Juan Luis Cebrián: “El periodismo está dentro y fuera del palacio”

El presidente ejecutivo de PRISA y fundador de EL PAÍS revela un capítulo de sus memorias en el que relata el secuestro del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, en 1976

San Lorenzo de El Escorial - 15 jul 2016 - 18:18 UTC
Juan Luis Cebrián, este viernes, en El Escorial (Madrid).
Juan Luis Cebrián, este viernes, en El Escorial (Madrid).Marta Jara

En diciembre de 1976 una llamada a la redacción de EL PAÍS reivindicó, en nombre de los GRAPO, el secuestro del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol. La periodista Soledad Álvarez Coto recogió aquella llamada en la que, sorpresivamente, creyó reconocer al otro lado a uno de sus compañeros de la Escuela de Periodismo, Pío Moa. La conversación telefónica avisaba del lugar en el que estaba depositada una nota manuscrita, que recogió otro redactor, en la que se reclamaba la autoría del secuestro y se pedía la liberación de varios presos políticos. A partir de esos avisos se inició una sucesión de recados de los captores a EL PAÍS, hasta el punto de que el periódico "se convirtió casi el único vínculo con los secuestradores".

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El diario se encontró en "el núcleo de la noticia" y con él su director, el presidente del Grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, quien ha dedicado a ese episodio que ejemplifica la compleja relación entre periodismo y poder un capítulo del primer tomo de sus memorias, que será publicado a finales de este año. Cebrián ha leído el relato, con ritmo y atmósfera de novela negra —aunque nada sea ficción— en la clausura del curso Medios de comunicación, política y poder, celebrado en la Universidad Complutense en la sede de El Escorial (Madrid), donde ha concluido: "El periodismo está dentro y fuera del palacio", esto es, del poder.

El director del periódico se vio obligado entonces a colaborar con la policía en una investigación en la que él mismo y sus periodistas sabían más que las fuerzas de seguridad, y con la sospecha de que el proceso "parecía estar diseñado por alguien para desestabilizar el proceso democrático". "Pero el Gobierno continuaba a ciegas y nos necesitaba", ha relatado Cebrián, que asumió la colaboración con la condición de que el único interlocutor fuera él, y no sus redactores. En el transcurso de los dos meses de cautiverio de Oriol hasta que fue liberado, los teléfonos del diario fueron intervenidos, cinco militares ocuparon una habitación contigua a la del director del periódico, la redacción fue sometida a vigilancia, algunos de sus redactores fueron retenidos, golpeados y amenazados por la policía, y el director sufrió un registro en el que arrasaron su casa en aplicación de la ley antiterrorista, porque dijeron sospechar que el rehén se encontraba en su domicilio.

"Llegamos a publicar un editorial con un mensaje en clave de los terroristas, tal y como ellos demandaron", ha contado Cebrián, al frente del diario en un periodo histórico convulso, entre mayo de 1976 hasta noviembre de 1988. El relato que hace el fundador del periódico revela que EL PAÍS desempeñó un papel esencial en la compleja llegada de la democracia, y como tal fue hostigado. "Había una conspiración en regla contra el proceso democrático de los militares y la policía franquista", ha recordado Cebrián. "La prensa jugó un papel relevante y los periódicos como EL PAÍS fueron perseguidos", ha señalado. Por ese motivo el periodismo está "dentro y fuera del palacio", considera Cebrián, porque forma parte fundamental del sistema y se entremezcla con el poder.

El fundador de EL PAÍS ha querido revelar esos episodios vividos en primera persona "para acabar con el heroísmo de los periodistas" —a pesar de que, paradójicamente, lo que describe revela un alto grado de coraje y arrojo de los implicados— pero también para dar cuenta de las "conexiones contradictorias entre el poder y el periodismo". Máxime durante la Transición, que no fue un proceso "sin traumas, sino que tuvo muchos muertos y violencia más o menos soterrada".

Precisamente por esa complejidad histórica y por el importante logro democrático preocupa a Cebrián quienes tratan ahora de hacer una revisión de la Transición, "desde la manipulación o la ignorancia". "Contar la Transición como una historia de buenos y malos es de una falta de rigor importante", se ha quejado, a pesar de reconocer que el proceso también cosechó errores —"se hizo lo que se pudo"— entre los que ha citado que los alcaldes no decretaran el desenterramiento de las fosas comunes ilegales. Con el poso de su relato de periodismo y poder en el final de la dictadura, el fundador de EL PAÍS ha dejado una reflexión: "Este olvido de la reconciliación entre españoles pone de relieve el olvido histórico de lo que ha sido este país".

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