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ANÁLISIS i

¿Por qué un veto al PSOE y no a Vox?

La decisión de Ciudadanos de anticipar un veto explícito a los socialistas a más de dos meses de las elecciones ha levantado una pregunta difícil para los de Albert Rivera

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el Congreso el pasado mes de diciembre. En vídeo, Ciudadanos anuncia que no pactará con el PSOE.

La decisión de Ciudadanos de anticipar un veto explícito al PSOE a más de dos meses del 28-A ha levantado una pregunta difícil para los de Albert Rivera: ¿Por qué al socialismo y no a Vox? Y es que un partido de extrema derecha fuerte plantea un dilema complejo para una formación que siempre se ha encontrado entre dos aguas: la del liberalismo centrado antipopulista y la aspiración de ser el partido más votado en un bloque (el de la derecha) dentro de la polarización. En tanto que Ciudadanos profundizó en la segunda estrategia, lo que antes era éxito ahora es duda.

No hace ni un año que Ciudadanos estaba en su mejor momento. Acababa de ganar unas elecciones autonómicas excepcionales en Cataluña, y el relato sobre la unidad de España quedaba en poder de Rivera y Arrimadas. Además, era capaz de negociar exitosamente unos Presupuestos desde fuera de Moncloa, adquiriendo así ciertos réditos sin desgastarse en negociaciones de coalición. Como resultado, uno de cada cuatro sufragios en las encuestas eran suyos.

Su estrategia de coordinación de voto de centro y derecha parecía funcionar. Por añadidura, seducía a ciertos jacobinos que demandaban un discurso firme en Cataluña. Pero la entrada de Sánchez en la presidencia y de Casado en Génova dejó a Ciudadanos fuera de juego: a partir de ese momento, su discurso comenzó a parecerse demasiado al del nuevo PP para muchos jóvenes conservadores. Los más centristas, por otra parte, se sintieron desplazados ante el creciente parecido entre azul y naranja por oposición al rojo del Gobierno, mientras la cuestión catalana copaba menos titulares.

La irrupción de Vox ha sellado el destino de la estrategia de Rivera. Ahora es más sencillo para el PSOE atar a Ciudadanos a la derecha en la mente de sus votantes potenciales. Sobre todo si tiene a su disposición manifestaciones y fotografías. Al mismo tiempo, cazar votos moderados se vuelve más costoso. El límite que anidaba en la estrategia hacia la derecha es hoy inesquivable para Ciudadanos: solo pueden absorber en esa mitad del electorado, y resulta mucho más difícil cuando hay tres en ello, todos ellos con su punto de tono generacional.

El resultado es la caída inexorable en los sondeos de los últimos nueve meses con la que llegan a una convocatoria electoral dibujada en los bloques ideológicos. En este panorama, Rivera y los suyos no pueden separarse definitivamente del mástil al que se han atado porque la mayoría de sus votantes están ahí con ellos. Pero no hacerlo les achica el horizonte. Sus últimas esperanzas son Sánchez y la bandera. Sin embargo, envolverse en la segunda para atacar al primero solo ahonda en la paradoja: le dan capacidad al presidente para aglutinar voto de su mitad del pastel, haciendo así más improbable el patriotismo ideológicamente transversal que defendían. Si, según el relato de Ciudadanos, fue Pedro Sánchez quien quebró aquel espacio al pactar la moción con los independentistas, los naranjas han marcado su ruptura definitiva con la estrategia de bloques.

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