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El mensajero de Corea del Norte

“¿Hay algún sistema de ejecución aquí?”, pregunta el embajador del país más secreto

Corea inaugura legación en Madrid, cerca del CNI, en un tímido intento de apertura

El embajador de Corea del Norte en Madrid, Kim Hyok-Chol.
El embajador de Corea del Norte en Madrid, Kim Hyok-Chol.

La bandera de Corea del Norte ya ondea en Madrid. Y el rostro afable y risueño de Kim Hyok-Chol, de 43 años, embutido en un impecable traje azul marino, camisa blanca bien planchada, corbata roja y zapatos negros, es el sorprendente representante de la temida dictadura comunista, donde pensar diferente puede costar la cárcel o la muerte. El nuevo líder, Kim Jong-un, de alrededor de 30 años, heredero de una dinastía que gobierna el país desde hace tres generaciones, ha inaugurado su mandato ejecutando a su tío y mentor político, Jang Song-thaek, de 67, para eliminar, en sus propias palabras, a la “escoria disidente”.

El embajador Kim Hyok-Chol, su mujer, sus dos hijas, de 10 y 13 años, y cuatro funcionarios acaban de estrenar la sede diplomática, un lujoso chalet de dos plantas y unos 600 metros cuadrados en la exclusiva urbanización de Valdemarín, en el distrito madrileño de Moncloa-Aravaca, a cinco manzanas de la sede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y muy cerca de la vivienda del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Una elegante casa con piscina, pista de tenis, cancha de baloncesto y una enorme parcela-jardín cerrada y vigilada con cámaras de seguridad. Un escenario de lujosa decoración minimalista que poco tiene que ver con la imagen de austeridad que transmite el régimen norcoreano.

Kim no parece impresionado por las comodidades que lo rodean. Siempre ha estado destinado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, estudió cultura inglesa en la Universidad de Pyongyang, ha viajado por Europa y conoce las culturas de los países occidentales (cita a Cervantes, Tolstói, Victor Hugo y Dostoievski). “No tengo ningún límite, podemos ser invitados a cenar, tomar alcohol. En mi país no hay casinos, pero hay cultura, teatro, deporte. En mis días de descanso he disfrutado mucho con mis hijas en la ópera coreana. Nos divertimos”, afirma riéndose.

El secretismo en Corea del Norte no afecta solo a los occidentales: el nuevo embajador en Madrid tampoco conoce la edad de su líder, el Brillante Camarada, como no la sabe casi nadie entre los 25 millones de habitantes de este país en el que rige el sistema de castas conocido como songbun, y que distingue entre los leales, los vacilantes y los hostiles. El diplomático Kim Hyok-Chol, sin duda, pertenece a la primera categoría, una aristocracia de fieles que se reparte el poder desde la época del primer Gobierno absoluto del Gran Líder Kim-II-sung, fundador de Corea del Norte, al que sucedió su hijo Kim Jong-il, el Querido Líder y ahora su nieto Kim Jong-un. El secreto sobre la vida personal o profesional de la dinastía Kim es absoluto.

—Su nuevo dirigente, Kim Jong-un, es muy joven. ¿Qué edad tiene?

“Tenemos lugares maravillosos. Mi país se se puede visitar. Y además es muy barato”, comenta Kim Hyok-Chol

El embajador no responde a la pregunta formulada hasta tres veces de diferente manera. Sonríe con amabilidad, pero no contesta porque asegura que ignora la respuesta.

—¿Cómo es el líder? ¿Qué podría contarnos de él?

—Estoy muy ansioso de verlo y conocerlo. Todavía no he tenido la oportunidad. Todo el pueblo está orgulloso del Gran Mariscal y Brillante Camarada, máximo dirigente del Gobierno y del pueblo. Está trabajando para desarrollar la economía y mejorar las condiciones del pueblo.

—¿Por qué este secretismo respecto a su familia y edad?

—Nuestra cultura es diferente, nuestra historia es diferente, somos diferentes.

—La ejecución del tío del nuevo líder no es una buena tarjeta de presentación para un diplomático como usted.

—Era un traidor. Las agencias de información de los países occidentales dicen que lo han matado con cien perros. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué propagan esas mentiras y dicen que esto es un síntoma de inestabilidad del país? No confíe usted en lo que se publica.

—Pero lo han ejecutado, han ejecutado al segundo hombre más poderoso del régimen, al mentor y tío del nuevo jefe.

—Sí, nuestro Gobierno ha informado.

—¿Cómo ha sido la ejecución?

—En nuestra República estamos en una situación especial, estamos en una tregua, la guerra no ha terminado. Hay personas que cometen errores y hay que actuar. Ejecutamos para defender nuestra soberanía. Tenemos un sistema de ejecución porque vivimos una situación muy especial. Pero créame, los coreanos somos amantes de la paz y la justicia. Yo desde que nací hasta ahora siempre he sentido un ambiente de guerra. ¿Hay algún sistema de ejecución en su país?

—No, aquí no ejecutamos a nadie.

El embajador Kim Hyok-Chol aguanta sin torcer el gesto las preguntas más incómodas sobre un régimen en el que se asegura que el año pasado se ejecutaron en público a 40 personas de la casta de los hostiles y en el que supuestamente hay 100.000 presos políticos. Una dictadura sancionada por la comunidad internacional por su carrera nuclear. “Necesitamos una ofensiva nuclear para defender a nuestro pueblo y a nuestro país. Quieren liquidar nuestro régimen. ¿Qué harían ustedes si castigan a su Gobierno? ¿Lo aguantarían? No queremos armas nucleares para siempre. Si nos diesen garantías de que no van a atacarnos no harían faltan armas nucleares. Hemos propuesto la desnuclearización de la península coreana, pero en 1956 EE UU llevó a Corea del Sur armas nucleares y desde entonces cada año aumentan”. El diplomático critica los ejercicios militares de EE UU en Corea del Sur y asegura que su objetivo es “atacar a la República por sorpresa”. “La guerra no ha terminado”, insiste.

El régimen norcoreano ejecutó en diciembre a Jang por traidor y porque se contaminó “por la forma de vivir capitalista, utilizó drogas y derrochó divisas en casinos mientras recibía tratamiento médico en el extranjero bajo el cuidado del partido. También “tuvo relaciones impropias con varias mujeres y fue agasajado con vino y cenas en salas reservadas de restaurantes de lujo”, según la agencia oficial KCNA. Pese a esos y otros actos brutales, Corea del Norte quiere acercarse a Europa. Además de la Embajada en Madrid, recientemente ha abierto legaciones en otros 10 países europeos, incluyendo Alemania, Italia y Reino Unido.

Kim Hyok-Chol es, además de aficionado a la lectura, un amante del fútbol. En Corea del Norte la televisión emite la liga española, y entre los proyectos del embajador está que los jugadores de Corea aprendan la técnica de los equipos españoles. La sede en España de la Organización Mundial del Turismo es otra de las causas por la que asegura que han decidido abrir delegación en Madrid. “España tiene mucho éxito en el turismo y nosotros queremos fomentarlo. Tenemos lugares maravillosos en la montaña y playas muy bonitas al este y al oeste. ¿Ha oído usted hablar de los montes Kumgang y Myonhyang? ¿Y de la estación de esquí en Masik? Vamos a construir autopistas y aeropuertos”.

—¿Se puede visitar su país?

—Por supuesto, y además es barato.

Las hijas del embajador han empezado a estudiar español y su padre parece convencido de que la oscura e inquietante realidad de su República y de sus dirigentes no será un obstáculo para su misión.