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Un guardia mata al batería de Los Piratas cuando agredía a su mujer

El fallecido padecía una enfermedad mental desde hace diez años y atacó con un cuchillo a uno de los agentes que intentaba reducirle en su casa de Pontevedra

Javier Fernandez, bateria de Los Piratas
Javier Fernández, batería de Los Piratas.

Dos guardias civiles acudieron ayer a una llamada de alerta de Ponteareas (Pontevedra) por una supuesta agresión machista. El resultado de su intervención fue la muerte por disparo del presunto agresor, el batería del grupo de rock vigués Los Piratas, Javier Fernández. La mujer, herida, logró zafarse previamente y, con ayuda de un vecino, los guardias liberaron también al bebé. Pero “la actitud violenta” del hombre, que clavó un cuchillo a un agente, llevó al otro a emplear su arma.

Hacia las 12.00 de la mañana sonaba el teléfono de la comandancia de la Guardia Civil de Pontevedra. Una persona alertaba de que en Ponteareas, un pueblo de 23.000 habitantes, estaba siendo agredida una mujer en su domicilio por su pareja. Dos guardias civiles se desplazaron hasta el lugar y se encontraron con una ambulancia. Alguien había llamado también a los servicios de emergencia al escuchar los gritos de la mujer, “malherida por los golpes”, según fuentes del Instituto Armado de Pontevedra. Ella había logrado zafarse de su agresor, pero su bebé se encontraba aún dentro de la vivienda. “El padre se había encerrado dentro y estaba muy violento”, aseguran las mismas fuentes.

"Los voy a cortar en trocitos"

P.O.D. / C. H.

La nota sobre el suceso enviada a última hora de ayer por la subdelegación de Gobierno señala que, cuando los agentes de la Guardia Civil llegaron al domicilio de la pareja en la parroquia pontearense de Guláns, se encontraron a un varón, en ropa interior “muy agresivo” y “muy violento” que, armado con cubiertos de cocina —entre ellos un cuchillo— amenazaba con que iba “a cortarlos a todos en trocitos”.

 Con la ayuda de un vecino lograron convencer al hombre, de unos 40 años, de que liberase al niño. “Los guardias trataron de tranquilizarlo después, porque seguía muy violento, y al acercarse agarró un cubierto de la cocina —supuestamente un cuchillo— y se lo clavó a uno de los agentes en la cara”, relatan las mismas fuentes.

Inmediatamente después su compañero sacó el arma y le disparó un tiro “apuntando a una zona no vital” (el abdomen), continúa la explicación del portavoz del Instituto Armado. Sin embargo, “aunque fue trasladado de urgencia al hospital Mexoeiro de Vigo donde permanecía estable hasta primeras horas de la tarde, falleció horas después”. Lo que casi nadie supo hasta entonces es que se trataba del batería de la banda de rock viguesa de los noventa, Los Piratas, en la que comenzó el cantante Iván Ferreiro y que se disolvió en 2004.

Javier Fernández, el batería del grupo, era músico profesional. Daba clases de batería y había tocado con artistas como Bunbury. Fuentes de su familia negaron que fuese “un maltratador” ni siquiera aceptaron el término de “agresión machista”, puesto que “padecía una enfermedad mental” —presumiblemente esquizofrenia, según fuentes del Instituto Armado—. Achacan la agresión “a un posible fallo en la toma de su medicación, una enajenación transitoria”, informa Sonia Vizoso. También en su entorno artístico, donde conocían el problema de su enfermedad, defendieron el carácter tranquilo de Fernández y llegaron a afirmar que la víctima de ese brote agresivo “pudo ser cualquiera”.

La mente de ‘Hal 9.000’

Javier Fernández era músico profesional. Usaba el seudónimo de Hal 9.000, en alusión a la computadora de la novela 2001, una odisea del espacio, que gobernaba la nave espacial Discovery. Daba clases de batería y, además de con Los Piratas, había tocado con artistas como Enrique Bunbury o Amaral. Había sido padre recientemente.

Los hechos ocurrieron en la parroquia ponteareana de Guláns, en la zona de chalés donde vivía la pareja con su bebé recién nacido desde hace algún tiempo. “Se habían ido allí precisamente buscando un lugar tranquilo, adecuado para la enfermedad de Javier”, comentaban ayer personas del entorno de la familia del músico.

Fuentes de la Guardia Civil confirmaron que el baterista padecía una enfermedad mental, concretamente esquizofrenia, “desde hace al menos diez años”. Un dato que coincide con la fecha en la que ubican la aparición de esa alteración sus propios amigos y compañeros de banda: “Empezó a la vez que se disolvió el grupo, en 2004”. La investigación de los hechos está ahora en manos del juzgado de instrucción número 2 de Ponteareas.

La Guardia Civil denuncia falta de medios para la violencia machista

EFE

Horas antes de que un guardia civil matase en Pontevedra a un agresor cuando presuntamente maltrataba a su mujer, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) denunciaba la falta de medios para la actuación de los agentes contra la violencia de género. Sucedía todo ayer. “Los recortes presupuestarios afectan a las herramientas y medidas de lucha contra estos delitos”, explicaron desde el colectivo de guardias. Este verano se han producido numerosos asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, además de niños, y la Guardia Civil “no se encuentra en disposición de dar un servicio de calidad a la víctima” ni ofrece “la protección que exige la norma”, denuncia la AUGC en un comunicado.

El Instituto Armado cuenta con los EMUMES (Equipo Mujer Menor), dedicados a la lucha contra violencia de género, inscritos dentro de la policía judicial. Pero no tienen dedicación exclusiva en esta materia “ni cuentan con el número de efectivos necesarios”. En opinión de la asociación, estos equipos se ubican en las capitales de provincia y solo trabajan en situaciones extremas, de forma que la mayor parte de los casos son derivados a los puestos ubicados en zonas rurales o a las denominadas unidades VIOGEN, para el seguimiento integral en los casos de violencia de género—. Los “guardias civiles de a pie”, según la AUGC, se encargan de las denuncias. Es “personal que no reúne la formación ni la dedicación que exige la normativa en materia policial” sobre violencia de género. De igual modo, los agentes denuncian que las unidades de violencia de género se han tenido que formar con personal de los puestos de seguridad ciudadana y “sin formación permanente, dedicación exclusiva, teléfonos de asistencia ni vehículos camuflados”. La asociación afirma haber dado a conocer la situación al Consejo de la Guardia Civil y haberse reunido varias veces con el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, pero la única respuesta ha sido el traslado de las quejas a la Secretaría de Estado de Seguridad.

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