Gemelos y rivales políticos

Los hermanos Adrián y Nabor González Fariñas son dirigentes de las juventudes del PP y del PSOE en Galicia

Nabor González Fariñas, dirigente de las Xuventudes Socialistas de Galicia, y su hermano Adrián, líder de Nuevas Generaciones de Ourense.
Nabor González Fariñas, dirigente de las Xuventudes Socialistas de Galicia, y su hermano Adrián, líder de Nuevas Generaciones de Ourense.OSCAR CORRAL
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Political rivals with a twist – they’re twins

Nabor González Fariñas es el hermano mayor y gemelo de Adrián. Tienen 20 años y aunque son físicamente casi idénticos, solo comparten una tendencia innata a competir por las matrículas de honor, la afición por la música (el primero toca la guitarra y el segundo la gaita), son bastante negados para el deporte, sobre todo para el futbol, y poco más. Muchas otras facetas les separan, como la política a la que dedican prácticamente todo su tiempo libre; un terreno en el que ambos son rivales pero en el que ejercen su liderazgo aunque desde distinto pódium. Mientras Adrián es desde julio el secretario de Nuevas Generaciones del PP en Ourense, Nabor fue proclamado, hace dos meses, líder de las Xuventudes Socialistas de Galicia.

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Ambos comparten piso universitario en Santiago, donde Nabor estudia en la facultad de Ciencias Políticas y Adrián en la de Económicas. Hace dos años sorprendieron a sus padres —a los que definen como liberales y sin prejuicios a la hora de votar— cuando les afloró la vena política. “No les preocupa que seamos adversarios, sino que abandonemos los estudios por dedicarnos a esto”, comenta Nabor.

El gemelo socialista, que se proclama “el más responsable de los dos, claramente”, dice que aunque ahora le apasiona su cargo político, pretende acabar en una consultoría. “Ahora mismo mi cometido es estar centrado en las dos campañas electorales que se avecinan, las municipales del próximo año y luego las autonómicas, para cambiar el panorama político porque para la juventud, por ejemplo, la migración sigue siendo algo insoportable”, afirma. Adrián no está de acuerdo, claro. Admira a su hermano por su capacidad de trabajo, “pero yo soy más organizado y más meticuloso, sobre todo en casa. La política es el tema de discordia entre nosotros pero ya estamos acostumbrados. Yo le digo a Nabor que es muy duro llevar tanto tiempo sin gobernar, por eso se le nota cierto resentimiento cuando defiende sus posiciones. Lo difícil es gestionar y mantenerse en el cargo con una crisis como la que hemos pasado y yo creo en las posibilidades de revalidar el Gobierno del PP en Galicia”, apunta.

A pesar de sus antagónicas posturas, el caso singular de estos gemelos nada tiene que ver con el de José Manuel y Luis Cendán, que gobernaron juntos por el PP ocho años en el municipio gallego de Ares y acabaron como el rosario de la aurora, disputándose la alcaldía en una fratricida campaña electoral en las municipales de mayo de 2007. La disputa en las urnas enterró la magnífica relación que había entre ambos cuando José Manuel era el alcalde con mayoría absoluta y su hermano el brazo ejecutor del Gobierno local como titular de las concejalías con mayor peso político, aunque luego acabara en otro partido. Pero en el caso de Nabor y Adrián la política va a tener un corto recorrido, ya que para ellos es una afición. “No cambiaremos de ideología porque cada vez nuestras convicciones son más firmes y por ello más enfrentadas, pero concibo la vida en otras batallas que no son las políticas”, asegura el dirigente de las Xuventudes Socialistas.

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“No comparto la política como una profesión, sino como una dedicación con fecha de caducidad. El político de profesión está en crisis porque hay una gran desafección por parte de la sociedad que ha soportado dificultades económicas frente a una corrupción que ha desprestigiado a la clase política, por eso necesitamos cambios y proyectos nuevos”, apostilla Adrián. Ninguno de los dos se ha planteado las ventajas de ser idénticos. Se ríen pensando en lo bien que le vendría a Carles Puigdemont tener un hermano gemelo. Pero ninguno se prestaría a suplantar al otro en un trance así. “Sería esperpéntico y surrealista”, dice Adrián. “A mí no me gustaría ser cómplice de un prófugo de la justicia”, remata Nabor.

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