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Contra, sin, para, con Cataluña

Con esta, son ocho las ocasiones en que los catalanes han acudido a las urnas desde 2010

Con esta, son ocho las ocasiones en que los catalanes han acudido a las urnas desde 2010, cuando Artur Mas ganó por primera vez las elecciones autonómicas y anunció que Cataluña iniciaba su propia transición democrática con el propósito de ejercer el derecho a decidir. Han sido dos legislativas, dos municipales, tres generales y una consulta alegal sobre la independencia de Cataluña, que han sacudido, fragmentado y modificado el mapa político catalán, en un adelanto de la transformación que ahora acaba de producirse en el mapa español.

Nunca se había votado tanto en Cataluña y nunca se había votado bajo tan solemnes advertencias sobre el efecto del sufragio para el futuro. “El voto de tu vida”, advertía la propaganda del Gobierno en las últimas autonómicas, las que fueron convocadas con pretensiones plebiscitarias. La historia ha llegado cansada a la cita electoral de ayer, después de haber sido invocada una y otra vez para firmas de documentos, conmemoraciones, declaraciones y naturalmente llamamientos a las urnas. Pero al final ha llegado, aunque ha sido en unas elecciones españolas que superan en capacidad transformadora a cualquier elección democrática desde las de 1977.

En las condiciones en que se han celebrado los comicios generales en Cataluña, sin Gobierno y sin rumbo claro del proceso soberanista, era evidente que su resultado iba a dilucidar varias incógnitas. Sobre el liderazgo del rupturismo en Cataluña, en favor de Podemos, que supera largamente a Esquerra. Sobre el liderazgo del nacionalismo, en favor de Esquerra y en detrimento de la vieja Convergència, imparable hacia la autodestrucción, y solo consolada por el cero absoluto de Duran i Lleida, el antiguo socio y ahora archienemigo.

También se ha dilucidado la fuerza del derecho a decidir, extensísima en votos y en diputados catalanes —¡y ojo!, españoles— , y comprobado la inclinación de la pendiente en votos y diputados en que se desliza la independencia. Estos resultados son un consejo oportunista para independentistas: antes Mas que marzo, mejor evitar el batacazo en las urnas de marzo y hacer a Mas presidente, aunque esté descalificado y debilitado, sea un presidente agónico, un cadáver político al frente de un proceso que se halla bajo la amenaza de ser absorbido por un proceso mayor y más potente como será la transformación renovadora de la democracia española.

La aportación de Cataluña a esta transformación es notable, especialmente el impulso de cambio de la nueva izquierda aglutinada por En Comú Podem, al estilo de lo que sucedió en la transición entre el PSC i el PSUC. Pero no se trata únicamente de una aportación desde Cataluña, sino desde el conjunto de la pluralidad hispánica, sin la que no se explica que Podemos llegue a situarse tan alto, como segunda fuerza en número de votos. Sin Cataluña no se entiende el resultado de Podemos, pero ahora se trata de saber cuánto contará Cataluña, es decir, la España plural, en la organización de este paisaje transformado que hoy se abre ante nuestros ojos.

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