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“Si los espeleólogos hubieran llevado GPS los habríamos localizado antes”

Autoridades marroquíes critican el modo en que los deportistas afrontaron la aventura

Espeleólogos españoles en Marruecos
Llegada del cadáver de uno de los espeleólogos españoles a Bougafer.

Mohamed Said es una autoridad de peso en la provincia de Uarzazat, donde han muerto dos espeleólogos españoles tras sufrir un accidente. Said es el presidente del Consejo provincial de Turismo en una provincia que vive en buena parte del turismo. Cientos de miles de turistas llegan cada año a este lugar, al que se puede llegar en coche desde Marrakech después de conducir durante más de cuatro horas a través de una carretera en muchos tramos tortuosa. Uarzazat es la puerta de entrada al desierto y la población principal de las montañas del Atlas. El año pasado llegaron 62.954 franceses, 34.432 alemanes y 24.271 españoles.

Mohamed Said cree que el grupo de espeleólogos españoles no debió adentrarse sin guía en el cañón del río Uandras, donde se produjo el accidente. “Ese terreno es demasiado peligroso. Hicimos un esfuerzo muy grande por llegar allí lo antes posible. Pero, lamentablemente no pudimos salvar la vida del segundo herido”.

El accidente y muerte del primer herido, Gustavo Virués, se produjo el domingo 29 de marzo. Ese mismo día resultó herido también José Antonio Hernández, quien se mantuvo con vida al menos hasta el 4 de abril, arropado por su compañero y único superviviente de los tres que descendían por el cañón del Uandras, Juan Bolívar Bueno. Los siete excursionistas que participaron en la expedición han denunciado la tardanza e inoperancia de las autoridades marroquíes en rescatar a Hernández.

El director provincial de Turismo en Uarzazat, Bouhoute Zoubir, mano derecha de Mohamed Said, expresa antes que nada sus condolencias por la muerte de los dos españoles. Y a renglón seguido se muestra igual de crítico que su jefe con la actuación de los espeleólogos. “Si hubieran llevado GPS los habríamos localizado el mismo miércoles en que alertaron a las autoridades marroquíes y españolas. Pero iban sin GPS y sin guía”.

Uno de los nueve espeleólogos españoles indicó a este diario que no podría asegurar si sus tres compañeros accidentados llevaban GPS en ese momento, aunque le consta que Gustavo Virués, el primer muerto, tenía un GPS que le había regalado su esposa. “En cualquier caso, las coordenadas geográficas del lugar exacto en que se encontraban nuestros compañeros las dimos nosotros el sábado cuatro de abril a primerísima hora de la mañana, en cuanto los avistamos desde lo alto del cañón del Uandras. Hasta ese momento no llegó nadie al cañón para rescatarlos”, añadió la misma fuente.

Siempre que hay una muerte se echa en falta más coordinación

Bouhoute Zoubir, director provincial de Turismo

Bouhoute Zoubir, el director provincial de Turismo, fue informado por este diario de que, según la versión de los espeleólogos, ellos se dividieron en dos grupos. Y ambos grupos tenían concertada la presencia de dos guías marroquíes. Pero la persona que debía guiar al grupo que bajó el cañón del Uandras recibió otra oferta pocos días antes de iniciar el descenso y no participó en la expedición. Los espeleólogos Gustavo Virués, José Antonio Hernández y Juan Bolívar, decidieron seguir adelante con el descenso porque estimaron que era una empresa asequible. Contaban también con el hecho de que el segundo grupo, formado por los otros seis integrantes de la expedición, llevaban guía y pronto se unirían los dos grupos.

“Vamos a iniciar una investigación sobre los guías”, indicó Zoubir. “Veremos si eran guías con titulación oficial. Y si es verdad que el guía del primer grupo les abandonó poco antes de emprender la bajada, habrá que ver qué grado de responsabilidad tuvo”.

Zoubir asume que el rescate pudo haberse desarrollado con más eficacia. Los espeleólogos españoles se quejaron de que las autoridades marroquíes tardaran varios días en permitir a la Guardia Civil participar en el rescate. Y se quejaron también de que el Gobierno español no presionara lo suficiente. “Tal vez la lección que debamos extraer es que puede haber más coordinación entre todos los que participaron en un rescate. Pero siempre que hay una muerte uno va a echar en falta más coordinación. Por nuestra parte podemos decir que en cuanto recibimos la alerta el miércoles, un helicóptero de la Gendarmería se puso a buscar a los españoles en la zona. Unas cincuenta personas de la comarca se pusieron a buscar inmediatamente a los espeleólogos. Y enviamos allí a 60 personas de Protección Civil procedentes de cuatro ciudades”.

El director provincial de Turismo cree que si los españoles hubiesen contactado con espeleólogos marroquíes o hubieran contratado una agencia, todo habría discurrido por cauces oficiales y se habría evitado el accidente. “El Ministerio de Ingeniería y Minas habría hecho todo lo necesario para que no corrieran ningún riesgo”, concluye.

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