La “fortaleza física y mental” ayuda a Teresa Romero a superar el ébola

El equipo médico recuerda que la auxiliar de enfermería aún tiene que recuperarse de otras complicaciones

Los médicos que tratan a Teresa Romero, una paciente conocida en todo el mundo por ser la primera contagiada de ébola fuera de África, comparecieron ayer ante la prensa con una sonrisa en los labios. Después de 15 días vigilando cada pequeño cambio en la salud de la auxiliar de enfermería, podían dar la buena noticia que anhelaban: Romero está curada de la infección por el virus del ébola. “Se cumplen los criterios de curación determinados por la Organización Mundial de la Salud”, aseguró solemne José Ramón Arribas, jefe de Enfermedades Infecciosas del complejo hospitalario. Tras varios análisis con cantidades de virus inapreciables, durante el fin de semana empezaron a llegar las pruebas negativas. Ha habido hasta cuatro con valores cero, es decir, sin rastro del virus en su sangre. La última, y definitiva, ayer por la tarde.

Eso no significa, como subrayaron los médicos, que vaya a ser dada de alta enseguida. “Aunque este hecho es extraordinariamente positivo, la recuperación puede demorarse unos días”, precisó Arribas. Una cosa es que esté curada de la infección y otra que haya recuperado su estado previo a la enfermedad. El virus ataca a órganos vitales como los riñones, el hígado o los pulmones. Romero ha padecido de un edema pulmonar que le dificultaba la respiración del que aún se está restableciendo. El equipo médico evitó dar detalles sobre su estado de salud “por deseo de la paciente”. Tampoco confirmaron si Romero será trasladada de habitación o de planta, como ayer anunció la portavoz de la familia, Teresa Mesa. Lo que sí cambia son las medidas de protección del equipo sanitario que se atiende. Ya no es una paciente infecciosa.

La paciente se repetía a sí misma que saldría adelante, según la amiga

Arribas destacó la “enorme fortaleza física y mental” de Romero como una de las claves de su curación. La paciente recibió tratamiento de soporte (básicamente, reponer los líquidos y las sales que se pierden por la deshidratación) y terapias experimentales sobre las que, señaló el especialista, es imposible conocer si han jugado algún papel en la recuperación. “Sin un grupo de control no sabemos si añaden algo de eficacia. Esa incertidumbre la tienen todos los equipos en el mundo que tratan a pacientes de ébola”. Romero ha recibido plasma sanguíneo de convaleciente, en concreto de la religiosa Paciencia Melgar, que superó la enfermedad en Monrovia (Liberia) y donó su sangre, y un antiviral llamado favipiravir.

“Hemos pasado por días duros”, aseguró Marta Arsuaga, una de las cuatro especialistas en Medicina Tropical que se han turnado para atender a Romero. Añadió que el equipo médico lo ha pasado mal y ha vivido con “preocupación” la evolución de la enferma. “Estas cuatro PCR negativas nos dan una alegría”. “Hay que esperar que ella recupere fuerzas, que su sistema inmune se recupere. Entonces estaremos contentísimos”, añadió. Romero ha manifestado su intención de donar plasma sanguíneo para que pueda ser usado con otros infectados, según la portavoz de la familia. El equipo médico no confirmó ayer ese extremo, pero sí explicó que aún es pronto para hacer la extracción.

Aunque los médicos no facilitaron información detallada del estado de Romero por deseo de la paciente, la portavoz de la familia sí adelantó algunos detalles. Según Mesa, la auxiliar “no tendrá secuelas porque es fuerte y joven”, pese a tener dañados los pulmones. Mesa explicó que la paciente pasó un mal día el lunes “porque es muy tragona y debió de comer un chorizo o algo así”. La auxiliar pidió a sus compañeros alimentos sólidos al final de la semana pasada. Horas antes de que se conociera el examen que destierra definitivamente la presencia del virus de la sangre de Romero, la portavoz contó a los periodistas que la auxiliar llegó a temer por su vida durante su hospitalización. Le ayudó el hecho de ser “creyente” y también que se repetía a sí misma que tenía que salir adelante.

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El marido, Javier Limón, “nunca tuvo miedo de ser contagiado” por su mujer, señaló la portavoz, que explicó que saldrá del hospital “el 27 ó 28” de octubre, cuando se acaba el periodo de observación de 21 días por ser un contacto de riesgo.

Romero desconoce aún que se ha sacrificado a su perro, Excálibur, como medida preventiva. No ha visto periódicos. Hace días que se levanta, se sienta y come y le están llevando revistas “superficiales” para que se distraiga, según Mesa.

La sanitaria no se explica aún cómo se produjo el contagio al tratar al misionero fallecido Manuel García Viejo y no recuerda haberse tocado la cara ni ninguna conversación mantenida durante los primeros días de hospitalización. Tampoco recuerda ninguna conversión mantenida durante su hospitalización. La portavoz insistió en que es una profesional “muy prudente” que intentó evitar peligros para sus compañeros. Ella misma se colocó las vías y los pañales cuando empezó a encontrarse mejor, según Mesa, “Está muy agradecida con sus compañeros de trabajo”, añadió la portavoz. “Han sido su gran familia”.

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