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Errejonistas y anticapitalistas no harán campaña contra Iglesias y Montero por el chalé

Todas las corrientes de Podemos coinciden en la crisis que supondría un repentino vacío de poder a un año de las elecciones autonómicas y municipales

Iglesias y Montero, durante el anuncio de la consulta a las bases de Podemos. En vídeo, declaraciones de Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos. FOTO: GTRES / VÍDEO: ATLAS

Los sectores errejonista y anticapitalista de Podemos no harán campaña en contra de Pablo Iglesias e Irene Montero en la consulta en la que las bases de Podemos decidirán si el secretario general y la portavoz en el Congreso deben dimitir de sus cargos orgánicos e institucionales tras la polémica por la compra de un chalé de más de 600.000 euros para cuyo pago han firmado una hipoteca de 540.000 euros. La crisis que provocaría que perdieran el referéndum causaría un repentino vacío de poder a un año de las elecciones autonómicas y municipales.

La consulta de Iglesias y Montero a los inscritos de Podemos para que sean estos quienes decidan si han actuado en coherencia con los principios fundacionales del partido o si, por el contrario, ha contradicho el discurso de “la gente” frente a “la casta” ha abierto un escenario inédito en la política española. Un horizonte desconocido en el que Podemos corre el riesgo de enzarzarse en una crisis de efectos imprevisibles si los impulsores del refrendo pierden la votación. “Llevamos haciendo política desde que somos adolescentes. Siempre hemos dicho que estamos de paso y tenemos una limitación de mandato de ocho años por nuestro código ético”, observó Montero en la comparecencia que realizó con Iglesias el sábado en la sede del partido.

Apoyo de Colau y Mélenchon

El líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, salió en defensa de Pablo Iglesias e Irene Montero tras su decisión de consultar a las bases si deben seguir al frente de Podemos. “Insumisos españoles, manteneos firmes con vuestros líderes”, se pronunció.

“El aparato mediático español golpea a Iglesias y su compañera Montero. Se cuestiona el precio de la casa que han comprado con un crédito hipotecario. Son los mismos métodos podridos que ya utilizaron contra el alemán Oskar Lafontaine”, escribió en su cuenta de Twitter en alusión al dirigente histórico del SPD.

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, calificó como “un gesto honesto y valiente” la convocatoria del referéndum. No obstante, la referencia de los comunes cree que es “un poco excesivo y desmesurado”.

“Era innecesario. Para empezar, porque al final te cuestionas a ti mismo”, reflexiona un cuadro orgánico que piensa que Iglesias y Montero no tienen que dimitir mientras subraya que habría obrado de distinta forma. Los cargos consultados, sean críticos o vean con normalidad la adquisición de la propiedad, coinciden en que a nadie le interesa abrir de nuevo las pugnas internas cuando apenas falta un año para las elecciones de 2019. La casa tiene más de 250 metros cuadrados construidos en una parcela de 2.000 metros cuadrados con piscina y casa de invitados en Galapagar, a 40 kilómetros de Madrid,

Las cicatrices de Vistalegre II, en febrero de 2017 —donde Iglesias revalidó la secretaría general con el 89% de los votos y el control del 60% de la dirección frente a la candidatura de Íñigo Errejón—, todavía están muy recientes, como quedó patente en la reciente bronca entre este último y Ramón Espinar, secretario general de Madrid, por el dominio de la candidatura a la presidencia de la Comunidad en los comicios del año que viene. La mención de un congreso extraordinario de Vistalegre III en el que se dirimiese el reparto de poder entre las principales familias ante la vacante que dejaría Iglesias es anatema.

A falta de que el secretario de Organización, Pablo Echenique, detalle hoy las condiciones del plebiscito, como los requisitos y plazos para votar, diferentes cargos de Podemos muestran su preocupación por “el peligro de construir una organización en torno a figuras y no a debates y contenidos políticos”.

Como ejemplo de un modelo “demasiado vinculado a las personas” ponen precisamente que el futuro de Podemos esté ligado, al menos a corto plazo, al de Iglesias y Montero. La pregunta que se realizará a los inscritos no admite dudas: “¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la secretaría general y de la portavocía parlamentaria de Podemos?”. Solo habrá dos respuestas posibles: “Sí o no, deben dimitir de la secretaría general y de la portavocía y dejar el acta de diputados”.

Aunque ninguno de los cuadros consultados duda de que el secretario general y la portavoz parlamentaria vayan a ganar el referéndum entre las bases, un motivo de inquietud es el porcentaje de participación. Tras los años del bum inicial de Podemos, en el que hasta medio millón de ciudadanos se inscribieron animados por el atractivo de un partido creado en 2014 y diferenciado del resto por su mensaje contundente contra las élites y las facilidades para apuntarse —por ejemplo, no es necesario pagar una cuota—, la implicación de las bases ha decaído.

Del hito de Vistalegre II, cuando se batió el récord de participación de un partido con la votación de 155.275 inscritos (34,5% del censo), se pasó a una participación media del 25% de los inscritos activos (aquellos que han accedido al menos una vez en el último año al portal de participación de Podemos) en la docena de procesos que se celebraron el año pasado para renovar las direcciones regionales.

El pasado marzo, el 16,15% de los inscritos totales llamados al voto, que entonces eran 473.678, participaron en la consulta en la que se aprobó que la marca de Podemos figure en las elecciones de 2019 y confluya con IU y Equo. La participación mejoró hasta el 46,6% en el caso de los inscritos activos (164.020). Errejón fue elegido la semana pasada candidato para presidir Madrid con una participación de 20.489 personas, equivalente a más de la mitad del censo de los inscritos activos y a más del 20% de las bases de Podemos en la región.

Entretanto, las reacciones contrarias a la consulta continúan, aunque sean un goteo frente a la discreción generalizada en todos los niveles del partido. “Lo que acaban de hacer Iglesias y Montero es dinamitar Podemos como organización. Reducirla a un aparato de legitimación de los caprichos de sus líderes. Ya lo era. Pero ahora a la vista de todos”, criticó Isidro López, diputado en la Asamblea de Madrid, en redes sociales. “Comprarse un chaleto [sic] en Galapagar no es moralmente reprobable sino políticamente torpe”, sentenció.