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La ejecutiva de Cs se fractura por el giro a la derecha y el no a Sánchez

Toni Roldán abandona el partido al cuestionar la estrategia de Rivera y será sustituido por Marcos de Quinto

Toni Roldán, tras la rueda de prensa. En vídeo: discurso de Roldán en el que anuncia su dimisión.

La crisis interna de Ciudadanos se agrava: después de meses de tensiones soterradas, la cúpula del partido se fracturó este lunes por la negativa de Albert Rivera a pactar con el PSOE. El no a Pedro Sánchez, consecuencia de la estrategia de derechización emprendida por Rivera, terminó por resquebrajar el núcleo duro del partido con una cascada de dimisiones. Toni Roldán, portavoz económico, Javier Nart, eurodiputado, y Juan Vázquez, líder en Asturias, anunciaron su marcha. Los críticos forzaron una nueva votación para reconsiderar el veto al PSOE, que perdieron por abrumadora mayoría.

La ejecutiva de este lunes de Ciudadanos fue una de las más tensas que se recuerdan en el partido. La reunión empezaba a las diez y media pero Albert Rivera y su mano derecha, José Manuel Villegas, secretario general, entraron en la sala con casi una hora de retraso. Rivera anunció a los presentes lo que ya sabían por las alertas de los periódicos en sus teléfonos móviles: “Toni Roldán ha dimitido”. La renuncia del portavoz económico del partido, diputado y miembro de la dirección permanente —la que decide la estrategia, formada por 13 miembros— sorprendió a parte de la cúpula porque el propio Roldán había desmentido su salida a sus compañeros el viernes pasado. Con el impacto de la renuncia en caliente, los críticos intentaron —otra vez— un cambio de rumbo. Rivera volvió a salvar esa pelota de partido, pero acumula reveses en las dos últimas semanas: el adiós de Manuel Valls, el rifirrafe con Emmanuel Macron y las grietas en la cúpula de la formación.

El líder ganó por amplia mayoría —24 votos a su favor, 4 en contra y tres abstenciones— la votación que forzaron Luis Garicano, jefe de la delegación europea, y Javier Nart, eurodiputado, que pedía reconsiderar la estrategia y abrir una vía de diálogo con La Moncloa para la investidura de Sánchez. Rivera frenó en seco la rebelión. Pero sale debilitado ante la evidencia de que su estrategia ha dividido al partido. Roldán subrayó las contradicciones en las que incurre Cs con el proyecto originario (liberal, o socioliberal) en su apuesta por sustituir al PP: “Los costes de la estrategia de Ciudadanos son demasiado altos para España. No me voy porque yo haya cambiado, ha sido el partido el que ha cambiado”, cargó Roldán en un duro discurso, plagado de sentencias demoledoras.

Rivera acumula tres semanas de continuos reveses. A la crisis abierta tras la ruptura con Manuel Valls, el choque con Emmanuel Macron por los pactos indirectos con Vox y las discrepancias internas sumó ayer las primeras dimisiones, una de ellas de alto voltaje por ser un integrante de la ejecutiva permanente, el núcleo decisorio del partido. Roldán, secretario de programas, era la única voz crítica en el corazón de la estrategia de Ciudadanos. Acababa de ser nombrado portavoz adjunto en el Congreso, donde la pasada legislatura ejerció de portavoz económico. Tras meses de críticas internas que han acabado trascendiendo, el diputado anunció ayer que abandona la política activa, renuncia a todas sus responsabilidades en el partido y deja su escaño.

Tras él, el eurodiputado Javier Nart dimitió como miembro de la ejecutiva ampliada —de 36 miembros—, pero no como europarlamentario. Renunció también el líder del partido en Asturias, el ex rector de la Universidad de Oviedo Juan Vázquez, que sí devolverá su acta. El resultado de las dimisiones es un sector crítico diezmado: Luis Garicano, jefe de la delegación europea del partido, queda como la voz más representativa del alma socioliberal a la que también pertenecían Roldán, Nart, Francisco Igea, líder del partido en Castilla y León, y el diputado Fernando Maura. A ese flanco se sumaban algunos de los dirigentes llegados de UPyD, como Nacho Prendes. Rivera capitanea así un partido cada vez más cesarista y alineado con su estrategia. Pero al mismo tiempo es más frágil al perder a varios pesos pesados de un plumazo.

El ala más progresista del partido, que siempre fue minoritaria, llevaba meses —desde el pacto en Andalucía con el PP, que depende de Vox— discutiendo internamente el giro a la derecha emprendido por Rivera tras la moción de censura. De esa derechización deriva el férreo veto al PSOE, al que también se oponen los críticos. En su contundente discurso, Roldán argumentó que el giro a la derecha de Cs “desvirtúa” sus tres banderas originarias: el reformismo, la regeneración y la batalla contra el nacionalismo. El diputado defendió que esa estrategia ahonda en el frentismo y la polarización, no lucha con eficacia contra el nacionalismo ni construye un proyecto verdaderamente liberal por sus vínculos con la extrema derecha. “¿Cómo vamos a luchar contra la dinámica de confrontación de rojos y azules que vinimos a combatir si nos convertimos en azules?”, interpeló. “¿Cómo podemos construir un proyecto liberal en España si no somos capaces de confrontarnos a la extrema derecha?”, se preguntó.

El eurodiputado Javier Nart pasa detrás de Inés Arrimadas y Albert Rivera, hoy en la reunión del Comité Ejecutivo del partido.
El eurodiputado Javier Nart pasa detrás de Inés Arrimadas y Albert Rivera, hoy en la reunión del Comité Ejecutivo del partido.

El no a Sánchez es la clave de la sacudida experimentada en la cúpula del partido. “España tiene una oportunidad histórica para construir un Gobierno estable y liderar el progreso liberal en Europa en los próximos 20 años. Sería un grave error desperdiciar esta oportunidad”, dijo Roldán en referencia a un eventual acuerdo entre el PSOE y Cs, que sumaría 180 escaños. Ese pacto es aún más difícil, con el sector crítico laminado y el liderazgo de Rivera cada vez más incontestado.

Rivera, en fin, tiene las manos todavía más libres para mantener su criterio. E intenta evitar el desgaste: de nuevo fue Inés Arrimadas quien por segunda vez dio la cara en lugar del líder tras una crisis y defendió el rumbo inamovible del partido. “Vamos a seguir aplicando el criterio aprobado por unanimidad en la Ejecutiva, también con el voto de Toni Roldán. Ha sido avalado por las urnas”, justificó. Rivera lo tiene claro: tan claro que ayer trascendió que el líder de Cs declinó la semana pasada volver a reunirse con Pedro Sánchez para discutir sobre la investidura.

El debate en la ejecutiva fue maratoniano —duró cuatro horas— y bronco. Enfrentó a Garicano con la guardia pretoriana de Rivera en general y con Inés Arrimadas en particular: Arrimadas cerró filas con el líder de puertas adentro, y lo hizo después ante la prensa. El encontronazo subió de tono hasta el punto de que, según fuentes presentes en la reunión, Garicano le espetó que no le repitiera el argumentario del partido: “¡Esto no es un plató de televisión, Inés!”. La portavoz y el eurodiputado se enfrentaron también por la decisión sobre la investidura en el Ayuntamiento de Barcelona, en la que el partido decidió no apoyar a Ada Colau a pesar de que la otra posibilidad era hacer alcalde al independentista Ernest Maragall. “¡No insultes a mi inteligencia, había solo dos opciones!”, le espetó Garicano a la portavoz.

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