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La letra del himno de España de Marta Sánchez y otros fracasos anteriores

Las versiones anteriores a la Marcha real han fracasado. Solo los tarareos de los estadios han tenido éxito

La cantante Marta Sánchez, durante la actuación.

Esta imagen, tan común en medio mundo, es impensable en España: Marta Sánchez, por ejemplo, cantando en mitad del campo el himno nacional en la final de la Copa del Rey de fútbol. Es impensable e irreal, porque, entre otras cosas, no hay tradición, porque la pitada del público del estadio arruinaría cualquier tonada (es ya casi tradición) y, sobre todo, porque el himno no tiene letra, a pesar de tantos intentos a lo largo de la historia -como el de la propia Marta Sánchez, el último, este sábado- para que la Marcha Real estuviera romanceada. La cantante ha declarado, ante el revuelo por su himno en modo balada: "Si mi letra acaba siendo la letra del himno, me voy a la tumba tranquila".

La Marcha Real, el himno oficial de España, realmente ni siquiera tuvo vocación de ser más que un marca pasos militar para los granaderos (infantería, todos altísimos) que se supone compuso Manuel Espinosa de los Monteros, sin letra pero con mucho pífano. La formalización de esta pieza como marcha de honor por parte de Carlos III, en 1770, hizo que la fuerza de la costumbre y la solemnidad de los actos en los que se interpretaba la acabaran por convertir en el himno nacional.

Los años de uso y una cierta modernidad (la revolucionaria Marsellesa del vecino del norte era especialmente eufónica) hicieron que se sintiera la necesidad de que el himno nacional de España tuviera letra. La historia ha demostrado que, hasta hoy, todos los intentos han fracasado, salvo los espontáneos cuajados en los acontecimientos deportivos ("lolo, lolo", "nana, nana" o "chunda, chunda" y similares).

El primer intento serio fue el del escritor de origen argentino Ventura de la Vega, en 1843, pero sus versos (venid españoles/al grito acudid/Dios salve a la reina/dios salve al país) no se utilizaron jamás. Años más tarde, en 1870, el general Juan Prim decidió que había llegado el momento de que España tuviera una tonada nacional identificativa y propia, no una marcha adoptada para ejercer de tal. No lo logró: se presentaron cinco obras, pero el concurso quedó desierto. Por ello, la Marcha Real o de los Granaderos, sin letra, siguió como himno. Prim fue asesinado ese mismo año en la calle del Turco (un crimen que tiene canción y letra).

El inicio del siglo XX fue capital para el himno. Primero por la adaptación de la partitura que hizo en 1908 el murciano Bartolomé Pérez de las Casas por encargo de Alfonso XIII, unos arreglos que han perdurado casi hasta hoy. Como seguía sin tener letra, al año siguiente el barcelonés Eduardo Marquina recibió el encargo de ponerle versos y rimas. 

Pero por más que se cantó (Gloria, gloria, corona de la patria/soberana luz/ que es oro en tu pendón/ vida vida/ futuro de la patria/ que en tus ojos es/abierto corazón...), la letra de Marquina no cuajó, y el himno volvió a quedarse compuesto y sin letra. Nada que arredrase al dictador Miguel Primo de Rivera, que hizo un nuevo encargo, en 1928, al gaditano José María Pemán, un poeta que ha arrastrado durante años la falsa fama de ser el compositor de la letra franquista del himno (Francisco Franco dirigía entonces la Academia General Militar).

La de Pemán no solo no cuajó, sino que nunca fue la letra oficial (¡Viva España!/alzad la frente/hijos del pueblo español/que vuelve a resurgir...) y, además, tuvo una vida efímera: con la llegada de la Segunda República, el Himno de Riego (con letra) se convirtió en la canción nacional (como en el Trienio Liberal y en la Primera República), pero, curiosamente, nunca fue el himno oficial. De hecho, ni siquiera había una letra única (había versiones por facciones y territorios).

El triunfo de la sangrienta insurrección de Franco acabó con el breve reinado de Riego, que se convirtió en un himno revolucionario: retornó la Marcha Real y, con ella, la manía de querer ponerle letra. Lo intentó el régimen en 1942 y en 1950, pero con tan poco éxito que las pocas veces que se cantaba se hacía con la letra de Pemán (la palabra "frentes" se cambió por "brazos", debido al uso del saludo romano fascista por parte del franquismo y el falangismo), de ahí su mala fama posterior.

El último intento serio fue el que hizo en 2007 el Comité Olímpico Español (COE). Este organismo organizó un concurso público para poner letra al himno, que recibió 7.000 propuestas. La ganadora fue la letra pacífica del manchego Paulino Cubero (¡Viva España!/cantemos todos juntos/con distinta voz/ y un solo corazón), pero el COE, a pocos días del estreno del nuevo himno (Plácido Domingo ya había comenzado los ensayos), decidió retirar la propuesta por falta de consenso.

Y, desde entonces, ha habido intentos (la letra de Joaquín Sabina para Ciudadanos en 2012, tan poco conocida pero de distinta calidad a la de Leonardo Dantés, de 2007) hasta llegar al concierto en el Teatro de la Zarzuela de Marta Sánchez (la misma que ya cantó Soldados del amor a las tropas españolas en el primera guerra del Golfo), que ha hecho las delicias de Mariano Rajoy o Albert Rivera (Vuelvo a casa/a mi amada tierra/la que vio nacer mi corazón aquí...). De momento, ha tenido un enorme eco, especialmente en las redes sociales (sobre todo por la sorpresa), y nada más. La letra oficiosa sigue siendo la variable de los estadios, así como otras de carácter satírico, generalmente con referencias al dictador Franco y su anatomía.

Marta Sánchez ha declarado sentirse "abrumada e incrédula" por la respuesta a su versión del himno. "Nunca imaginé que iba a se noticia de una manera tan desbordante, no soy tan osada, pero si mi letra acaba siendo la del himno, me voy a la tumba tranquila", informa Europa Press. La cantante ha explicado que la idea surgió cuando estaba en Estados Unidos, "hace año y pico". "Se  me ocurrió mucho antes de que explotara nada en España, y eso me salva (...) Fue un flash que tuve en la cama. Pensé que el himno nunca se había hecho en plan balada".

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