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El petróleo de la discordia

La incertidumbre sobre los efectos de la búsqueda de petróleo en Canarias divide a la población

Toni Garllado, representante del Comité Científico de la Reserva de Fuerteventura.

Juan Brito, lanzaroteño, 95 años, dice que el petróleo que Repsol va a buscar en Canarias puede ser “como las plagas de la langosta” que en los años sesenta venían de África y arrasaban plátanos y tomates, sustento económico entonces del archipiélago. El símil le sirve al veterano alfarero (un artesano nacido en 1919, como César Manrique, el artista que marcó la conciencia ecológica isleña) para alertar: el petróleo que buscan Repsol y sus socios puede dañar el mar, “y si el mar se daña, el turista se va”.

Brito le pone metáfora al pleito. No todos aquellos ciudadanos con los que hablamos esta semana en las islas (científicos, economistas, catedráticos, ecologistas, comunicadores…) tienen la misma impresión. ¿Será una plaga o una bendición? Muchos piensan que el petróleo será un riesgo para el turismo y para el mar. Puede crear empleo, energía, dicen los que están a favor. ¿Y los riesgos? Se pueden controlar, dicen. Otros consideran que no han sido bien evaluados los riesgos.

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JUAN BRITO, artesano: “Somos migas de pan en el Atlántico; como no tengan cuidado con estas islas se diluirán en el océano”.

El pleito tiene pocos matices. El Gobierno canario no quiere las prospecciones; cree que el Gobierno central (cuyo ministro de Industria y Turismo es el canario José Manuel Soria) hace mal en desoír sus demandas; y quiere consultar al pueblo. Incluso ha planteado una ruptura institucional como protesta al trato que recibe.

Antonio Afonso, geólogo, uno de los ciudadanos con los que hablamos, ha buscado petróleo para muchas compañías del mundo. “He trabajado para Shell, para Chevron, para Gulf… He encontrado petróleo. Sé que de sesenta sondeos, uno es comercial. Se están haciendo en Marruecos, y no pasa nada”. Si hay indicios de que puede haberlo, “¿por qué no ha de buscarse aquí?”. La gente teme un derrame, como en México. “Las posibilidades de accidente en sondeos de exploración [como los que prepara Repsol] son prácticamente nulas…”. Impactaría en las desalinizadoras. “Eso es imposible: el petróleo es biodegradable, se lo comen las bacterias, se queda flotando”. “La alarma se ha creado artificialmente y se dicen muchos disparates… Se han hecho prospecciones en España, en todas partes”.

Le preguntamos a José Luis Rivero, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna; forma parte del Comité Científico de la Biosfera en Canarias. “La sociedad”, dice, “tiene el corazón divido. Aprieta la crisis, por tanto la posibilidad de que esto cree empleo es atractiva. Pero está el miedo al accidente”. Y hay “desconfianza genérica sobre cualquier propuesta de los políticos”. Una sociedad poco acostumbrada a decidir no puede discernir con sosiego sobre algo tan importante. Las explicaciones, dice Rivero, no han calmado las incertidumbres. ¿Pudo haberse hecho de otra manera? “Sí, las autoridades debieron buscar consenso para afrontar el problema desde el inicio”.

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ANTONIO GONZÁLEZ VIÉITEZ, economista: “Es un desvarío político, una apuesta por lo viejo, el petróleo, frente a lo nuevo, las renovables”.

Parecida opinión tienen los arquitectos Elsa Guerra y Joaquín Casariego, profesores en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y en universidades norteamericanas, que trabajan actualmente en litorales isleños. “No hay un debate real”, dice Elsa. “No se puede trasladar a la población la decisión sobre la política energética”. Se tienen pocos datos “sobre cuestión tan relevante, por lo cual todo deriva en un rifirrafe político”. Joaquín aporta un elemento que escuchamos otras veces: por las aguas canarias transitan barcos de todo tipo sin que se haya fijado nunca un protocolo sobre sus vertidos, que pueden ser tan peligrosos como el que venga del petróleo. “El riesgo puede ser pequeño, en el caso de estas extracciones, pero hay que otorgarle importancia. Un derrame aquí puede ser dramático”.

El debate está entre el pasado (el petróleo) y el futuro (las renovables). Lo dice Antonio González Viéitez, autor (con Óscar Bergasa) de Desarrollo y subdesarrollo de Canarias, un libro mítico publicado en 1969 y reeditado hace veinte años. Es también miembro del comité científico de la biosfera y agricultor ecológico. Concibe como “un penoso desastre” que las autoridades españolas (y Repsol, “el adelantado Brufau”, como dice él, recordando a los conquistadores de Canarias) lo cifren todo al petróleo. Pide respeto para las instituciones canarias que piden un consenso para “acabar con este desvarío político” que impide el desarrollo de las renovables. El petróleo es, dice, “lo viejo, lo que contamina”. ¿Y si se producen las prospecciones? “¡Montamos la sexta flota a base de barquillos, chalanes, lanchas de hojalata! ¡A favor del mar limpito!”

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JOSÉ LUIS RIVERO, economista: “Aprieta la crisis, por tanto la posibilidad de que esto cree empleo es muy atractiva”.

Ricardo Haroun es biólogo, profesor en la Universidad de Las Palmas; participó en un informe que contribuyó a configurar el que presentó Repsol sobre el impacto ambiental de estos sondeos. Le parece que este pleito sobre la idoneidad del petróleo en aguas canarias “es muy simplista, está falto de contenidos técnicos y de información adecuada para que la gente se forme una opinión”. Hay, dice, “una gama de grises” que no se puede resolver diciendo que esto es una pelea José Manuel Soria-Paulino Rivero (eventualidad que también desmiente Viéitez). Lo que dice Haroun es que “el petróleo sigue siendo una fuente de energía que hay que aprovechar. Mientras no haya suficientes renovables, el petróleo importa”. Para lograrlo, dice, “hay que asumir los riesgos que devienen de la búsqueda de ese combustible fósil”.

Aportó sus advertencias sobre posibles vertidos (mortandad de especies, destrozos), al informe que entregó Repsol sobre impacto ambiental, pero debieron acogerse las autoridades, dice, a criterios más economicistas... “El riesgo existe, y aunque haya un 2% de riesgo, eso es riesgo”.

Jesús Cisneros, doctor en Oceanografía Física y profesor de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas, le dijo a Elena Sevillano en este periódico que la metodología empleada para el informe de impacto ambiental pretendía reducir artificialmente la probabilidad del riesgo, y el propio Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX), del Ministerio de Medio Ambiente y del de Fomento, consideró “medio” y no “bajo” el peligro de vertido incontrolado mar adentro respecto al calculado por la petrolera... En una conversación posterior, el profesor Cisneros nos dijo que resulta lamentable que no se haya encauzado el debate según parámetros técnicos; “Repsol no lo ha puesto fácil”. Y la actitud no es la que están manteniendo con respecto a las prospecciones en Baleares o en Málaga... “Sus estudios de impacto son tan deficientes que a mí me hubieran avergonzado si los hubieran hecho mis alumnos”.

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ANTONIO AFONSO, geólogo: “Las posibilidades de accidente en sondeos de exploración son prácticamente nulas. Se debe informar bien a la gente”.

Michel André, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña, especialista en contaminación del medio marino, alerta: hasta que no haya nuevas fuentes de energía, las fósiles son imprescindibles. “Si las operaciones de perforación revelan que las reservas de petróleo y de gas contenidas en aguas del archipiélago pueden permitir ofrecer una independencia energética a Canarias se debería contemplar efectivamente apoyar esta iniciativa”. Siempre y cuando, añade, “las compañías demuestren su compromiso de emplear tecnologías de mitigación disponibles para la reducción de riesgos ambientales”.

Carmelo León (profesor de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Las Palmas, especialista en Economía del Medio Ambiente) cree que en este intercambio sobre la conveniencia o no de los sondeos “ha habido más criterios políticos que técnicos”. No hay una voluntad política, dice, para activar las energías renovables, y por esa carencia entra el petróleo como imprescindible... “Pero la posible producción de petróleo en Canarias no resolverá la dependencia energética”. ¿Por qué se hace? “Porque es un gran negocio”. Tampoco generará tantos puestos de trabajo “como se dice en los eslóganes políticos” que inciden en una población que no ha asistido a ningún debate solvente “sobre riesgos y beneficios de la iniciativa”.

Toni Gallardo, representante del comité científico de la biosfera en Fuerteventura, nos llevó al punto de la isla más cercano a África, el faro de la Entallada. Allá arriba reivindicó su deseo de que “no toquen este paraíso. Ha costado mucho proteger esta costa como para ponerla ahora descarnada y en peligro”. En el horizonte, a los 60 kilómetros en que estarán previsiblemente las plataformas de sondeo, se ve la silueta de un barco que se va. “El petróleo es una mala elección; una energía caduca”. ¿Lo terminarán haciendo? “Nadie juega pensando que va a perder”.

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ELSA GUERRA, arquitecta: “Es decepcionante ver que ante un tema tan relevante no haya habido un debate real y sosegado”.

Félix Hernández, majorero, trabaja en la construcción, en Guinea, desde hace 15 años; ha visto el efecto del petróleo allí, “y no es negativo, al contrario”; tampoco ha visto que las playas se hayan visto perjudicadas; él cree que aquí se ha politizado el asunto, y aunque está favor de las renovables piensa que el petróleo, si aparece, no se debe desdeñar.

Moisés Jorge, director del comité científico de la biosfera, no lo cree así; él defiende la promoción turística de la que vive la isla, “y cualquier riesgo afecta a los mercados internacionales”. “Y además nunca existe riesgo cero”. Y el riesgo cero es el único que aceptaría.

Bruno Santana, que ha trabajado en plataformas, en África y en Bermeo, por ejemplo, está mucho más tranquilo, aunque como muchos otros considera que hay poca información y que ésta “está manejada por los políticos”. No, no cree en el peligro del petróleo, “los accidentes se prevén, y si ocurren se solucionan”. Ahora bien, dice Bruno: “El petróleo le perjudica al mundo; pero si no hay pan hay que hacer tortas”.

Antonio Hormiga, representante de la patronal turística majorera, está en contra de las prospecciones. “Las aguas, el mar, la playa, el turismo: ese es nuestro petróleo. Blanco y en botella: si no se ven beneficios no existen y los riesgos son infinitos, ¿qué vas a decir? Pues que no. ¡La suerte será que no haya petróleo!”.

En Lanzarote Fernando Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique, dice que si no defendiera el no, no estaría honrando el legado de César... Trae consigo, muy subrayado, un informe de la Cátedra de Turismo CajaCanarias-Ashotel-Universidad de La Laguna sobre Turismo y prospecciones petrolíferas en Canarias, de septiembre de 2013... Este es uno de sus subrayados: “El peor escenario planteado por la compañía en este informe es el derrame de crudo por una explosión incontrolada del pozo de exploración, lo que denomina blowout. En este escenario se derramarían en profundidad 30.000 barriles de crudo durante treinta días”. Añade el informe que la probabilidad de que ocurra este accidente es “una vez cada 5.251 sondeos de perforación. “En este caso se prevé que se verían afectadas la costa africana y la de las islas de Fuerteventura y Lanzarote”... Esa eventualidad es una alarma para el director de la fundación que lleva el nombre del personaje más emblemático de la ecología canaria. Gómez Aguilera considera que “el debate ha sido muy intenso” y que ahora es pertinente que hable la ciudadanía. Si esta es desoída, dice, “esto puede derivar en un conflicto con el Estado respecto al trato que recibe Canarias del Gobierno central en contraste con el que reciben Málaga o Baleares”, que afrontan la misma posibilidad de extracciones.

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BRUNO SANTANA, trabajador de plataformas: “Nunca pasó nada. Creo que el petróleo daña, pero cuando no hay pan hay que hacer tortas”.

Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago, que vivió aquí con el Nobel portugués desde 1993, está a nuestro lado y corrobora. “No, ningún argumento de los que he escuchado a favor me han hecho cambiar de posición”. Fuimos con parecidas preguntas a Andrés Cedrés, director gerente de la Organización de Productores de Túnidos. En la Casa del Mar de Arrecife nos dijo: “La pesca es cada vez más difícil, porque la pervierten los que pescan furtivamente e ilegalmente. Que venga el petróleo es una perturbación; los peces se van por el ruido o por la contaminación; nunca se nos ha aclarado si esto nos perjudicará. Si nos explicaran entenderíamos. No, en contra no estamos: lo que tenemos es miedo y duda. Hay poca información y la que hay no nos la creemos”. ¿Su sensación? “Que por mucho que nos opongamos esto se va a hacer”.

Vidal Martín, que está al frente de la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario, tiene como objeto de sus estudios (y de su cuidado) en la zona de las previsibles prospecciones. “Les afectará a los cetáceos, afectan a sus oídos y a su cuerpo, está demostrado... Aquí están 28 de las especies de ballenas y delfines del centenar que hay en el planeta... La documentación de la compañía es antigua, no contempla los efectos del sonido de estas prospecciones”. Beatriz Ayala, la directora de WWF (la antigua Adena) en Lanzarote, cuestiona radicalmente los beneficios (empleo, energía) que se barajan, y añade el efecto negativo que para el medio ambiente tendrán los sondeos y la previsible explotación, “un atentado a la biodiversidad”. ¿Se hará? “Espero que no. Y si lo deciden finalmente seguiremos luchando desde la legalidad”.

Nuestra última conversación fue con Susana Pérez, presidenta de la Asociación Insular de Empresarios de Hoteles y Apartamento Turísticos de Lanzarote. Sus asociados se están pensando una respuesta a la disyuntiva: ¿conviene o no conviene al turismo el proyecto petrolífero? Ella no se quiere posicionar mientras tanto. ¿Percibe inquietud internacional sobre lo que puede suponer? “Está habiendo relámpagos, todavía no muy significativos”. Estuvieron con el ministro Soria. ¿Los tranquilizó? “Nos dijo que los riesgos son mínimos”. Ellos le pidieron, dice, “máximas garantías medioambientales y económicas para las islas”. Entendimos que él asintió.

Cuando empezamos estas conversaciones con ciudadanos canarios no directamente implicados en la política (ni en las empresas concurrentes) hablamos con un veterano periodista, Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca, premio Canarias de Comunicación, que vive en Tenerife desde 1976. Él es favorable a las prospecciones, “los riesgos [de blowout] son del 0,003%, el Gobierno canario ha alarmado excesivamente, convirtiendo esto en una pelea entre Soria y Rivero”. Le preguntamos en qué está de acuerdo de lo que dicen los que están en contra de su opinión. Nos dijo: “La falta de tacto y de respeto con la que se ha tratado a las instituciones canarias; defiendo la dignidad del Gobierno de Canarias, que ha sido ninguneado”.

Desde sus 95 años Juan Brito advierte contra la plaga. El desencuentro definitivo sobre este asunto entre las dos Administraciones puede ser, en este punto, la plaga que faltaba.

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