Historias de Cataluña

Hechos y relatos

Esta fue toda la estrategia del procés: polarizar para excluir al adversario político

Un documento en formato Powerpoint, titulado #EnfoCATs, comienza recordando que “el 27S hicimos unas elecciones plebiscitarias, lo que buscábamos era una mayoría de votos”. Los autores reconocen que no se produjo el escenario deseado, que no se ganó el plebiscito a ojos de la comunidad internacional. Este es el hecho: el 27 de septiembre de 2015 no se ganó el plebiscito, pero, pasando pantalla, el fracaso se transforma en éxito; todo depende de cómo se cuente. Y esta “Propuesta estratégica” aconseja “hacer énfasis en el resultado exitoso” de aquellas elecciones plebiscitarias. Por arte de birlibirloque, el fracaso que es el hecho se convierte en el resultado exitoso que es el relato.

O mejor, relatos, tantos como públicos a los que se dirigen, clasificados en siete categorías: arriba, los convencidos, divididos en “hiperventilados”, históricos y recientes pero débiles; abajo, los indecisos, los actualmente impermeables y los convencidos del no; y en el centro, los “regeneracionistas fraternos”. A cada público hay que contar un cuento o relato, a unos que la transición será serena, a otros que el nuevo Estado será muy beneficioso, y así. Todo para confirmar a unos en la fe; para seducir a los que se sitúan en tierras movedizas; y, a los réprobos, para desenmascararlos y “desincentivar la participación”.

El objetivo final consistía en provocar la polarización de los diferentes públicos con el evidente propósito de excluir a quienes persistieran en el no. Tiene su lógica: la secesión se presenta como un horizonte de cambio no ya de Estado sino de vida, ese viaje a Ítaca que Artur Mas evocó en ocasión memorable para el catalanismo político. Los viajeros pueden emprender el viaje desde distintos puntos de partida: PDeCAT, Esquerra, CUP y, si se dejan seducir, En Comú: a cada cual, pues, su relato. Pero los impermeables a todos los cuentos, no hay relato que valga, o cuento que traguen, para convertirlos en parte de la comunidad viajera: que se queden, pues, en casa, atomizados; que ni se les ocurra aparecer por el Parlament. Esta fue toda la estrategia del procés: polarizar para excluir al adversario político de la nueva totalidad en trance de construcción.

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