo llaman poliamor, pero quieren decir sexo?

“¿Orgia pero con amor?” dice una de mis amigas del chat. Pero no. El poliamor no tiene que ver necesariamente con el sexo, al contrario de lo que piensa otra de mis amigas del chat “¿es tener relaciones consentidas con varias personas a la vez y todo se sabe, no?”, que es lo que piensa la mayoría de la gente. De hecho, a la pregunta de si se consideran poliamorosas, aunque (que yo sepa) no hay sexo entre ellas, mi amigo el de la trieja lo tiene claro: “nos autodefinimos como trieja, siendo esto una respuesta al recurrente cuestionamiento de nuestro vínculo”. Al hablar de lo sexual “he conocido relaciones poliamorosas de otras personas y en ellas el sexo era un elemento vertebrador o destructor, en nuestro caso no es vertebrador ni destructor” apunta. Una de las dos mujeres de la trieja va por la misma linea: “sí creo que somos poliamorosas porque en comparación con la normatividad nuestra relación es más sana y está construida fuera del sistema y buscando una forma de convivir diferente, colectiva y respetuosa pero sin el vínculo sexo afectivo. Aunque en realidad las parejas normativas se tocan menos que nosotras” y se ríe. Y la otra mujer del trío poliamoroso opina parecido “es nuestra elección de vida, como compañeras de viaje y familia elegida. Intentando siempre sumar, mejorarnos como personas individuales y en trieja. Vivimos así por elección y nos funciona.”

Parece que en las opciones de vida poliamorosas hay mucho más que promiscuidad y parejas abiertas. De hecho, todas las entrevistadas coinciden en que es una opción política antisistema.

¿Qué tiene de transformador el poliamor?

“Que propone formas de compartir la vida en estructuras y pensamientos más allá de las normas del sagrado número dos” dice Eddie Circa. “Los vínculos poliamorosos desafían el modelo monógamo basado en encadenar pareja tras pareja hasta encontrar la eternidad”. Y es que las estadísticas -y nuestras propias experiencias- demuestran que las relaciones para siempre ya no se dan casi nunca, pero mucha gente (a “Love is blind” me remito) las sigue buscando. Para la cantante, los vínculos poliamorosos “son la oportunidad de no rompernos el corazón tantas veces buscando sin encontrar, hacer una mudanza con tu novia y a los cuatro años terminar, atravesar un duelo tristísimo y empezar de cero a construir algo significativo con la siguiente persona”.

Para Roma de las Heras “lo no normativo tiene que ver con cuestionar esa jerarquía de las relaciones románticas sobre otras relaciones. Por ejemplo, si tengo una amistad de hace veinte años con quien me voy todos los veranos una semana de vacaciones porque es nuestro ritual, y empiezo una relación romántica de seis meses, ¿por qué la prioridad para planificar las vacaciones tendría que ser automáticamente la relación romántica?” ¿Ves? No hace falta hacer orgías o tener relaciones abiertas para practicar el poliamor.

Opina Sandra Bravo que “muchas personas no monógamas activistas rompemos con muchas otras normas, como buscar formas de consumo y alimentación alternativas o apoyar a determinadas luchas políticas” y en esto coincide con Circa y De las Heras, el poliamor es una propuesta política. De hecho, Bravo afirma: “a mi no me parece nada antisistema que una persona se declare poliamorosa y luego se quede callada ante el genocidio de Israel o que diga que es antifeminista”. Estos planteamientos encajan con el origen del poliamor en espacios feministas y queer, que llevan décadas tratando de romper con el sistema de opresión contra las mujeres y las disidencias, precisamente apuntando al pilar de esta violencia sistémica: el matrimonio. Y la exclusividad sexual (y la obligatoriedad del sexo asumida tácitamente) sobre la que se construye. Todavía hoy, la mayor práctica de riesgo de una mujer -en términos de posibilidades de ser asesinada- no es ser promiscua, ni salir por la noche, ni andar por zonas solitarias, sino emparejarse con un hombre.

¿Se puede hacer poliamor con hombres?

Según Roma de las Heras “hay un rechazo social hacia el discurso del poliamor, sobre todo entre muchas mujeres porque, históricamente, los hombres han tenido impunidad para tomar decisiones dañinas en las relaciones: infidelidades, familias paralelas, etc. Entonces algunas ven el discurso del poliamor como una forma de justificar la impunidad masculina con palabras nuevas. Por eso es importante introducir la responsabilidad y una mirada feminista en estas conversaciones”. Bravo tiene claro por qué esta desconfianza de las mujeres hacia prácticas que implican cambios en la norma social: “porque somos quienes hemos repensado las relaciones íntimas, las desigualdades dentro de la intimidad y la renegociación del amor romántico como mandato. Porque somos a quienes este sistema nos deja en una posición más vulnerable”. Una de mis amigas es más pragmática en el chat: “Buff poliamor qué pereza, no?? Aguantar a más de uno???”.

Así como Eddie Circa afirma desconocer la cultura de los hombres “no me interesa, me interesa que los hombres dejen de ser hombres y aprendan la cultura femenina, la cultura queer y la cultura de la otredad”, Sandra Bravo tiene una perspectiva más esperanzadora: “hay mujeres a las que nos atraen los tíos. Yo soy bisexual, y no lo soy por capricho, es como esta configurado mi deseo. Decir que ellos son el problema es cargarnos al resto de identidades con esa idea de que somos seres de luz y de que lo hacemos todo perfecto, y no es así”. Coincide en el análisis con Bravo: “lo que sí que creo es que necesitamos tíos feministas, que se revisen sus privilegios, que cuiden sin ponerse la medallita y sin preguntar cómo tienen que cuidar, generosos en el amor y en el sexo. Y quiero pensar que esa transformación es posible”. Aunque Bravo reconoce las dificultades específicas de “las mujeres a las que les gustan los hombres, pues se relacionan con personas que han sido educadas en un entorno que les sostiene en la idea de que pueden hacer lo que quieran dentro de las relaciones íntimas”.

Visto así, es bastante más interesante, prometedor, difícil y revolucionario de lo que parecía, y le da la razón a Eddie Circa y a su referencia al reggaetonero Tony Dize, ya nadie se promete más allá del tiempo, nadie cree en lo eterno. “Entonces, ¿qué hacemos? ¿nos dejamos llevar por estos pensamientos nostálgicos que nos pueden conducir a posturas un tanto reaccionarias que santifiquen la vida de nuestras yayas y que persigan un amor para siempre? ¿o investigamos nuevos modelos con los que poder vivir una vida compartida, feliz y pacificada?”

Ala, a investigar.

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