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Isabel Gallego, algo más que la jefa de prensa de Aguirre y González

La periodista, que llegó al Gobierno autonómico de la mano de Ignacio González, es ahora imprescindible para Esperanza Aguirre

Ignacio González e Isabel Gallego Ampliar foto
Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, junto a la directora general de Medios, Isabel Gallego, en 2012.

Pocas veces una jefa de prensa ha tenido tanto poder. Isabel Gallego, directora general de Comunicación de la Comunidad de Madrid, ha manejado la política informativa primero bajo la presidencia Esperanza Aguirre y después al lado de Ignacio González. En los últimos días había asumido el papel de jefa de comunicación de la campaña de Aguirre en su carrera hacia la alcaldía de Madrid. Nadie mejor que ella conoce las fobias y las filias del PP madrileño para estar al lado de la candidata en su próximo y comprometido asalto.

Gallego llegó en 2003 a la Puerta de Sol desde la redacción del diario Abc, donde cubrió en su última etapa los temas relaciones con la política de inmigración. Fue en esa época cuando trabó relación con Ignacio González, cuando él era secretario de Estado -delegado del Gobierno para la Extranjería y la Inmigración.

Convertido en número dos de Aguirre en el gobierno de la Comunidad de Madrid, González impuso a Gallego como responsable de comunicación desbancado a Isabel Martínez Cubells y a Victoria San Cristóbal, que acompañaron a la entonces aspirante a la presidencia durante la campaña. Este nombramiento fue una de las señales que envió al exterior Ignacio González para mostrar el poder que tenía dentro del Gobierno.

En algo más de una década, Isabel Gallego se ha convertido en una pieza imprescindible, en la persona que mejor interpreta los pensamientos de Aguirre y quien más complicidades mantiene con González. Su papel en este tiempo ha sido algo más que el de una jefa de prensa. Ha estado en todos los cenáculos del poder. A ella se le han atribuido ceses y nombramientos, no porque ella tuviera facultad para hacerlos, sino por la influencia que ejercía. Con su equipo de prensa —despidió a todos los que Alberto Ruiz-Gallardón dejó en Sol al irse al Ayuntamiento de Madrid— controló los pasos de los consejeros del equipo de Gobierno y pasó informes cuando alguno decidió actuar por su cuenta.

Su probada fidelidad a González, y por extensión a Aguirre, le hicieron vivir con una cierta tranquilidad los días en que Mariano Rajoy meditaba sobre quiénes debían ser los candidatos de Madrid. Caído González, Aguirre no dudó en contar con ella. No eran amigas y nunca llegarán a serlo, pero la candidata sabe que con Gallego a su lado, su castillo estará siempre bien blindado.

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