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ANÁLISIS

Para ser concejal de Cultura en una ciudad como Madrid

No sería bueno que Carmena dejara al albur de juegos partidistas la dotación de esa cartera tan clave como la de salud o educación

Guillermo Zapata, durante una rueda de prensa en el Ayuntamiento.
Guillermo Zapata, durante una rueda de prensa en el Ayuntamiento.

Ahora que se debate también sobre el sexo de los ángeles, parece que se olvidan otros debates más terrenales. Por ejemplo, ¿qué se necesita para ser concejal de un ayuntamiento como el de Madrid? Esa no es una pregunta sencilla porque tampoco aconseja precipitadas respuestas. Madrid es la capital de un Reino que tiene el Prado, que se las compuso para atraer hacia sí un símbolo mayor de la historia española, el Guernica de Picasso; es la ciudad que tiene a Goya y a Velázquez como pintores y es el lugar en el que filmaron Berlanga y Saura y Bardem e Iciar Bollaín; fue el sitio en el que escribieron Cervantes, Galdós y Valle Inclán; es la ciudad de la movida y de las Academias.

Madrid es también la ciudad que atrajo la colección Thyssen y que honró a la modernidad levantando un edificio singular con obras singulares, el Reina Sofía. Madrid es la ciudad de la Gran Vía y de Atocha, y es sobre todo una ciudad en la que se vive aquella memoria que tanto hirió al poeta Dámaso Alonso y a sus contemporáneos, la ciudad que resistió y dejó atrás una hilera dramática de cadáveres. Madrid de Lorca y de Dalí, y de Alberti; Madrid de Almodóvar y de Amenábar y de Azcona y de Rosa Chacel y de la última María Zambrano. Madrid es mucho, con perdón, porque Madrid es parte de la historia del mundo y es, en sí misma, una ciudad que se parece al mundo.

Ese notable bagaje tan solo bastaría para que el nuevo ayuntamiento aprovechara el vacío institucional que ha dejado el concejal Zapata en ese puesto, independientemente de las ardientes polémicas que ha causado su fugaz paso por la notoriedad municipal después de la proclamación de Manuela Carmena. La alcaldesa, en la que muchos madrileños han puesto fe e ilusión, porque así se lo merecen su trayectoria y su vigilancia de las conductas democráticas y culturales de esta ciudad, podría aprovechar muy bien esta coyuntura para hacer de ese lugar de sus concejalías un sitio ocupado verdaderamente por quien haya de ser tan representativo de la historia y del presente de la ciudad como ella misma.

No sería bueno que Manuela Carmena dejara al albur de los juegos partidistas, de recompensa de servicios prestados en campañas o en estrategias de partidos, la dotación de esa cartera importantísima, tan clave como la de salud o educación, pues sin cultura, sin la conducción adecuada de la cultura, sin el cuidado de museos, de bibliotecas, del aprendizaje ciudadano de la cultura de leer o de pensar o de mirar, no se pueden lograr ciudadanos conscientes de la importancia de una ciudad, de un ayuntamiento y de la democracia propiamente dicha.

Si para algo debe valer este incidente Zapata que ya es famoso es para que Manuela Carmena y los suyos se piensen con detenimiento quién ha de llevar las riendas de ese renglón clave para afirmar la identidad cultural, diversa y riquísima, de la ciudad de Madrid.

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