Rivera se centra en el voto socialista e Iglesias insiste en que sale a ganar

Ciudadanos cree que está en condiciones de disputar la victoria. Podemos se muestra escéptico con las encuestas

Los líderes de las formaciones emergentes, Pablo Iglesias y Albert Rivera.
Los líderes de las formaciones emergentes, Pablo Iglesias y Albert Rivera. carlos rosillo / raúl caro (efe)

Los cargos ejecutivos de Ciudadanos consideran que el partido no ha tocado techo y que luchará por la victoria en las elecciones generales del 20-D si cumple con sus expectativas de atraer a un importante número de ciudadanos que tenían pensado votar al PSOE. Ese análisis estratégico, basado en la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS que coloca a la formación como tercera fuerza, se sustenta en dos datos. Primero, el 61% de los votantes socialistas querría un Gobierno de Ciudadanos si no triunfa Pedro Sánchez o Mariano Rajoy. Y segundo, en las elecciones catalanas del 27-S el partido emergente ya fue capaz de conquistar el cinturón rojo de Barcelona, histórico fortín socialista en Cataluña. Por otro lado, diferentes dirigentes del partido de Pablo Iglesias se han mostrado escépticos con los resultados de la encuesta, que les relega al cuarto puesto, y se están convencidos de que remontarán.

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“Ciudadanos está en condiciones de disputar la victoria el próximo 20-D”, argumenta José Manuel Villegas, vicesecretario general del partido y jefe de gabinete de Rivera. “Me parece destacable el gran margen de crecimiento que podríamos tener aún entre ciudadanos que tienen intención de votar al PSOE”, ha añadido tras ver cómo la encuesta otorgaba a su formación un 21,5% de los votos. “Podemos lleva todo el año bajando en las encuestas. Puede que en su momento supiera capitalizar el descontento, pero creemos que no ha sabido ilusionar con propuestas”, valora sobre el partido que antes estaba mejor colocado para aprovechar la desafección de los votantes socialistas. “Nosotros apelamos más a la ilusión que a la indignación”, añade.

Algunos de los fundadores de Ciudadanos, sin cargo en el partido, llevan meses reflexionando sobre los beneficios mutuos que generaría un acercamiento entre esta formación y el PSOE tras el 20-D. Si las matemáticas poselectorales abrieran esa opción, un acuerdo entre los dos grupos permitiría a los socialistas mantener su programa social a cambio de asumir medidas económicas impopulares entre su electorado, según valoran esas fuentes, que recuerdan la fluidez con la que está funcionando el pacto autonómico de Andalucía.

Con todo, la maquinaria de Ciudadanos trabaja ahora para llevar a Rivera hasta a La Moncloa, y no planteando posibles pactos. En consecuencia, ¿cómo atraer a los votantes socialistas? “La idea de modernización y regeneración de España puede ser bastante transversal”, explica Villegas, que ha dirigido todas las campañas electorales de Ciudadanos en 2015, un año que vio a la formación con un 8% de votos estimados en enero y que ya le sitúa por encima del 21,5%. “Luego hay medidas concretas de defensa de los servicios públicos de sanidad y educación, acabar con los contratos temporales, el complemento salarial para las rentas más bajas…”, argumenta, recordando que el programa electoral con el que Ciudadanos concurrirá a las generales aún no está cerrado.

Ciudadanos cuenta con los votos de Cataluña, Madrid, Andalucía, Murcia y Valencia para intentar entrar con fuerza en el Congreso de los Diputados. Sus dirigentes trabajan para mejorar sus expectativas en País Vasco y Navarra, donde sus posibilidades están lastradas por su propuesta de un modelo fiscal común para todas las Autonomías, y en Galicia, donde la implantación de Ciudadanos es débil.

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La experiencia de las elecciones catalanas, donde el partido fue capaz de imponerse en L’Hospitalet de Llobregat, marca la estrategia. Ciudadanos capitalizó el descontento de los votantes del PP con el Gobierno de Mariano Rajoy en las elecciones municipales y autonómicas del 24-M. Ante las generales, el objetivo es otro. Unir a esos sufragios los de los socialistas desorientados por las diferentes interpretaciones que los barones territoriales hacen del proyecto federal del PSOE; y descontentos con que el partido haya firmado acuerdos de investidura con Podemos (Castilla La Mancha, Aragón…), y de gobierno con Compromís (Valencia) o Mes (Islas Baleares).

Vuelve #YoVotaréPodemos

Los principales dirigentes de Podemos se han mostrado, en cambio, escépticos ante los datos de la encuesta de Metroscopia, que refleja una caída de 14 puntos desde enero, hasta el actual 14,1% en estimación de voto. Lo han hecho a través de las redes sociales, en las que además se ha recuperado la etiqueta #YoVotaréPodemos. El secretario general de la formación emergente, Pablo Iglesias, ha asegurado a través de su cuenta de Twitter: "¡A pesar de lo que digan algunos, el 20-D salimos juntos a ganar!". El número dos del partido, Íñigo Errejón, también se ha mostrado escéptico y, parafraseando a Rosa Luxemburgo, ha considerado que la encuesta "(pre)dice" que "el orden reina en Berlín".

Los líderes de Podemos siempre han sido prudentes ante las encuestas, incluso cuando los estudios de opinión situaban al partido en cabeza. Pero, antes y ahora, no olvidan su principal proclama. Esto es, "salimos a ganar las elecciones generales". A pesar de ello, todos ellos buscan ahora evitar la equivalencia entre el mal resultado de las catalanas del 27 de septiembre y una decepción el 20 de diciembre. El argumentario se remite a la construcción de un nuevo relato para esos comicios, en los que Podemos no solo disputará el voto socialista, sino intentará competir con Ciudadanos y tratará de ocupar el espacio político de Izquierda Unida.

El propio Errejón aseguró en repetidas ocasiones durante la campaña del 27-S que las encuestas buscan determinar el voto. “La gente normal no hace encuestas, así que en general las hacen quienes tienen algo de dinero, pero también intentan a menudo decirles qué tienen que votar”, solía mantener, yendo incluso más allá. “Las encuestas tienen que ver con la propaganda electoral” y no predijeron, por ejemplo, los Gobiernos de Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona.

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