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Una estrecha relación con los monarcas del Golfo

El clima de confianza han proporcionado importantes contratos en la región

La transición española constituye un modelo en ciertos sectores del mundo árabe

El príncipe Muqrin bin Abdulaziz Al Saud (en el centro), viceprimer ministro saudí y viceheredero, saluda a la ministra española de Fomento, Ana Pastor, en presencia del rey Juan Carlos, en el Palacio Rey Faisal, durante la visita oficial a Arabia Saudí el pasado mayo.
El príncipe Muqrin bin Abdulaziz Al Saud (en el centro), viceprimer ministro saudí y viceheredero, saluda a la ministra española de Fomento, Ana Pastor, en presencia del rey Juan Carlos, en el Palacio Rey Faisal, durante la visita oficial a Arabia Saudí el pasado mayo.

El Rey Juan Carlos ha mantenido durante su reinado una estrecha relación con los monarcas del Golfo Pérsico. El rey de España ha reforzado los lazos de la diplomacia española pero también los comerciales en la pujante región petrolera. El pasado árabe-musulmán de España queda reflejado en el caso de la Corona Española en uno de los títulos del monarca, el de “rey de Jerusalén”, que se remonta al siglo XVIII.

“Mantengo una profunda y duradera amistad [con Su Majestad el Rey Juan Carlos], hacia quien tengo un gran respeto y estima”, confiaba el rey Abdalá de Arabia Saudí durante una entrevista con este en vísperas de su visita oficial a España en 2006. La misma frase podrían suscribirla el resto de los monarcas árabes. Más allá de la cortesía diplomática, la sinceridad de esas palabras se ha reflejado a lo largo de los años en las visitas no sólo oficiales sino también privadas que las familias reales han intercambiado. Pero ¿se han traducido esas buenas relaciones personales en beneficios tangibles?

Desde el punto de vista español, parece evidente que sí. La concesión del AVE de La Meca a un consorcio español se atribuyó a la intervención directa del rey Juan Carlos ante el monarca saudí. La última visita del rey Juan Carlos a la región del Golfo fue hace apenas un mes. Fue un viaje que le llevó de gira por los seis países del llamado Consejo de Cooperación del Golfo, destinado a facilitar contratos para las empresas españolas. “El rey no firma contratos, pero crea clima”, afirmó en aquella ocasión el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno.

El clima de confianza que el Rey Juan Carlos ha labrado con los monarcas de Golfo no se ha visto enturbiada por las acusaciones de restricción de los derechos humanos en reinos como el de Bahrein, donde las revueltas populares han sido reprimidas con dureza a partir de 2011. Lo mismo sucedió durante el viaje el pasado mayo a Arabia Saudí, donde el rey aceleró las gestiones para la venta de entre 250 y 300 carros de combate Leopard españoles. Este país, criticado duramente por las organizaciones de defensa de los derechos humanos, es precisamente el que ha otorgado a las empresas españolas su mayor contrato en el extranjero (6.736 millones de euros) para construir el AVE Meca-Medina. La visita última gira concluyó con el cierre de una decena de acuerdos bilaterales.

Desde el lado árabe, algunos reformistas han estudiado con interés la transición española. Hasta el punto de que, cuando comenzaron las revueltas árabes hace tres años, hubo comentaristas que la sugirieron como modelo.

“El mejor consejo que el Gobierno de EEUU podría ofrecer a los líderes de los regímenes amigos en Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, EÁU, etc es que llamen por teléfono al Rey Juan Carlos I de España”, escribía Matthew Yglesias en la web liberal ThinkProgress.org. El autor afirmaba que la monarquía constitucional ha tenido éxito como forma de Gobierno y que Juan Carlos había “supervisado personalmente la transición”.

No hay constancia de si alguno de los monarcas árabes hizo caso de la recomendación. De hecho, las tímidas reformas emprendidas por Marruecos o Jordania quedan muy lejos del vuelco que se produjo en España a la muerte de Franco, en 1975. Pero como apuntaba acertadamente Shadi Hamid, investigador de la Brookings Institution, Juan Carlos “nunca gobernó como un monarca absoluto de entrada” y el dictador preparó el camino para su regreso.

Lo que los monarcas árabes han esperado de Juan Carlos (y previsiblemente seguirán esperando de su sucesor, Felipe) es apoyo a las “causas árabes”, a la cabeza de todas ellas, la palestina. “Albergamos grandes esperanzas de que España pueda contribuir de forma positiva a reavivar el proceso de paz para Oriente Próximo que lleva el nombre de Madrid, porque la posición de España en este asunto siempre ha sido honorable”, dijo Abdalá de Arabia Saudí durante la entrevista.

A pesar de los acontecimientos que han sacudido al mundo árabe en los últimos tres años, ese asunto sigue siendo central para todos los reyes de la región. En gran medida por la terrible injusticia que perciben los árabes, pero también porque sigue siendo un asunto que permite eludir los grandes retos internos que todas las familias reales afrontan ante los deseos de cambio insatisfechos y el avance del islamismo.

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