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Multa de 1,2 millones a una clínica por las malformaciones de un bebé

El centro sometió a la mujer a un proceso ‘in vitro’ aunque había dado positivo a un virus

Esperma congelado en una clínica de reproducción asistida.
Esperma congelado en una clínica de reproducción asistida. cordon press

La Clínica Tambre de Madrid tendrá que indemnizar a la pareja formada por E. Z. C. y R. F. H. con más de 1,2 millones como consecuencia de las secuelas con las que nació su hija M. F. Z. el 18 de agosto de 2012. Según el fallo del juzgado de primera instancia número 43 de Madrid, la niña “Padece un deterioro muy grave de las funciones cerebrales superiores integradas” a la que se añaden distintos grados de sordera en ambos oídos.

Los hechos que han dado origen a la demanda comenzaron en octubre de 2011 cuando la pareja acudió a la clínica para “iniciar un tratamiento de fertilidad, consistente en fecundación in vitro”, recoge la sentencia. En las pruebas previas, la mujer presentó una “serología positiva para el virus citomegalovirus”. Pero “estos resultados fueron ignorados por el personal de la Clínica Tambre, que inició la reproducción asistida”, señala la sentencia. Como resultado nació la niña, que tenía “un retraso grave en el desarrollo de todos sus dominios”.

Como en muchos otros casos de supuestas negligencias sanitarias, la clave del proceso está en demostrar que hay una relación causa efecto entre el fallo de la clínica (en este caso, la existencia de una infección por el virus) y sus consecuencias (las discapacidades de la niña). El citomegalovirus (CMV) es un microorganismo de la familia del herpes presente en muchas personas. En la mayoría no causa secuelas, pero esto sí ocurre cuando la persona está inmunodeprimida. Por eso suele manifestarse en trasplantados o enfermos de sida. En el caso de las mujeres embarazadas, el Centro de Control de Enfermedades de EE UU, que es un referente mundial, establece que “aproximadamente el 80 % de los bebés nacidos con la infección por el CMV nunca tienen problemas. Sin embargo, algunos bebés nacidos con el CMV tienen graves defectos de nacimiento, como pérdida auditiva y discapacidades del desarrollo”, lo que encaja con lo sufrido por la niña. El caso lo ha llevado Javier de la Peña, de Lex Abogacía.

Según recoge el fallo, una de las líneas de defensa de la clínica fue discutir esta relación. Por eso, según el texto del juzgado, argumentó “falta de prueba del nexo causal entre los resultados de la analítica” positiva al virus de la madre y “la dolencia que padece la menor”. “Que la señora Z. presentara una serología positiva fue interpretada como un falso positivo”, aunque admite que “no se realizó ninguna prueba diagnóstica durante el embarazo ni tampoco a la recién nacida hasta transcurridos siete meses”. En su argumentación, el juzgado rebate que se considera probado que la mujer “estaba infectada” y que “la niña nació con la patología descrita, motivada por la transmisión durante la gestación”. Por ello concluye que “el resultado fue la práctica de la técnica de fecundación sin la observancia de las reglas de la lex artis [prácticas médicas aceptadas]”. Y en ello basa la condena.

La cifra total (1.124.478,67 euros) es la suma de varias partidas (la indemnización por la incapacidad permanente de la niña, la gran invalidez, daños moral, perjuicio estético, adecuación de vivienda y vehículo y los 3.360 euros del proceso de fecundación).

El director médico de la clínica, Alberto García Endíganos, declaró a EL PAÍS que la empresa todavía no ha decidido si va a recurrir la sentencia. “En primer lugar, lamentamos profundamente lo ocurrido así como el pronóstico médico de la hija de la pareja demandante”, expresó. Sobre la decisión judicial mantuvo que no están “del todo de acuerdo”. Según García Endíganos, la analítica del citomegalovirus “no está incluida en los protocolos habituales”, y comenta que, precisamente, el querer ofrecer a sus clientes un mejor servicio integrándola se ha vuelto en su contra. “Si no la hubiéramos hecho no se hubiera detectado”, aunque la niña habría nacido con las mismas secuelas, afirmó, pero también admitió que “el resultado no se valoró adecuadamente”.

El médico vuelve sobre el asunto de la causalidad. “El citomegalovirus es una posible causa” de las malformaciones de la niña, “pero estas podían ser por otras”. Además señaló, a través de un comunicado, que “el seguimiento del embarazo y el parto de la paciente no se realizaron en la Clínica Tambre”, para concluir que en 40 años de trabajo el centro “ha realizado más de 15.000 ciclos de reproducción asistida” de los que “han nacido más de 10.000 niños. Nunca antes se había producido ningún caso de esta naturaleza”.