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Pedro Sánchez, redención a los 232 días

El ex secretario general recupera el mando del PSOE que dejó en octubre tras convencer a la militancia con su mensaje contrario a la abstención ante Rajoy

Primarias PSOE
Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez logró ayer la redención en unas primarias a las que estuvo a punto de no presentarse. El impacto, personal y orgánico, que le causó la presentación de la candidatura de Patxi López el 15 de enero le llevó al límite. Flaqueó de fuerzas, dudó y mucho, pero al final, tras una noche en vela recibiendo llamadas y mensajes de aliento de un puñado de diputados y cuadros incondicionales, se lanzó a por un reto en apariencia imposible: la reelección como secretario general del PSOE. Por las mismas bases que le prefirieron a él en 2014 cuando entonces era el candidato del aparato y Eduardo Madina el outsider. Cuando contaba con el padrinazgo de Susana Díaz, su enemiga íntima en estas primarias.

El candidato rock star de la omnipresente chupa de cuero marrón y el puño en alto cantando La Internacional al final de cada mitin se ha impuesto con un relato sustentado en el bronco comité federal del 1 de octubre y la abstención a la investidura de Mariano Rajoy. Dos hitos en la historia del PSOE que le han impulsado hasta donde muy pocos creían y pese a registrar el 20-D y el 26-J los peores registros del socialismo en las elecciones generales.

El autonombrado abanderado de la militancia en contraste al respaldo de los jerarcas del socialismo a Díaz ha aprovechado el malestar entre la militancia rasa por las decisiones tomadas hace ocho meses por el principal órgano de decisión del partido. Los 68 fieles con responsabilidad institucional que el 27 de diciembre casi rogaron a Sánchez que se presentase tras una reunión en un business center de la madrileña calle de Serrano son ahora legión y se organizan en plataformas en una suerte de estructura paralela a Ferraz.

232 días después de su dimisión al frente del PSOE y tras irse al paro hace 204 al renunciar "por coherencia y credibilidad" a su acta de diputado, Sánchez ha confiado su regreso a un discurso en el que ha pasado de representar las posiciones más liberales en su partido a creer que el PSOE no puede tener una actitud beligerante con Podemos. Pese al recelo que le genera Pablo Iglesias, al que reprocha no ser el actual presidente del Gobierno. Las contradicciones en su mensaje alimentan las interpretaciones enfrentadas y donde sus críticos hablan de bandazos, él habla de evolución. Del "no es no" al "sí es sí". Del aprendizaje de los errores cometidos. Si en algo coinciden afines y detractores es que fueron muchos. Como su capacidad para levantarse. Y reinventarse. "Díaz ha cometido el mismo error que Madina: subestimarle", resume quien fuera uno de los integrantes de la candidatura del diputado vasco.

El punto de inflexión se produjo el 4 de mayo. Para bien o para mal, Sánchez era consciente de la trascendencia que tendrían los avales. De si en verdad tenía posibilidades. La diferencia de 6.539 apoyos con que le aventajó Díaz sorprendió a la candidatura de la líder de los socialistas andaluces, hasta ese momento la incontestable favorita. Pero el camino recorrido por Sánchez no habría sido posible sin su reaparición en Xirivella (Valencia) a finales de noviembre. "Allí empezó todo", asiente. Allí llegó en AVE en clase turista con la única compañía de Juan Manuel Serrano, su jefe de gabinete; Maritcha Ruiz, dircom del PSOE durante su mandato, e Ibán García, miembro de su ejecutiva.

El siguiente chute anímico fue en diciembre en El Entrego (Asturias), en la comunidad que gobierna Javier Fernández, presidente de la gestora. Y fue el 28 de enero en Dos Hermanas (Sevilla), en un claro desafío a la presidenta de Andalucía, donde oficializó su candidatura tras una reflexión que le llevó semanas.

Desde entonces Sánchez no ha parado, complementado por los dos centenares de actos de los diputados del no. El aspirante ha protagonizado casi 60 actos con militantes (7 en febrero, incluida la presentación de la primera versión de su programa; 10 en marzo; 20 en abril; y 20 en mayo). "¡Pedro no está muerto!", gritó un espontáneo en su cierre de campaña en Madrid. Las primarias le han acabado dando la razón.

En este tiempo, Sánchez ha tenido apelativos como Pedro el Guapo, Pedro el Breve y en los últimos tiempos Pedro el Rojo, por su deslizamiento a las posiciones más de izquierdas del PSOE. En las filas socialistas circula ahora si en el futuro será Pedro el Cruel o Pedro el Grande.

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