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Bullas despide a los fallecidos sumido en el dolor y el llanto

Más de 1.200 vecinos asisten a una misa en honor a las víctimas del accidente de tráfico

Los Reyes, en el polideportivo de Bullas. ATLAS / CLAUDIO ÁLVAREZ

Más de 1.200 personas se han citado a las once de la mañana de este lunes en el pabellón deportivo Juan Varela, de Bullas. El municipio murciano, de apenas 12.200 habitantes, se ha despedido con una misa de sus 13 vecinos fallecidos en el accidente de tráfico ocurrido la noche del sábado en Cieza. Los Reyes han presidido el funeral, que ha contado con la presencia del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y autoridades locales y regionales. Este acto ha precedido al que se celebrará esta tarde, a las cuatro, en Espinardo (Murcia). Allí, en su pedanía natal, recibirá su último adiós el sacerdote Miguel Conesa, la decimocuarta víctima, de 36 años, que apenas llevaba dos meses como párroco de Bullas.

"No es fácil en este momento tratar de consolar cuando uno tiene el corazón roto", ha subrayado en su homilía el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca, que ha oficiado una misa que se ha prolongado durante más de una hora: "Yo también he perdido un hijo, los sacerdotes hemos perdido un hermano, a Miguel". Estas palabras han llegado después de que don Felipe y doña Letizia dieran el pésame y mostrasen sus condolencias a los familiares de las víctimas. Estos, sentados en primera fila durante el funeral, delante de los ataúdes, han velado a los fallecidos a lo largo de toda la madrugada.

Listado de víctimas mortales

  • Enrique Huéscar García
  • Catalina Sánchez Jiménez
  • Miguel Ramón Conesa Andúgar
  • Carmen Pérez Talón
  • Carmen Mellado Martínez
  • María del Carmen Marín Rubio
  • Ana María Martínez López
  • Encarnación Martínez Melgar
  • Ascención Durán García
  • María del Rosario García Jiménez
  • Resurrección Fernández Buendía
  • María López Valera
  • María Gregoria Tamboleo Martínez
  • Inmaculada García Díaz

Actualmente hay 23 personas hospitalizadas: ocho graves (cuatro de ellas en la UCI)  y 15 de diversa consideración. Se espera que algunas sean dadas de alta a lo largo de la jornada.

Porque durante la tarde del domingo llegaron al pabellón los primeros féretros. Los últimos los han trasladado sobre las nueve de esta mañana desde el tanatorio a este complejo deportivo, ubicado a las afueras de este pequeño pueblo. Allí, en el altar, se han colocado un Cristo crucificado, estandartes y la imagen de una virgen. Pasadas las once ha comenzado la misa, que ha arrancado con un canto religioso: "Somos peregrinos, ponemos la esperanza en llegar a la casa del señor". La letra, acompañada solo de unos acordes de guitarra, ha resonado en un pabellón sumido en el silencio. En el respeto. En el llanto.

La Reina consuela a las familias de los fallecidos. ampliar foto
La Reina consuela a las familias de los fallecidos.
Porque muchos familiares no han podido aguantar la emoción y se han venido abajo durante el funeral. Un chaval ha salido roto en lágrimas, mientras una mujer le besaba en la mejilla, apenas unos segundos después de que terminara la lectura de los nombres de los fallecidos: Catalina, Enrique, Miguel... Y así, Bullas ha despedido, también con aplausos, a sus vecinos. Así, en boca del obispo, han afrontado esta "trágica historia", este "golpe seco" que ha paralizado sus vidas.

En Bullas, un pueblo conmocionado donde los carteles con crespones negros adornan las puertas de los negocios, cientos de personas pasaron durante la noche del domingo por el pabellón para velar los féretros. Los ataúdes, colocados en medio de la pista de fútbol a medida que llegaban al complejo, concentraron durante horas las miradas de familiares, amigos y vecinos. Miradas perdidas. Miradas cansadas. Porque en esta localidad murciana la negra madrugada se ha teñido de dolor, de lágrimas y de abrazos. Y, sobre todo, de silencio.

Más de un centenar de médicos, que han tratado varios ataques de ansiedad en las primeras horas posteriores a la tragedia, se han desplazado este fin de semana hasta la zona para atender a las víctimas y sus familiares. En ese pabellón situado junto a la avenida Luis de los Reyes, a las afueras del municipio, tres folios blancos lucían en una de las paredes. Cuelga todavía uno de los primeros listados con los entonces 43 heridos trasladados a los hospitales de los alrededores. Pegadas con celo, en las hojas se suceden los nombres y las edades: María del Rosario Díaz, 50 años; Encarnación Fernández, 45; Antonio Fernández, 44... Y los centros sanitarios a donde los evacuaron —Hospital de Caravaca, Hospital Reina Sofía, entre otros— después de que el autobús en el que viajaban se saltara la mediana a la altura del kilómetro 30 de la carretera RM-714 y cayera por un terraplén.

Conforme avanzaba la noche, las conversaciones en voz baja y los pésames se sucedían en el interior del Juan Varela. Allí se ultimaban los preparativos para el funeral. "Después de la misa vendrán las peores horas para los familiares", explicaba Miriam, una de las psicólogas encargadas de la asistencia. Será cuando el cansancio y los días sin dormir hagan todavía más mella. Ahonden en su dolor.

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