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Podemos solo prevé pactar con Sánchez si gana en votos al PSOE

La formación de Iglesias reivindica su autonomía e intenta movilizar a los suyos

Carolina Bescansa secretaria de Análisis y Programa de Podemos Ampliar foto
La secretaria de Análisis y Programa de Podemos, Carolina Bescansa. EFE

La dirección de Podemos intentó ayer reivindicar su autonomía ante las hipótesis de pacto con el PSOE tras el 20-D. “La forma en la que concebimos un acuerdo de gobierno con el PSOE es que Podemos obtenga mejores resultados”, recalcó Carolina Bescansa, secretaria de Programa. Esta dirigente lanzó un aviso a los votantes en un momento en el que las encuestas reflejan una tendencia a la baja del partido emergente. Reconoció que ahora no estarían “en condiciones de ganar” las generales, pero dejó claro que no aspira a ser una simple fuerza de apoyo, haciendo así un llamamiento indirecto a la movilización.

El análisis de Bescansa, cofundadora de Podemos y experta en estudios de opinión, llega después de semanas de zozobra por la decepción de las elecciones catalanas. Aunque el resultado de esos comicios, en los que la candidatura Catalunya Sí que es Pot quedó relegada al cuarto puesto, no es extrapolable a las generales sí ha conseguido revertir la percepción en torno a los dos partidos que aspiran a cambiar el mapa político. Es decir, Ciudadanos sube y Podemos baja. La encuesta de Metroscopia para EL PAÍS, publicada el domingo, le atribuye el 14,1% de los votos frente al 21,5% del partido de Albert Rivera

En este contexto, la formación que lidera Pablo Iglesias, que ha sido víctima de sus propias expectativas de éxito, rebajó sus previsiones pero, a la vez, aun de forma indirecta, lanzó una especie de opa al voto útil de toda la izquierda, al considerar probable que Ciudadanos acabe pactando con el PP o con el PSOE.

“¿A qué horizonte vamos?”, se preguntó Bescansa en una comparecencia en la sede del partido. “Creemos que vamos a una situación o bien de pacto entre Ciudadanos y el PP o bien de pacto entre Ciudadanos y el PSOE, eso es lo que diría la aritmética parlamentaria”. Al excluir a Podemos de las especulaciones sobre futuros acuerdos de Gobierno, la dirigente del partido insistió: “La forma en la que concebimos un acuerdo de gobierno con el PSOE es que Podemos obtenga mejores resultado que el PSOE”. Bescansa puso como ejemplo los acuerdos sellados con los socialistas en los municipios de Madrid, Barcelona o Zaragoza tras las elecciones municipales de mayo. “Por tanto”, agregó, “no descartamos acuerdos, como se han llevado a cabo en los Ayuntamientos del cambio en nuestro país, porque creemos que un cambio liderado por Podemos genera un efecto muy positivo en el PSOE”.

Termómetro de liderazgo

Pablo Iglesias afronta la campaña electoral al frente de un partido que, según las últimas encuestas, experimenta una tendencia a la baja y sufre la onda expansiva de las elecciones catalanas del 27 de septiembre, en las que Ciudadanos logró capitalizar la percepción de formación ganadora. En este contexto, el secretario general de Podemos se mide con el objetivo primordial que motivó el nacimiento del partido (concurrir a las generales) también como prueba decisiva de su liderazgo, que, de momento, cuenta con el cierre de filas del núcleo duro y un perfil bajo de los dirigentes críticos.

La dimisión de la secretaria general en Cataluña, Gemma Ubasart, por discrepancias en la gestión de la campaña del 27-S debe enmarcarse en las especifidades de esa comunidad y de su mensaje, aunque deja de momento descubierto un flanco estratégico con vistas a las generales del 20-D.

Hace un año, se celebró en la plaza de Vistalegre, en Madrid, la asamblea fundacional de Podemos. Fue entonces cuando Iglesias lanzó su declaración de intenciones. “El cielo no se toma por consenso. Se toma por asalto”, proclamó entre aplausos, parafraseando unas palabras que Karl Marx empleó en una carta a su amigo el doctor Ludwig Kugelmann para describir el fracasado intento revolucionario de la Comuna de París en 1871.

Momentos difíciles

Durante ese congreso, el perfil de dirigentes como el aragonés Pablo Echenique o la andaluza Teresa Rodríguez, ahora dirigentes territoriales, les valió el calificativo de “críticos”.

No obstante, como a menudo sucede en los momentos difíciles, es previsible que la mayoría de los cabezas visibles cierren filas en las próximas semanas con el secretario general. También Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos y considerado un verso díscolo, volvió a dar mítines en Cataluña y hará campaña por Iglesias.

A pesar de ello, existe un sector de las bases y varios cargos locales que hubieran preferido que la formación alcanzase un acuerdo para concurrir a las generales en una candidatura de unidad popular. La ruptura de las conversaciones entre Iglesias y Alberto Garzón, de IU, enterró la semana pasada de forma definitiva esa posibilidad, después de que el pasado julio decenas de concejales y diputados autonómicos del partido emergente firmaran el manifiesto de la plataforma de unidad popular Ahora en Común.

Voto útil

Este discurso pretende cristalizar una estrategia de voto útil de los simpatizantes socialistas que, en un escenario de fragmentación de la izquierda y tras la ruptura de las conversaciones entre Podemos e Izquierda Unida, puede verse mermado en los próximos comicios. Lo dijo el propio Pablo Iglesias el pasado sábado en una entrevista en La Sexta. “Creo que es fundamental que los socialistas entiendan que el voto útil es a Podemos”, afirmó. El secretario general del partido deslizó ya durante la campaña catalana la idea de que la llave para que el PSOE defienda políticas socialdemócratas es que Podemos tenga la fuerza suficiente para forzarle a hacerlo, como, según destacan sus dirigentes, ocurre con el apoyo de los socialistas a los Gobiernos de Manuela Carmena en Madrid o de Ada Colau en Barcelona.

Con todo, Podemos reconoce que no dispone todavía de esa fuerza. “Somos realistas: creo que no estaríamos en condiciones de liderar un Gobierno en nuestro país. Lo que tenemos que hacer es trabajar muy duro”, señaló Bescansa. La dirigente esgrimió una encuesta interna anterior al llamado efecto Ciudadanos, realizada entre el 10 y el 24 de septiembre, y difundida el pasado lunes entre los simpatizantes. Según este sondeo, el PP sería el ganador de las elecciones al obtener entre el 27% y 29% de los votos estimados, mientras que la formación que lidera Pablo Iglesias se situaría en empate técnico con Ciudadanos y el PSOE, al conseguir entre el 19% y el 21% de los apoyos. “Los números nos dicen que, si las elecciones se celebrasen hoy, Podemos, Ciudadanos y el PSOE estarían en un empate técnico”, consideró Bescansa.

Preocupación

La cúpula de Podemos está preocupada por los resultados de las encuestas. Aun así, a pesar de ellos, sus dirigentes confían en un cambio de tendencia. “Sobre las encuestas mantenemos la cautela”, destacó ayer Bescansa.

“Las tendencias son más relevantes y las tendencias nos están hablando de una alta volatilidad. Sabemos que el voto no ha cristalizado”. Por tanto, no solo destacó que su formación está preparada “para gobernar y competir”, sino que avanzó: “Es muy probable que asistamos a un escenario en el que las opciones que van a crecer son aquellas que representan el cambio real en nuestro país, y vamos a trabajar para ello”. Lo que queda claro es que Podemos no se contenta, de entrada, con ser un partido bisagra del PSOE tras las elecciones generales.

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