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Talante y habilidad para un Congreso polarizado

Meritxell Batet tendrá que echar mano de su flexibilidad ante unas Cortes fragmentadas y enfrentadas

La ministra Meritxell Batet, en La Moncloa, el pasado octubre.
La ministra Meritxell Batet, en La Moncloa, el pasado octubre. REUTERS

Meritxell Batet (Barcelona, 1973) ha sido ministra de un área que le iba como anillo al dedo: Política Territorial y Administraciones Públicas. Su militancia en el PSC solo se remonta a 2008 —los cuatro años anteriores fue diputada en el Congreso por ese partido como independiente—, pero su interés y su dedicación al estudio sobre la España autonómica vienen de mucho antes. El presidente Pedro Sánchez quiso que ocupara esa cartera para empezar una etapa de diálogo con todas las autonomías y singularmente con Cataluña. Ahora, ha decidido que ocupe la tercera magistratura del Estado, como presidenta del Congreso. Quienes la conocen destacan su talante y temple: falta le van a hacer en la legislatura que empieza el martes, con la política española en un estado de excitación permanente.

Sánchez ha querido a dos catalanes al frente del Congreso y del Senado: Meritxell Batet y Manuel Cruz, respectivamente. Y no por casualidad. Si a los independentistas los perfiles políticos de ambos se les antojan del todo alejados de sus postulados; para el PP y Cs, ella se ha separado del constitucionalismo. Ese reproche le duele y le indigna a partes iguales. Meticulosa, exigente y especialmente apta para coordinar equipos, se ha ganado un espacio en primera línea a pesar de no ser una pretoriana del presidente. Sí estuvo con él frente a quienes provocaron su caída. No dimitió de la ejecutiva federal como hizo una mayoría para propiciar el relevo del secretario general en 2016 y no obedeció a la gestora ni al comité federal del PSOE que votó a favor de facilitar la investidura de Mariano Rajoy. En esos momentos dramáticos estuvo con Sánchez, lo que conllevó la mayor crisis del PSOE con el PSC desde hacía décadas.

El peligro de ruptura campeó durante semanas: Batet tuvo un papel protagonista en el apaciguamiento. Eso sí, una vez que Pedro Sánchez decidió pelear por hacerse con el liderazgo del PSOE, ella no se alineó claramente con él, sino que se situó del lado de la candidatura de Patxi López. En 2015 ya había optado por Eduardo Madina. Aun así, esas posiciones nunca han perjudicado a esta profesora, que siempre estudió con beca y necesitó trabajar por horas en el sector hostelero durante toda su etapa de estudiante.

Batet, madre de dos niñas gemelas, separada del que fuera diputado del PP y secretario de Estado de Agenda Digital hasta el pasado junio, José María Lasalle, coordinó a los expertos que eligió Sánchez en 2015 para sacar adelante una propuesta de reforma constitucional. En las elecciones de 2015 quiso que fuera la número dos de la lista por Madrid, junto a él. El enrarecimiento de la vida política, ha obligado a Batet a hacer frente a dos bandas —PP y Cs, por un lado; los independentistas por el otro— y ha mostrado a una política que raramente claudica. Su apariencia de fragilidad es engañosa: aguanta embates sin dar muestras de abatimiento. En el último debate de TV3 para las elecciones del 28 de abril, durante muchos momentos, todos los candidatos fueron contra ella. Si se sintió acorralada, no traslució.

Su rival dialéctico en el Congreso ha sido a menudo Juan Carlos Girauta (Cs): en la última semana de pleno se encaró con él sin subir la voz. "Este Gobierno utiliza la ley y el diálogo; ustedes, primera fuerza en Cataluña, ¿cuándo van a asumir alguna responsabilidad?", inquirió. "Si van a echar una mano, bienvenidos; si no, apártense". Ese broche resume las características de Meritxell Batet: talante y temple.

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