Análisis
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La memoria herida del ex tesorero de Aznar amenaza al PP

Lapuerta ha sido citado a declarar para conocer su papel en el control de las cuentas ocultas al fisco

Álvaro Lapuerta, de 86 años, abogado del Estado y ex tesorero nacional del PP, guarda en su memoria algunos secretos que pueden hundir aún más el prestigio de un partido vapuleado por el escándalo de corrupción del caso Gürtel.

Hace algo más de un año, Lapuerta sufrió dos “extrañas caídas”, según sus 10 hijos, y estuvo varios días en coma. Desde entonces, su memoria quedó herida.

Imputado en el caso Bárcenas, una rama del caso Gürtel que investiga la financiación ilegal del PP durante 20 años a través de una caja b, Lapuerta acudió a declarar ante el juez Pablo Ruz el pasado noviembre. En aquella ocasión alegó problemas “vasculares” y se negó a responder con el argumento de que no podía forzar la memoria porque se agravaría su enfermedad. Su silencio protege al PP desde que estalló el escándalo.

El magistrado de la Audiencia encara estos días la última fase de la investigación y ha vuelto a citar a Lapuerta para conocer su papel en el control de las cuentas ocultas al fisco.

Durante 15 años, entre 1993 y 2008, fue Álvaro Lapuerta el jefe de las finanzas designado por José María Aznar, el presidente del PP que le nombró tesorero. Durante ese tiempo, un periodo de poder inmenso en la historia de la formación conservadora, Lapuerta trabajó mano a mano con Luis Bárcenas, gerente, para garantizar que nunca faltaría dinero en el PP.

En ese afán, Bárcenas tenía más experiencia que Lapuerta pues había asumido tres años antes de forma interina el control financiero del partido a raíz de la dimisión del tesorero anterior, Rosendo Naseiro, acosado por otro escándalo de corrupción.

Bárcenas heredó en 1990 de Naseiro la caja b del PP, que continuó captando numerosas aportaciones ilegales de fondos. Cuando Aznar nombró en 1993 a Lapuerta tesorero nacional, Bárcenas siguió como gerente del partido al cuidado del tesoro oculto y mantuvo su tarea de amanuense de la contabilidad paralela, donde apuntaba por escrito las entradas y salidas de dinero negro. Su trabajo fue supervisado desde entonces por Lapuerta, que rubricaba en los márgenes del cuaderno de Bárcenas una especie de visto bueno a las cuentas ocultas.

Aunque Ruz no ha conseguido acreditar que esos visés de los márgenes de la contabilidad paralela son obra de Lapuerta, numerosos testimonios que obran en la causa prueban que durante su mandato de tesorero el PP se benefició de un flujo de dinero opaco al fisco que terminaba en manos de dirigentes del partido o de profesionales que prestaban servicios en Génova 13.

El juez mantiene imputados a Lapuerta y a Bárcenas, y pese a que muchos de los delitos que contiene la caja b estarían prescritos, los que permanecen vivos y son perseguibles por la justicia afectan de igual manera a los dos ex tesoreros del partido.

Mientras que Bárcenas ha confesado todas las irregularidades financieras en la historia reciente del PP; Lapuerta las ha negado en sus lacónicas explicaciones ante la Fiscalía Anticorrupción –en la primera fase de las investigaciones- y en la Audiencia Nacional. “Cada vez que había un donativo”, contó Bárcenas al juez, “lo recibía directamente Álvaro Lapuerta y subía a ver al presidente o al secretario general y le decía: “oye, ha venido a vernos tal personal y nos ha entregado tal cantidad”.

Bárcenas sostiene que Lapuerta tenía el contacto directo con los empresarios que aportaban fondos al PP, y que él se limitaba a apuntar los ingresos y dar cuenta de los gastos bajo el control de su jefe directo, el tesorero Lapuerta.

Ahora, el juez Ruz pretende conocer si el dinero que supuestamente robó Bárcenas de la caja b del PP para su lucro personal estaba controlado por Lapuerta y, por tanto, éste consintió la sustracción de fondos.

Las respuestas del ex tesorero que nombró Aznar pueden desnudar aún más el sistema de financiación ilegal que usó el PP durante 20 años.

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