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Así subieron las mareas gallegas en las que zozobra el PP

Plataformas impulsadas por activistas y profesionales sin pasado político arrebatan alcaldías al PP en Galicia y avanzan un frente para las autonómicas de 2016

El futuro alcalde de Santiago por Compostela Aberta, Martiño Noriega, es felicitado por los militantes en la noche electoral del 24-M.
El futuro alcalde de Santiago por Compostela Aberta, Martiño Noriega, es felicitado por los militantes en la noche electoral del 24-M.

En algo están de acuerdo el PP y las mareas, esas candidaturas municipales que han fulminado el poder urbano del partido de Alberto Núñez Feijóo arrebatándole los gobiernos de A Coruña, Santiago y Ferrol y haciéndole perder la Diputación de A Coruña: en Galicia empieza todo. Lo dijo la popular Soraya Sáenz de Santamaría en precampaña, cuando rememoró que la reconquista del Gobierno de España por parte de su partido arrancó en 2009 con Feijóo entrando victorioso en la Xunta. Y lo repiten ahora los adalides de la nueva política: los intentos por refundar la izquierda, acumulando fuerzas y descontento tras los destrozos sociales de la crisis, tomaron impulso en la esquina atlántica de la península en 2012 con la alianza entre Izquierda Unida (IU) y los nacionalistas de Xosé Manuel Beiras, un mestizaje al que asistió atentamente el después líder de Podemos, Pablo Iglesias. Las mareas son hoy un paso más en este fenómeno , pero con una importante diferencia: su empuje no procede de partidos, sino de ciudadanos sin carné ni pasado político.

De los diez concejales que ha obtenido la marea de Santiago, denominada Compostela Aberta, la fuerza más votada en la capital gallega, solo quien será alcalde, el médico Martiño Noriega (A Coruña, 1975), tiene experiencia en la gestión institucional, ya que fue regidor de un municipio limítrofe a la ciudad, Teo, y es coportavoz de Anova, el partido de Beiras. De la otra decena de ediles logrados por Marea Atlántica, la plataforma de A Coruña que se quedó a 28 papeletas de desbancar al PP del primer puesto, únicamente tres ocupan cargos en fuerzas políticas (Anova, IU y Equo).

“Los partidos no han intentado apropiarse de la Marea. Se pusieron detrás, empujaron y hubo liderazgo ciudadano”, explica Xulio Ferreiro (A Coruña, 1974), un magistrado y profesor de Derecho con convicciones nacionalistas pero sin biografía en la primera línea política que será alcalde de A Coruña con un gobierno en minoría que prevé recibir apoyos puntuales de PSOE y BNG. “La vida institucional es árida pero los que no vienen de ella llegan sin malos hábitos y con perfiles solventes y especializados en varias áreas”, defiende Noriega, también dispuesto a un mandato en minoría con el respaldo de socialistas y Bloque.

Tras el 24-M, las mareas han entrado en todas las corporaciones urbanas gallegas (tres concejales en Vigo, tres en Lugo, dos en Pontevedra y tres en Ourense) y en algunas poblaciones medianas como Noia (A Coruña). Estos movimientos, que surgieron en paralelo a Podemos y a los que posteriormente la formación de Iglesias ha dado su apoyo, integran en su funcionamiento a colectivos sociales y culturales espoleados por los estragos de la crisis, profesionales y funcionarios sin pasado político y militantes de partidos clásicos y emergentes, nacionalistas y no nacionalistas. Y lo hacen con crowdfunding y en asamblea, haciendo de la participación en las decisiones el carné que acredita la pertenencia a la organización.

En sus programas electorales comparten prestaciones para asistir a los más castigados por la crisis (una renta municipal que universalice unos ingresos mínimos o ayudas para pagar la hipoteca y el alquiler); medidas anticorrupción (auditorías en servicios externalizados o presencia de la oposición en los órganos de contratación); o cambios encaminados a implantar el laicismo (como limitar la presencia de cargos públicos en celebraciones católicas).

También prometen restricciones salariales a alcalde y concejales, presupuestos de participación vecinal, colaboración con la banca ética y subidas del IBI a viviendas vacías en manos de entidades financieras. Y se proponen proteger el comercio local, dictando en el caso de Santiago una moratoria en la apertura de tiendas de souvenirs, un tipo de negocio que ha invadido en unos años el casco histórico de la ciudad.

Escasos meses de vida

La marea coruñesa fue la primera en levantarse. El manifiesto Mover ficha, que dio lugar a Podemos, propició también, a partir de febrero de 2014, varias reuniones entre activistas de colectivos sociales y culturales de la ciudad para pensar "qué hacer y cómo", cuentan sus fundadores. Se optó por trabajar con vistas a las municipales y se creó el Espazo Cidadán Coruña, el germen del fenómeno, a cuya primera reunión asistieron más de 30 asociaciones. Hace solo diez meses que aquella primera plataforma se convirtió en Marea Atlántica – “parece poco pero se cocinó a fuego lento”, dice Ferreiro-, recogiendo el “poso” de Nunca Máis y el 15-M.

Poco después, en octubre de 2014, se constituyó Compostela Aberta. Sus promotores fueron vecinos procedentes de los movimientos sociales y de la militancia de base de algunos partidos, contrarios tanto al “expolio y corrupción” del gobierno local del PP –sus problemas judiciales lo hicieron dimitir en bloque en plena legislatura- como a la ciudad “turistificada y elitista” de los 24 años anteriores de mandatos socialistas.

Ambas plataformas ciudadanas fueron creciendo y, poco a poco, recibiendo el respaldo de partidos como Anova, IU o Podemos, a medida que estas fuerzas iban descartando presentarse en solitario a las municipales.Tras las caras largas que ensombrecieron la noche electoral del 24-M en la sede del PP gallego, voces críticas dentro de las filas populares reprochan a Feijóo que no haya visto venir la subida del mar.

“Desde el poder establecido se subestimó el poder de autoorganización de la gente”, opina el funcionario de justicia Jorge Suárez (Vigo, 1975), previsible alcalde de Ferrol y candidato de Ferrol en Común, de los tres el frente que más abiertamente se define de izquierdas y en el que pesa más el motor de los partidos, ya que está comandado sobre todo por militantes de IU y Anova y simpatizantes de Podemos. Como segunda fuerza tras el PP, se prepara para liderar un gobierno posiblemente tripartito con PSOE y BNG, otro reto más de integración: “Es un puzle”, admite Suárez, “pero encajarán las piezas”. Ferrol en Común es la que ha tenido un nacimiento más accidentado, ya que conformó la candidatura y el programa en apenas 50 días tras escindirse de la plataforma original, la Marea Ártabra, que también se presentó a los comicios, aunque no obtuvo ningún concejal.

Esta eclosión de nueva política, de confluencia entre movimientos sociales y partidos, se produce en un territorio donde, tras años de hegemonía del PP de Manuel Fraga, las fuerzas de oposición a los conservadores se han visto abocadas siempre a ensayar fórmulas conjuntas para levantar gobiernos alternativos. Desde 1999 se extendieron en Galicia los bipartitos del PSOE y el Bloque Nacionalista Galego (BNG), primero en las ciudades, más adelante en el resto de municipios y finalmente en la Xunta, entre 2005 y 2009. Se trataba de coaliciones de siglas y, especialmente en aquel Gobierno gallego que finiquitó la era Fraga, se fundamentaron en un reparto de parcelas que acabó en fracaso. Presidencia para unos; vicepresidencia para otros. Dos agendas, dos discursos y, en la práctica, dos gobiernos. Al ejecutivo que presidió el socialista Emilio Pérez Touriño las urnas le dieron la espalda tras el primer mandato.

En 2012, después de la primera legislatura de Feijóo, sucesor de Fraga, al frente del PP y con los populares abarcando en Galicia y España más poder que nunca, llegó Alternativa Galega de Esquerda (AGE), otra alianza de siglas entre el partido nacionalista de Xosé Manuel Beiras (Anova) e IU, que tradujo el voto indignado por los recortes en nueve diputados con apenas unos meses de vida. Incluso sin enfrentarse a las tensiones de gobierno y pese a esforzarse por escenificar unidad entre los socios, disensiones internas en el brazo nacionalista de la alianza acabaron por hacer flaquear aquel nuevo intento. “AGE fue un primer paso. Fue una coalición partidaria y ahora las mareas son una estructura más compleja pero también más garantista, porque se definen por la participación”, afirma Noriega.

Los futuros alcaldes de A Coruña, Santiago y Ferrol, los tres autoproclamados “rebeldes”, abogan por que la marea que ha entrado por la costa de A Coruña inunde toda Galicia de cara a las elecciones autonómicas de 2016. El BNG, que optó por quedarse fuera de las candidaturas populares en las municipales, ya ha anunciado que estudiará formar parte de esta gran confluencia, al igual que IU y los nacionalistas Anova y Compromiso por Galicia. “Debe hacerse con calma. Lo que no puede ser es que un partido trate de capitalizarlo. Debe tener liderazgo ciudadano y yo creo que sí hay base social para hacerlo”, advierte el coruñés. Con el batacazo del 24-M consumado, Feijóo ha anunciado un congreso del PP gallego antes de los próximos comicios, un movimiento inusual que ha disparado la sensación, tanto dentro como fuera de su partido, de que no piensa ser él el candidato popular que luche por sobrevivir al nuevo golpe de mar.

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