Competir para presionar al Gobierno

Las fuerzas alternativas al PP tienen la oportunidad de redoblar el control y la fiscalización

Alberto Garzón y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo.
Alberto Garzón y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo. Claudio Alvarez

La legislatura que comenzó oficialmente la semana pasada puede inaugurar también una nueva forma de hacer oposición. Las principales fuerzas alternativas al PP, que gobierna con solo 137 escaños, ya han empezado a competir para liderar ese espacio, más fragmentado que nunca. Mientras, La Moncloa ha dado el primer paso para intentar limitar la actividad legislativa del Congreso a través del Tribunal Constitucional. A pesar de ello, los expertos coinciden en que hay cauces para redoblar el control y forzar al Gobierno a que se retrate.

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“Hay una serie de mecanismos que permiten a los partidos no depender exclusivamente de la voluntad de la mayoría”, explica Manuel Fernández-Fontecha, letrado de las Cortes. Este jurista, que empezó a trabajar en la Cámara baja en 1977, pone el acento sobre todo en las comisiones de investigación, en las comparecencias y en la petición de información. “Desde el punto de vista histórico”, apunta, “me recuerda a la legislatura constituyente, en la que había un compromiso muy claro de cumplir con las normas. Entonces las comparecencias se acordaban prácticamente por sentido común”. Esa cultura puede reeditarse ahora, aunque los límites dependen en buena medida de la voluntad del Gobierno. “Es una oportunidad para que se recupere ese lado”, señala.

Esa oportunidad entraña también algún riesgo: el más evidente es el del bloqueo. “Es importante que el Gobierno no sea arrogante, pero también la oposición tiene que actuar con mesura”, defiende Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco. “Desde la oposición no se puede gobernar, se pueden tomar decisiones formales y tratar de que el Gobierno negocie”, prosigue. De la inteligencia política del PSOE, Podemos y Ciudadanos depende, en su opinión, la eficacia de la labor de fiscalización. “Tienen que saber gestionar eso”, avisa, para que la sociedad no perciba que “la oposición lo único que quiere es hacer obstruccionismo”.

El politólogo Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III, considera que para que el trabajo de oposición sea eficaz, el PSOE y Podemos deben aparcar sus disputas. Con respecto a la función electiva del Parlamento en órganos como RTVE o el Poder Judicial, Simón da por hecho que el PP deberá cambiar de actitud, puesto que “va a tener que ponerse de acuerdo con más partidos o bien, en su defecto, bloquear los nombramientos, pero no va a poder designar a quién quiera”. Calcula, además, que se multiplicarán los intentos de “coaliciones negativas”, es decir, alianzas para tratar de bloquear medidas del Gobierno como ocurrió con la LOMCE. El principal límite de la oposición consiste en que no tiene capacidad de legislar en materias que requieran incremento del gasto.

Con todo, el Parlamento puede resultar decisivo en otros ámbitos como la regeneración. “Los Gobiernos en minoría con Parlamentos divididos representan una importante oportunidad para la existencia de cambios políticos y mejoras institucionales. Un ejemplo de ello es el Gobierno en minoría de Adolfo Suárez al inicio de la Transición, que consiguió grandes cambios políticos e institucionales acordados con el PSOE, el Partido Comunista y los nacionalistas”, razona Elena Costas, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona. En este contexto, considera que la actual configuración del Parlamento “sí puede implicar un avance en la lucha anticorrupción o como mínimo alentar un cambio de cultura institucional”. “Existen estudios comparativos [por ejemplo Andrews y Montinola, 2004] que asocian el aumento de los jugadores con capacidad de veto con menor corrupción”, señala. Esos jugadores serían el PSOE, Podemos y Ciudadanos, que buscará fiscalizar al Ejecutivo a partir del pacto de investidura suscrito con Mariano Rajoy. El diputado socialista Eduardo Madina destaca, en cualquier caso, que “no hay posibilidad de gestación de mayorías que no pasen por el PSOE”. “Todo pasa por el PSOE. Si queremos líneas de pactos en ámbitos sociales, tenemos una mayoría que podemos conseguir con los partidos nacionalistas y Podemos. En regeneración podemos hacerlo con Podemos y Ciudadanos”, razona.

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Los socialistas y Podemos ya han mantenido un pulso a raíz de la elección del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz como presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso. Finalmente, el PSOE y Podemos vetaron su nombramiento en cualquier órgano de la Cámara y el PP lo tuvo que colocar al frente de la única comisión que, según el Reglamento, no requiere votación, la de Peticiones.

Tensiones positivas

Este episodio demuestra que la oposición sí tiene recursos para presionar al Ejecutivo. Así, el papel de las fuerzas alternativas al PP podría ser, en definitiva, relevante para tratar de “infligir derrotas políticas” al Gobierno. Esta es la reflexión del número dos de Podemos, Íñigo Errejón, quien mantiene un pulso con Pablo Iglesias por la actividad del partido en el Parlamento, mientras que el líder de la formación ve más útil centrarlo en la sociedad civil.

Errejón cree que "el PP y el PSOE van a intentar un juego de oposición controlada, por el cual el PP premia al PSOE, por ejemplo en los repartos en las preguntas al Gobierno o en un acceso prioritario a las iniciativas que va a llevar el Gobierno". Así, el PP “intentara reconocer al PSOE como principal interlocutor de la oposición: una suerte de chollo por el que el PP intentaría restaurar el sistema bipartidista”. Pero al margen de estas disputas políticas, para muchos analistas las tensiones que previsiblemente atravesará el Parlamento pueden ser positivas. “Es en estas situaciones, y no en sistemas controlados por un solo partido que hacen políticas más ideológicas, cuando se hacen posibles acuerdos imposibles con Gobiernos de mayoría absoluta o con una minoría muy reforzada. Por esa razón hoy hay que dar una opción al posibilismo en España”, opina Costas.

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Sobre la firma

Francesco Manetto

Estudió Filosofía y Letras y en 2006 empezó a trabajar en EL PAÍS tras cursar el Máster de Periodismo del diario. En Madrid se ha ocupado principalmente de información política y, como corresponsal en la Región Andina, se ha centrado en el posconflicto colombiano y en la crisis venezolana. Actualmente trabaja en la redacción de Ciudad de México

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