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El PP levanta en el Senado su última línea de defensa ante la oposición

Tras perder poder en las elecciones generales y autonómicas, la Cámara es el último fortín de Rajoy, que podrá controlar desde ella la reforma constitucional o la aplicación del 155

Ramón Espinar, de Podemos, promete su cargo con la fórmula "nunca más un país sin sus pueblos y sin sus gentes" ante el presidente del Senado, Pío García Escudero. Ampliar foto
Ramón Espinar, de Podemos, promete su cargo con la fórmula "nunca más un país sin sus pueblos y sin sus gentes" ante el presidente del Senado, Pío García Escudero. EFE

El Senado recibió ayer a sus nuevos integrantes convertido en el último fortín del PP. Parapetado en la mayoría absoluta de la que goza en la Cámara alta, el partido de Mariano Rajoy podrá bloquear cualquier reforma constitucional que proponga el Congreso; decidir la aplicación del artículo 155 en Cataluña; o ralentizar la entrada en vigor de las leyes que apruebe la Cámara baja sin su apoyo. En consecuencia, Pío García Escudero, renovado como presidente, defendió ayer la vigencia de la institución, a la que en el último año se han incorporado Podemos (23 senadores) y Ciudadanos (3), que piden su reforma o su cierre.

El PP se ha quedado sin aliados naturales en el Congreso; ha perdido el Gobierno de algunas de las comunidades de las que hizo bandera, como la valenciana o las Islas Baleares; y ha necesitado el apoyo de Ciudadanos para formar los Ejecutivos de Madrid, La Rioja, Castilla y León y Murcia, sus bastiones tradicionales. Eso convierte al Senado en el último gran fortín de poder de la formación de Mariano Rajoy.

“Los reglamentos de los Parlamentos están hechos para imponer rodillos”, opinó Ramón Espinar, portavoz de Podemos en la Cámara alta. “Es probable que el Senado sirva en esta legislatura como blindaje del PP y como freno a cualquier posibilidad de modificación de la vida política española”, añadió.

Como el PP tiene mayoría absoluta en el Senado, podrá bloquear cualquier reforma constitucional que no cuente con su visto bueno y ralentizar la aplicación de las leyes que decidan el resto de partidos en el Congreso sin su consentimiento. El peso de sus 145 votos le permitiría incluso vetarlas y meterlas en un cajón durante dos meses, porque la Cámara baja necesitaría de una votación que concitara mayoría absoluta para aprobarlas —o esperar ese tiempo para sacarlas adelante con mayoría simple—. Los senadores, además, tienen un poder equiparable al de los diputados en la ratificación de los tratados internacionales que firme el Gobierno, ya que si las dos Cámaras no se ponen de acuerdo deben formar una Comisión Mixta. Finalmente, es aquí, en el Senado, donde se debe votar la aplicación del artículo 155 de la Constitución en el caso de que el Ejecutivo lo invoque para usar “todas las medidas necesarias” para que se cumpla la legalidad frente al reto independentista en Cataluña. En un curso político marcado por las tensiones territoriales, la mayoría absoluta asegura al PP que tendrá el control de gran parte de la posible respuesta que den las instituciones al proyecto de Carles Puigdemont, nuevo presidente de la Generalitat catalana.

Así, los más de 40 senadores que se sentaron ayer en la Cámara para defender que se celebren referendos en sus comunidades o que estas sean independientes no tienen capacidad para frenar las decisiones del PP en el Senado. En la institución encontrarán, en cualquier caso, un altavoz para sus reivindicaciones. Los representantes de En Comú Podem, que concurrieron a las elecciones junto a Podemos, y los de ERC acataron la Constitución “por imperativo legal” y “hasta la constitución de la República catalana”. Eso provocó abucheos. Silbidos. Incluso que Xavier García Albiol, líder del PP en Cataluña y nuevo senador, usara su breve intervención a modo de contestación (“Juro acatar la Constitución como catalán y orgullosamente español”).

Lo que valen los votos de la institución

El PP tiene 145 senadores. Eso le da mayoría absoluta en la Cámara, lo que le permitiría, entre otras cosas, frenar una reforma constitucional remitida sin su apoyo desde el Congreso; vetar o ralentizar la puesta en marcha de las leyes aprobadas por el resto de formaciones en la Cámara baja; y decidir la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

El PSOE tiene 67 representantes. Así, ni aliándose con todas las demás fuerzas alcanzaría los 159 votos necesarios para tramitar una reforma constitucional sin el apoyo del PP.

Podemos ha logrado 23 senadores, de los cuales 14 pertenecen al partido de Pablo Iglesias, cinco a En Comú Podem, dos a En Marea y otros dos a Compromís. En el Grupo Mixto se agrupan ocho senadores de Democràcia, ocho de ERC, siete del PNV, tres de Ciudadanos, dos de CC y uno de EHB y Cambio Aldaketa.

Los senadores del partido de Pablo Iglesias, Compromís y en Marea coincidieron con los de En Comú en expresar su deseo de cambiar el texto fundamental y el Senado, que pretenden convertir en una Cámara de representación territorial que incluya a los presidentes autonómicos. A ellos se unieron los tres senadores de Ciudadanos, que resumieron su posición en el Salón de los Pasos Perdidos. “Que esta Cámara desaparezca o se convierta en una Cámara útil y de representación para la ciudadanía”, dijeron los representantes de la formación de Albert Rivera que proponen cerrar el Senado y sustituirlo por una comisión de presidentes autonómicos. El PP, sin embargo, ya tenía respuesta para las reivindicaciones de los recién llegados.

El valor del Senado

“Esta legislatura cuenta con un porcentaje muy significativo de senadores que se incorporan (...) Quisiera decirles que se incorporan a una Cámara que trabaja a pleno rendimiento, que jamás ha dejado, ni va a dejar, de cumplir sus funciones”, advirtió García Escudero a los senadores recién llegados. “Créanme cuando les digo que esta es una realidad palpable que está muy por encima de cualquier tópico falso”, añadió el presidente.

“Soy un absoluto convencido del gran valor del Senado para el perfeccionamiento de nuestro Estado democrático, fundamentalmente en lo que se refiere a la coordinación territorial y para servir de cauce para la participación de las comunidades autónomas”, defendió García Escudero. “Desde ahora mismo, vuelvo a ponerme a disposición de los grupos parlamentarios para seguir trabajando por la reforma de esta Cámara. Mi ánimo es el de contribuir cuanto me sea posible a articular el consenso imprescindible para que salga adelante con éxito”, manifestó, señalando como “interesante punto de partida” los trabajos que ya se emprendieron la legislatura pasada.