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Un Toro de la Vega en calma

Este es el segundo año en el que el animal no es lanceado hasta la muerte

Festejo del Toro de la Vega este martes en Tordesillas.

El encierro del toro Príncipe este martes en Tordesillas (Valladolid) será recordado por su tranquilidad. Al contrario que en las últimas ediciones, no ha habido enfrentamientos entre antitaurinos y vecinos de la localidad. Los animalistas no han acudido a la fiesta, en la que por segundo año no se ha permitido matar al astado. 

Eran las once en punto cuando con un cohete y al grito de "¡Viva el Toro de la Vega! se anunciaba la suelta del morlaco de 630 kg, en la calle de San Antolín. Miles de personas le esperaban en el inicio del campo de la Vega, en el que se adentró después de cruzar el puente que atraviesa el río Duero. Allí ha permanecido durante 40 minutos, hasta que de nuevo un cohete ha puesto fin al encierro.

Para algunos como Antonio Cantalapiedra, de 77 años, la decisión del gobierno autonómico de prohibir el sacrificio del animal, hace que la fiesta tenga un toque descafeinado. "Es como una paella sin arroz", afirma el anciano. El decreto, aprobado en mayo de 2016 por la Junta de Castilla y León -en manos el Partido Popular- prohíbe que el toro sea lanceado hasta la muerte.

Tampoco la atención que genera es la misma. "Ahora viene menos gente", aseguran varios vecinos de la localidad de casi 9.000 habitantes, que en ediciones anteriores recibía a más de 30.000 personas.

A pesar de la calma con la que se ha desarrollado la jornada, aún son visibles algunos resquicios de la tensión entre partidarios y detractores de la fiesta. Los comentarios en contra de los animalistas eran una constante en los corrillos de vecinos y a lo largo del recorrido ondeaban las banderas con mensajes de apoyo al festejo.

Final incierto

Pero los defensores del encierro no tiran la toalla. Media hora antes del comienzo, bajo el lema “Tordesillas no se rinde”, alrededor de 60 personas se han manifestado para pedir la anulación de la ley. A la marcha, le ha seguido la lectura de un texto en defensa del “juego del hombre y el toro” y “la tradición”. Unas palabras que han sido aplaudidas por el resto de vecinos y que no han encontrado oposición alguna debido a la notable ausencia de los antitaurinos.

“Ahora es un encierro más”, asegura Laura Duarte, portavoz del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA), que justifica así la falta de presencia de activistas este año. Sin embargo, puntualiza: “Se celebran miles de festejos taurinos que creemos que se deben prohibir. Nuestra lucha no termina aquí”.

La norma aprobada por la Junta impide que el toro sea lanceado y sacrificado en público, pero no después del torneo. Desde que entró en vigor el decreto, las versiones sobre el final de los astados eran dispares. Entre los vecinos, hay quienes aseguraban que al animal se le mataba nada más acabar la suelta. Otro, sin embargo afirmaban que la res era utilizada después en otros festejos de la zona.

Este martes, según PACMA, un dardo sedante ha puesto fin a la huída de Príncipe. Su vida, de acuerdo con el reglamento actual, acabará como máximo en los próximos días.

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