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Jorge Moragas, la sombra de Rajoy

Cambió la carrera diplomática por la política y antes de las generales de 2011 trabajó para preparar el desembarco del nuevo presidente del Gobierno

Jorge Moragas
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (c), acompañado de su jefe de gabinete, Jorge Moragas (d), y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo (i), a su llegada a la Cumbe de la UE-Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), hoy en Bruselas. EFE

Mientras Mariano Rajoy se fogueaba en su debate de investidura, dos motos de gran cilindrada aguardaban aparcadas frente al Congreso. Una pertenecía a Alfonso de Senillosa, miembro destacado del Gabinete de Rajoy. La otra, a su superior y amigo, Jorge Moragas.“No habríamos podido llegar a tiempo a tantos sitios si no fuera por nuestras motos”, confiesa De Senillosa.

La moto y la mochila, además de su cabello ensortijado, son las señas de identidad de Jorge Moragas, un barcelonés de 46 años, licenciado en Derecho, que cambió la carrera diplomática por la política y que antes de las generales de 2011 trabajó en la sombra para preparar el desembarco del nuevo presidente del Gobierno en la escena internacional; incluidas entrevistas con el secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geithner, o con el dúo Merkozy, aprovechando el congreso de los populares europeos en Marsella, a principios de diciembre de ese año. También se encargó del programa de Exteriores del PP para las últimas generales, con la obsesión de la llamada diplomacia económica, es decir, aprovechar las relaciones internacionales para ayudar a salir de la crisis.

Tras las elecciones de 2011, Moragas fue nombrado jefe de Gabinete de Rajoy y ha sido su sombra. Especialmente en los viajes al extranjero y en la gestión de encuentros con líderes mundiales.

Moragas ha seguido la tradición de poder de los que han ocupado ese cargo: Carlos Aragonés con José María Aznar y José Enrique Serrano con Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Los jefes de gabinete controlan la agenda de los presidentes, filtran los contactos y, como en el caso de Moragas, se vuelcan en la proyección internacional de los jefes del Ejecutivo.

Cuando Aznar llegó al poder, en 1996, solo hacía un año que Moragas había salido de la Escuela Diplomática. Su primer destino fue el departamento de protocolo de la Presidencia del Gobierno, desde el que preparó el primer viaje de Aznar a un destino especialmente delicado: Marruecos. Dos años después tenía previsto incorporarse al área de internacional de Moncloa, pero el fontanero mayor de Aznar, Javier Zarzalejos, le fichó como jefe de Gabinete. Desde esa atalaya privilegiada siguió las conversaciones del Gobierno del PP con ETA o el acercamiento de Aznar a la Administración Bush

En 2000 se afilió al PP y dos años después se convirtió en su responsable de Relaciones Internacionales. Rajoy no solo le confirmó en el puesto, sino que lo puso al frente de su Gabinete, el hombre que controla su agenda y, por tanto, uno de los más envidiados en un partido donde el poder se mide por la cercanía al jefe. Pese a su creciente peso en Génova, Moragas era un desconocido para la opinión pública hasta que, en octubre de 2004, el régimen cubano impidió su entrada en el país, junto a dos parlamentarias holandesas. Ese incidente le distanció aún más del ministro socialista de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, con el que prácticamente no se hablaba, al contrario que con su sucesora, Trinidad Jiménez, con la que se reunió varias veces para consensuar la intervención en Libia o la política hacia la primavera árabe. Moragas, diputado desde 2004, concurrió a las elecciones generales como número dos por Barcelona sino que colocó a sus principales colaboradores en puestos de salida.

Rajoy quiso mantenerle a su lado en la nueva etapa y le nombró director de Gabinete de Presidencia de Gobierno, con rango de Secretario de Estado. Ahora ha cambiado la moto por el coche oficial y protagoniza fotos como la primera de Rajoy con Obama en la que él ocupó un espacio destacado.

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