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El lamento en el Senado de un huérfano de la violencia machista: “Me siento abandonado”

Hijos de mujeres asesinadas por sus parejas piden apoyo psicológico y económico a la Administración para hacer frente a una situación de desamparo

Josua Alonso, hijo de una víctima de violencia machista, en una intervención el pasado lunes en el Senado.

La vida de Josua Alonso ha dado un giro de 180 grados desde el día en que su madre fue asesinada a manos de su expareja. A sus 25 años tuvo que hacerse responsable de su hermano de 10 años. “Me siento abandonado”, confesó este lunes Alonso en el evento Huérfan@s de la violencia de género, organizado por el Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla y la Fundación Mujeres, en el que los hijos y familiares de las mujeres víctimas de violencia machista reclamaron a la administración apoyo psicológico y económico para poder hacer frente a su difícil situación. 

Alonso relató el sinfín de trámites burocráticos a los que se tuvo que enfrentar y el “laberinto de puertas” a las que tuvo llamar para solucionar cada uno de ellos: impuesto de sucesiones, declaración de herederos, un testamento sin hacer, cancelación de deudas, una tutela y la responsabilidad de una casa.

Desde la Fundación Mujeres se asegura que "no existen protocolos específicos para los familiares de las víctimas de violencia machista"

Al enredo de la burocracia se sumaron los gastos económicos que tuvo que encarar prácticamente solo. Alonso no recibió ninguna ayuda económica tras la explosión que destruyó la casa de su madre; fue gracias a la ayuda de vecinos y amigos por la que él y su hermano consiguieron reconstruir su vida y su casa. “Me han quitado a mi madre, pero no es solo una madre, era una compañera, era una mujer luchadora, inteligente, que quería y disfrutaba la vida”, añadió Alonso antes de leer un poema escrito por su progenitora.

En el último lustro 194 menores han perdido a sus madres por la violencia machista, incluidos los ocho niños que se han quedado huérfanos en lo que va de año, según el informe anual elaborado por los organizadores del evento. Según el estudio, el 70% de las víctimas tenía hijos. La directora de la Fundación Mujeres, Marisa Soleto, calificó de "muy difícil" la situación ya que, aseguró, "no existen protocolos específicos para los familiares de víctimas de violencia machista". Algunas de las medidas reivindicadas durante la jornada fueron el aumento de la pensión de orfandad —alrededor de 190 euros de media— y la prohibición del régimen de visitas al padre maltratador o no condicionar el acceso de los menores a tratamientos psicológicos.

La madre de Alonso, María José Mateo, Sesé, falleció el 20 de febrero del año pasado, a manos de su marido, Emilio Fernández Castro, del que estaba en trámite de separación. Este la asesinó provocando una explosión con dos bombonas de butano y gasolina en una casa de Redondela, en la Ría de Vigo.

Alonso no fue el único en narrar en este evento el abandono en el que se encuentra. Luz Marina Rodríguez, tía de dos menores huérfanos (de cinco y siete años) describió la lucha psicológica y económica a la que se adentró desde hace cinco años, cuando su hermana fue asesinada por su expareja. Aquel día comenzó el “calvario” de los trámites de la guardia y custodia de sus sobrinos: problemas judiciales, nombrar abogados, procuradores, y cuando acudió a Protección del Menor le dijeron que el padre tenía que aprobar la guardia y custodia de los menores.

A estos trámites se sumó el papeleo de la cancelación de los seguros y de la hipoteca de su hermana. “Empezó una lucha psicológica fatal, pero también una económica. Mi hermana tenía una casa y un coche que hay que seguir pagando hasta que se sufraguen todos los seguros, para lo que pueden pasar seis u ocho meses. Mientras, la familia tiene que pagarlo todo”, detalló.

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