Las fortalezas y debilidades de los cuatro principales aspirantes

Los partidos que rivalizarán el 20-D encarnan defectos y virtudes de la vieja y nueva política

Mariano Rajoy, este jueves en Melilla.
Mariano Rajoy, este jueves en Melilla. Tarek (EFE)

Experiencia o ilusión de cambio. Liderazgos carismáticos o trabajo de equipo.  Los cuatro partidos que, según todas las encuestas, rivalizarán por la victoria —PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos— encarnan defectos y virtudes de la vieja y la nueva política.

Partido Popular

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Experimentado pero también mayor. Con conocimiento y bagaje ante las decisiones difíciles pero con muchas rémoras, inhibiciones, contemplaciones y puntos negros cuando tiene que encarar algo que no le gusta. Las nuevas promesas electorales del candidato del PP, Mariano Rajoy, tienen la misma posibilidad de que se lleven a cabo, como está intentándolo ahora, cuando hay más recursos en la recta final de la legislatura, que de que las incumpla, como hizo nada más llegar al poder. Es práctico o realista. Persevera en sus ideas y reformas hasta que dan resultado o tiene un miedo atroz a cambiar nada, no vaya a ser que empeore las cosas. Esa tesis vale para afrontar el rescate de España, la corrupción interna del PP o el desafío catalán.

Rajoy es, a sus 60 años, el aspirante más veterano, con 34 años de cargos consecutivos en todo tipo de despachos, casi la misma edad que tienen dos de sus nuevos rivales, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Los pros y los contras de Rajoy tienen la misma cara. Es el summum de la vieja política, de la casta establecida, pero también del orden, el sentido común, la ley y el antídoto contra el riesgo o lo incierto.

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El punto fuerte de su oferta para el 20-D es la creación de empleo (el objetivo 20/20, 20 millones de empleos en 2020) que es la mácula que le ha sentenciado casi todo su mandato junto con la corrupción.

El PP busca ahora mantenerse en primera posición, sacar una distancia de más de seis puntos al segundo y que Ciudadanos no tenga más remedio que dejarles gobernar. Los populares pensaban aguantar así con el grueso de su electorado, las clases medias, los pensionistas y la España rural, pero Ciudadanos empuja tanto que ha forzado a cambiar de planes y campaña.

PSOE

Sánchez, vinculado a las reformas... y a la crisis

La defensa del pasado propio como reclamo para las elecciones del 20 de diciembre. El PSOE ha gobernado en España 21 años, frente a los 12 del PP, desde la recuperación de la democracia, después de los cinco años de Gobierno de UCD entre 1977 y 1982. Tanta experiencia de gobierno les sirve ahora para defender su legado al confiar en que los ciudadanos asocien las mayores transformaciones y reformas en España con Gobiernos socialistas.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez.Borja Puig de la Bellacasa

En su apuesta, quiere dar por sentado que la sociedad reconocerá a los socialistas más luces que sombras, más méritos que deméritos. La entrada de España en la Unión Europea, las reformas democráticas, la universalización de derechos, la implantación de las bases del Estado de bienestar... todos esos hitos los resaltará Sánchez, siempre con el nombre del expresidente Felipe González en la boca. La apuesta es también por José Luis Rodríguez Zapatero. En unas elecciones de altísimo riesgo para el PSOE, sus estrategas han decidido defender el conjunto de la gestión gubernamental socialista.

Zapatero fue el presidente de los derechos civiles, de la igualdad entre hombres y mujeres y el de leyes sociales inéditas. Y el de la crudeza de la crisis económica. Esta es la debilidad que afronta Sánchez porque para muchos ciudadanos el PSOE es responsable, junto con el PP, de las consecuencias de la recesión que asoló la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero. El reto de Sánchez está en convencer de que el deseo de cambio que manifiesta la sociedad solo lo puede encarnar son solvencia y rostro humano un nuevo Gobierno socialista, presidido por un político nuevo.

CIUDADANOS

El carisma del líder contra la falta de experiencia

Albert Rivera, en la sede de una empresa de la ONCE.
Albert Rivera, en la sede de una empresa de la ONCE.Uly Martín

Albert Rivera es el político mejor valorado de España, según el barómetro del CIS. El 40% de los españoles cree que es el presidente que necesita el país, según Metroscopia. El 47% de los encuestados por esta compañía, finalmente, admite que se sentiría “esperanzado” si el candidato de Ciudadanos encabezara el próximo Ejecutivo.

En consecuencia, el mejor activo de la formación es Rivera, que afronta la campaña electoral del 20-D sabiendo que sus rivales políticos le achacarán falta de experiencia para afrontar la gestión de los efectos de la crisis, el reto separatista catalán y la amenaza yihadista. Ciudadanos jamás ha presidido una comunidad autónoma ni ha disfrutado del bastón de mando de una capital de provincia.

La campaña de las elecciones generales pone a prueba las hechuras del proyecto de Rivera, que ha intentado fortalecer al partido con la incorporación de profesionales prestigiosos como el economista Luis Garicano. La formación tiene una implantación nacional aún débil, como refleja el hecho de que no alcanzara a presentar lista en 1.000 de los más de 8.000 municipios en las elecciones locales de mayo. Eso le penaliza en las provincias pequeñas y en la España rural, igual que su discurso en favor de la unidad fiscal aminora sus expectativas en el País Vasco y Navarra.

Frente a eso, Rivera. Un candidato de 36 años que ha basado su salto a la política nacional en su capacidad para convencer a los votantes de que donde otros tienen un diagnóstico él tiene soluciones; en un duro discurso contra la corrupción; y en sus propuestas para regenerar el sistema.

PODEMOS

Los riesgos del referéndum en Cataluña y la moderación

Iglesias, este jueves, en el Congreso.
Iglesias, este jueves, en el Congreso.Luis Sevillano

Podemos afronta la campaña electoral en un clima de recuperación, aún leve según las encuestas, que ha infundido ánimos a su candidato a La Moncloa, Pablo Iglesias, quien parece haber dejado a un lado el cansancio. Esta es la principal fortaleza de la formación emergente, que, de alguna manera, se lanza a la competición con el PSOE y Ciudadanos sin mucho que perder, al situarse por detrás de ambas formaciones. Otra de las bazas con la que cuenta Podemos es su política de alianzas territoriales en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia, que le permite contar durante la campaña con figuras muy aceptadas entre los votantes de la izquierda alternativa como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la vicepresidenta valenciana, Mònica Oltra y el gallego Xosé Manuel Beiras.

Los principales escollos de Podemos tienen que ver precisamente con su política territorial. Iglesias ha planteado una campaña con al menos tres visitas a Cataluña en las que defenderá la celebración de un referéndum vinculante. No obstante, ese discurso puede restarle votos en otras comunidades. El complejo equilibrio entre moderación del programa y el espíritu fundacional del partido, más atrevido, también deberá manejarse con extrema cautela para evitar perder los votos que auparon inicialmente a esta fuerza y tratar, a la vez, de arañarle una porción de electores a Pedro Sánchez, candidato socialista. El rechazo de Iglesias a pactar con el PSOE, salvo en el caso de que le supere, para evitar un Gobierno de PP y Ciudadanos también puede desanimar a un sector de potenciales votantes de Podemos.

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