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Homenaje a Bastenier, un periodista “pata negra”

La APM celebra la trayectoria profesional y docente del cronista de EL PAÍS

De izquierda a derecha: Sami Nair, Antonio Caño, Pepa Roma, Joaquín Estefanía y Victoria Prego en el homenaje a Miguel Angel Bastenier.

La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha acogido este jueves un emotivo homenaje a Miguel Ángel Bastenier (1940-2017) definido como un “periodista pata negra” o un “maestro universal” en un acto en el que han intervenido, entre otros, Pepa Roma, su mujer; Antonio Caño, director de EL PAÍS; Joaquín Estefanía, uno de sus predecesores en el cargo; Sami Nair, intelectual francés; Victoria Prego, presidenta de la asociación; y la periodista María Teresa Ronderos.

“Acabó siendo un maestro universal”, ha recordado Caño, que también ha evocado la figura de Joaquín Prieto, referente del periodismo fallecido en la misma semana de abril que Bastenier. “Tenía un carácter particular, entrañable y se hacía querer por su autenticidad”, ha añadido, subrayando las complicidades que fue capaz de tejer Bastenier con compañeros y alumnos, y el cariño que concitó. Y ha subrayado: “Echaremos de menos su magisterio, especialmente en estos tiempos. El periodismo que Miguel Ángel me enseñó, y el que enseñó a quien le escuchó, era serio, riguroso y preciso. Un periodismo que poco a poco se está perdiendo”.

"Es la persona más original e interesante que he conocido”, le ha retratado Roma. "Con los alumnos, primero podía ser brusco, pero le interesaba lo que tenían que decir, y rectificaba, porque reflexionaba e incorporaba cosas", ha añadido sobre la adaptación del periodista a las redes sociales, donde se convirtió en el periodista de EL PAÍS con más seguidores, superando los 150.000.

No ha sido el primer homenaje a Bastenier, ni seguramente será el último. Antes le despidió la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS, que bautizó su aula principal con su nombre, el mejor recuerdo para quien fuera maestro de miles de alumnos durante más de 30 años. Decenas de compañeros de profesión se reunieron también en Barcelona para recordar las anécdotas de una vida atravesada de norte a sur por el periodismo, las noticias y los periódicos. Y hasta Colombia, país que le concedió la nacionalidad, llegó la evocación de “los trinos del maestro”, como dieron en definir sus tuits afilados con consejos para periodistas. El mismo presidente del país americano, Juan Manuel Santos, le dijo adiós describiéndole como un “referente de ética periodística, amigo de la paz”.

No hay mejor resumen de la huella indeleble que deja el periodista: vital, profesional y en dos continentes. Tantos homenajes también se explican por la cantidad de "primos" y "sobrinos" que fue adoptando Bastenier, un "gruñón" entrañable que apuró hasta los 76 años una vida marcada por sus amistades, su empatía y su capacidad para adoptar a compañeros y alumnos como si fueran de su familia.

"El oficio era para él la propia vida. Murió con las botas puestas: entregó la última columna el día anterior a morirse, y como el Cid publicó después de muerto", ha recordado Estefanía, que en su etapa como director de EL PAÍS estableció una relación de "complicidad" con el subdirector Bastenier. "No concebía ser inactivo. No creía que se pudiese sentir uno periodista y dejar de serlo por llegar a una edad".

"Entre la RAE y Bastenier, me quedo con Bastenier", ha continuado Bernardo Marín, subdirector del diario, recordando cómo el periodista sigue siendo el referente con el que se resuelven muchos de los debates que se suscitan en la redacción.

"Periodista de primerísima fila, pata negra, ha dejado amigos, discípulos y obra, cosa que hacen pocos, y en el mundo del periodismo menos", le ha definido Prego.

Frase a frase, decenas de compañeros y discípulos han intentado llenar "un vacío imposible de llenar", en definición de Belén Cebrián, directora de la Escuela de periodismo UAM-ELPAÍS. El que ha dejado Bastenier. 

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