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El idilio de Kuwait con Marbella

Los petrodólares de los kuwaitíes fueron los primeros en recalar en la Costa del Sol

El kuwaití Salem Al Marzouk, en su casa de Marbella.
El kuwaití Salem Al Marzouk, en su casa de Marbella.

La imagen de Marbella en verano está asociada sin remedio al derroche de los saudíes desde que el fallecido rey Fahd decidió construir, a mediados de los ochenta, un complejo con cinco palacios y varias mansiones en plena Milla de Oro. En 1979, entonces como príncipe heredero, se había quedado encantado con el trato recibido en el mítico hotel Incosol y no dudó en elegir la Costa del Sol, en lugar del sur de Francia, para su descanso estival. Pero antes de que el monarca apareciera con sus escandalosos séquitos, sus vecinos de Kuwait ya habían descubierto el litoral malagueño y empezaban a invertir en viviendas sus valiosos petrodólares, que ahora proceden de todo el Golfo Pérsico. Ese idilio de los kuwaitíes con Marbella dura cuatro décadas.

En este trozo de costa tienen casa empresarios y miembros de la familia regente de Kuwait. Las propiedades se extienden a municipios como Fuengirola, Mijas y Sotogrande, en la provincia de Cádiz. Los pioneros llegaron a mediados de la década de los setenta y se decantaron por Marbella por el buen tiempo, el entorno natural (entonces prácticamente virgen) y un ambiente tranquilo alejado del bullicio de capitales europeas como París y Londres. Gracias al aeropuerto internacional de Málaga, tienen facilidad para desplazarse durante sus vacaciones por Europa. “Se sienten muy cómodos, son muy hospitalarios. Les gusta mucho estar en familia y son discretos, huyen de la ostentación”, explica una persona relacionada con esta comunidad.

Es el caso de Salem Al Marzouk, un kuwaití de 75 años con un influyente apellido que cada verano reúne a sus cinco hijos y 18 nietos en la residencia que tiene desde 1978 en la exclusiva urbanización La Quinta. Tres de sus hijas también tienen vivienda en esta lujosa zona de Marbella, ciudad que el patriarca vio por primera vez en 1969, cuando estaba de luna de miel por Andalucía con su esposa, Latifah. "Aquí vengo a disfrutar”, explica durante una tarde de agosto, en su impresionante jardín con vistas.

A Al Marzouk, empresario e ingeniero de Caminos formado en Estados Unidos, le gusta pasear por Puerto Banús (es la distracción favorita de todos los árabes) y relajarse en el conocido chiringuito Víctor’s Beach. Aprovecha sus estancias en la Costa del Sol para viajar por España y cuidar dos de sus grandes aficiones, la gastronomía y el vino, con visitas puntuales a las zonas vinícolas del norte del país para abastecer su bodega. Buena parte del tiempo lo pasa en casa, un hogar acogedor y refinado, aunque alejado de la pompa que acompaña a otros ciudadanos del Golfo Pérsico, especialmente a los saudíes, con gustos tan extravagantes como pedir reformas en las habitaciones de hotel que ocupan. “Los kuwaitíes no tienen necesidad de mostrar el dinero que tienen”, subrayan las fuentes consultadas.

Un buen verano de visitantes árabes

El rey Salman Bin Abdelaziz de Arabia Saudí tiene un palacio en Marbella, Al-Riyah, en el complejo que su hermano Fahd levantó en la Milla de Oro. El monarca no pisa la Costa del Sol desde el verano de 2011, cuando aún no había subido al trono (es rey desde enero de 2015), y su destino esta temporada estival ha sido Tánger, donde se ha casado uno de sus hijos. Sí están de vacaciones en la localidad malagueña algunos príncipes y princesas de la casa real, con sus respectivos séquitos de compradores voraces. La presencia de árabes del Golfo Pérsico es significativa, tanto de saudíes, como de ciudadanos de Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes.

Se desconoce el dato exacto, pero se estima que alrededor del 7% de los turistas de Marbella en temporada alta proceden de esta región. La cifra no es muy alta, pero la capacidad de gasto de estos visitantes es muy elevada. Sus gustos son de sobra conocidos: joyas, ropa de marca, buenos vinos y restaurantes caros. Los árabes suelen llegar a Marbella pasado el Ramadán, que este año terminó a principios de julio, y previsiblemente en esta ocasión se quedarán hasta finales de septiembre. 

El vínculo más profundo entre el emirato y la Costa del Sol se produjo cuando Irak invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990. A muchas fortunas del país, la acción militar de Sadam Husein les pilló de veraneo en Marbella, donde permanecieron varios meses, hasta la liberación en febrero de 1991. Los efectos de la Guerra del Golfo obligaron a una parte de los kuwaitíes a desprenderse de sus propiedades, pero la relación con el sur de España se retomó inmediatamente. Es la colonia árabe con más residencias en el municipio y en los últimos años ha habido un repunte, según confirma el Ayuntamiento.

Abrar Faisal Al Masoud veranea en la ciudad desde pequeña y habla de “momentos maravillosos” junto a su familia. Este año, por primera vez, ha organizado el Festival Kuwait Spain in Marbella, que durante tres días ha llenado la Plaza Antonio Banderas de Puerto Banús de música, artesanía, arte y gastronomía del emirato. El objetivo ha sido profundizar en la cultura de su país, acercarla al público y fomentar la relación con España.

Marbella es un destino internacional de lujo convertido por la comunidad kuwaití en su segunda casa. Salem Al Marzouk mantiene la suya desde hace 38 años, fue uno de los pioneros, y durante este tiempo se ha dedicado a estrechar lazos entre Kuwait y España. De ello da fe la Orden del Mérito Civil que le concedió en 1995 el Rey emérito Juan Carlos, colgada en un lugar destacado de su salón.

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