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Abascal dice que rechazó reunirse con Putin “por prudencia”

"Nunca me he metido con el presidente ruso", subraya el líder de Vox

El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante su participación en un acto del partido, este jueves en Santander.
El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante su participación en un acto del partido, este jueves en Santander. EFE

Santiago Abascal rechazó reunirse con el presidente ruso, Vladimir Putin, “por prudencia”. Así lo asegura el líder de Vox en un libro-entrevista con el escritor Fernando Sánchez Dragó. Este último, que se confiesa seguidor de Putin, le cuenta que el embajador ruso en Madrid le preguntó por qué Vox tenía manía a su presidente, a lo que Abascal contesta: “Yo pensaba que la KGB estaba mejor informada. Nunca he dicho que le tenga manía a Putin”.

Sánchez Dragó insiste en que Abascal había hecho declaraciones criticando al presidente ruso. “De verdad que no”, contesta. “Nunca me he metido con él”. El líder de Vox agrega que lo único que ha hecho es "descartar por prudencia" reunirse con él, pero no explica a través de quién ni cuándo se le invitó a esta reunión.

Cuando Sánchez Dragó le asegura que lo que se cuenta en los medios de comunicación occidentales sobre Putin es mentira, Abascal responde: “Puede ser. Carezco de información. Pero vuelvo a preguntarme qué gana Vox acercándose a Putin”.

Putin ha apoyado política y financieramente a los partidos europeos de extrema derecha y ha recibido en el Kremlin a algunos de sus líderes más destacados, como la francesa Marine Le Pen. También se ha entrometido en la campaña electoral estadounidense en favor de Trump, aunque la investigación dirigida por el fiscal especial Robert Mueller no ha encontrado pruebas de complicidad por parte del actual inquilino de la Casa Blanca.

En muchos aspectos, Abascal es un alumno aventajado de Trump. Siguiendo los pasos del presidente de Estados Unidos, propone construir un muro en las fronteras de Ceuta y Melilla. "Y quizá debería pagarlo Marruecos, que es quien nos lanza oleadas de inmigrantes clandestinos para chantajear a la Unión Europea”, agrega.

Se trata de un brindis al sol, pues Ceuta y Melilla ya cuentan con una valla en su frontera terrestre con Marruecos y ni siquiera Trump ha conseguido que México le financie su muro, como él prometió en campaña. Lo que sí pretende hacer Abascal es expulsar a los inmigrantes irregulares y decirles a los que están en España que “jamás podrán regularizar su situación, ni tendrán derecho de arraigo, ni dispondrán de ayuda social, ni de una tarjeta sanitaria”. El líder del partido nacionalpopulista califica la llegada de inmigrantes irregulares de “invasión exterior e interior” y aboga por utilizar a la Legión para frenarla.

“Por supuesto que no soy racista. Ser racista es ser antiespañol”, asegura, en respuesta a Sánchez Dragó. El mestizaje racial, agrega, “en líneas generales me parece positivo, aunque también es verdad que ocasiona, a veces, problemas de convivencia e igualdad”. Lo que no tolera, en cambio, es la diversidad cultural. “Creo que la homogeneidad cultural y moral es beneficiosa para la sociedad. También la religiosa”.

Las ideas de Abascal sobre la libertad religiosa son, como poco, confusas: asegura que “en la política no juega ningún papel la religión” y que el hecho de que él sea católico “no significa que Vox sea un partido confesional”. Pero agrega que “la religión vertebra España” y que “el islam define el ser de España, pero en sentido contrario”.

El libro, editado por Planeta y titulado España vertebrada, parafraseando la obra de Ortega y Gasset, sale en vísperas de la campaña electoral con el objetivo de encumbrar al líder de Vox. Por momentos lo logra, pues Abascal aparece como un político prudente y moderado ante los comentarios abiertamente machistas (“típica lógica femenina”, dice de una mujer que no sabía calzar un coche) o antidemocráticos de su anfitrión.

Durante la conversación (que se desarrolló entre el 11 y el 13 de enero en casa del escritor) este intentó repetidamente que su invitado se pronunciara en contra del sistema democrático, lo que no consiguió, aunque tampoco hizo una defensa firme de sus principios y se limitó a calificar el sufragio universal de “inevitable”. “No se puede saltar al ruedo de la política cuestionando la democracia. No puedes pedir el voto a la gente diciendo que a lo mejor no están capacitados para votar”, argumenta.

Abascal no oculta sus hostilidades hacia la ONU, Merkel (“el mayor enemigo de la Europa de verdad”), los medios de comunicación o incluso el cine español. De los medios de comunicación dice que hay que “ir pensando en suprimir la publicidad institucional”, una medida que si bien “no garantiza que la prensa española funcione como es debido”, sí va “en la dirección correcta”. Respecto al cine, admite que le “molestan algunas [películas españolas] que son truculentas y siempre sacan lo peor” y asegura que el Estado solo debe subvencionar aquellas “que fomenten el patriotismo”.

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