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El faraón de los billetes falsos

El 15 de enero caía uno de los mejores y mayores falsificadores de Europa

Esta es la historia de cómo Rafael Velasco creó una factoría que fabricaba 2.500 euros al día

Chalé de la calle de Mónico García de la Parra, en Bargas (Toledo), donde vivía Rafael Velasco.
Chalé de la calle de Mónico García de la Parra, en Bargas (Toledo), donde vivía Rafael Velasco.

Seguro que habla de mi hermano? No sé de qué me habla...

 —Vamos a ver. Estamos hablando de Rafael Velasco Cedrón. Hijo de Rafael y María. Nacido el 25 de diciembre de 1954 en Bailén (Jaén).

—Sí. Ese es mi hermano.

La casa, un bajo a ras de calle del barrio de Vallecas, es humilde, pero pulcra. En la cocina se oye el bullir de una olla a presión. Es mediodía. La mujer está un poco azarada. Su nieto está a punto de llegar del colegio para almorzar.

—Espere un momento, no sea que se me queme la comida.

Cuando regresa al saloncito, la mujer repregunta entre incrédula y desconfiada:

—¡No me estará usted gastando una broma! ¿Y qué dice que le ha pasado a mi hermano?

Rafael Velasco Cedrón fue detenido hace dos semanas por la Brigada de Investigación del Banco de España, acusado de ser el mayor y mejor falsificador de billetes de 50 euros en España. Estaba en el top ten, en el podio de los más buscados por el Banco Central Europeo. Su centro de operaciones era un chalé de una urbanización de Bargas (Toledo), donde el presunto delincuente había montado una imprenta capaz de fabricar 2.500 euros falsos al día. Además imitaba billetes de 100 dólares que podrían dar el pego al mismísimo Barack Obama.

Rafael Velasco Cedrón, en una foto obtenida de su perfil de Facebook.
Rafael Velasco Cedrón, en una foto obtenida de su perfil de Facebook.

—¡Qué me dice! ¿Otra vez ha vuelto a hacerlo? —inquiere la hermana de Velasco, cuyos ojos desorbitados miran tras sus gafas, escéptica y desconfiada. Solo se convence de que hablamos de la misma persona cuando el visitante le muestra una foto en la que un hombre de tez morena, con barba, sonríe campechano sentado ante un par de jarras de cerveza—. ¡Sí. Es él! —exclama entonces la hermana.

Los padres de Rafael se marcharon de Bailén hace medio siglo. Él, albañil, estaba delicado de salud y pensaron que en Madrid estaría más cerca de los médicos. Se instalaron en un pisito del barrio de Vallecas y allí fueron sacando adelante, a trancas y barrancas, a sus tres niñas y dos niños. Uno de estos era Rafael, un chico poco dado a los estudios que se empleó de aprendiz en una imprenta de la zona de Embajadores. Y asimiló tan bien los secretos del oficio que con el paso de los años se convertiría en uno de los mejores falsificadores de billetes de banco.

Se casó con Mili y tuvo dos hijos. Más tarde se divorció y se casó con Conchi. Artista autodidacto, al joven Rafael se le daba muy bien la pintura. Casi tan bien como las mujeres. A partir de 1986 empezó a constituir empresas de impresión, algunas de ellas con nombre de faraón egipcio: Fotomecánica Keops, Kefren Service, Iconos, Velamar, Proyectgraf, Dronce... En una de ellas se asoció son su esposa, Conchi; en otra, con uno de sus hermanos... Pero sus negocios no iban bien. Agobiado por las deudas, empezó a pedir préstamos a su familia —“para comprar papel”—, y esta a su vez se vio obligada a hipotecar sus casas. “Todavía hoy estamos entrampados pagando al banco”, se queja un familiar.

Cumplió ya dos años de cárcel por falsificar 3,5 millones de dólares en títulos de 50 y 100. Eran casi perfectos

Cuando Rafael Velasco tenía 45 años, en víspera de las Navidades de 2000, fue detenido en la Operación Truman por la Guardia Civil. Esta registró su casa de El Boalo (Madrid) y su imprenta de Collado-Villalba y le acusó de haber falsificado 3,5 millones de dólares en billetes de 50 y 100, listos para ser puestos en circulación, además de pliegos sin cortar por valor de 20 millones más y 1.200 pliegos de pagarés fraudulentos. “Una de las falsificaciones más perfectas descubiertas hasta ahora”, proclamó la Guardia Civil. Tan exquisita era, que el autor hasta se había molestado en hacer la minúscula e imperceptible inscripción que figura en el cuello de la camisa de uno de los padres fundadores de Estados Unidos, Benjamin Franklin: “United States of America”.

Aquel encontronazo con la Audiencia Nacional le costó dos años de cárcel y fue un mazazo para la familia, trabajadora y honrada a carta cabal. No es extraño que ahora, después de aquel episodio, sus parientes se muestren estupefactos de que haya vuelto a tropezar en la misma piedra.

Pero aquel desliz no le sirvió de escarmiento y al poco volvió a las andadas: el Grupo IX de la Brigada Judicial de Madrid le arrestó en 2003 acusado de falsear cheques y pagarés usando carnés de identidad igualmente falsos.

En 2006 unió su vida a Clara Rosa Gaviria León, una mujer nacida en Bogotá (Colombia), 15 años más joven que él. Con ella regentó con escaso éxito un negocio de hostelería en la carretera de Infiesto a Ques (Asturias). De ahí se fueron a Fuengirola (Málaga), donde abrieron otro bar en la avenida de los Boliches, que tampoco fue bien, por lo que la pareja vivió de cuidar a un anciano. Más tarde abrieron otro restaurante en la calle de los Tamarindos de Mijas, donde residían en un chalé alquilado en la urbanización El Lagarejo.

En junio de 2013, un individuo coló un billete falso de 50 euros en una tienda de Jaén. La dependienta se mosqueó y avisó a la policía, que tardó poco en localizar por la zona al sospechoso y a dos compinches. “El billete era muy bueno”, asegura un mando policial. Hasta el punto que hizo saltar las alarmas del Banco Central Europeo, que le asignó un número en clave: 50C90.

Siguiendo la pista de los tres piruleros de Jaén, la Brigada de Investigación del Banco de España llegó hasta el impresor de aquel billete y otros que habían ido apareciendo a lo largo del año en tiendecitas y mercadillos callejeros. El presunto padre de aquellas buenísimas imitaciones era Rafael Velasco Cedrón, a cuyo chalé de Mijas solía acudir una procesión de compradores. Estos los adquirían al 10% de su teórico valor facial, es decir, solo pagaban cinco euros por cada billete de 50.

Velasco, aficionado a la lectura y al cuidado de las gallinas, es un hombre cauteloso y discreto. Estaba inquieto por la constante presencia de visitantes a su casa de Mijas. Así que en noviembre pasado decidió trasladar su negocio a un chalé de la calle de Mónico García de la Parra de una urbanización de Bargas, a dos zancadas de Toledo. Allí trasladó toda su fábrica de moneda: 15 impresoras, plastificadoras, planchas metálicas, negativos, tintas, prensas, máquinas de termoimpresión y hasta un ingenioso horno para el secado de los euros ideado por él mismo.

600.000 billetes al año

El taller clandestino.
El taller clandestino.

- La Brigada de Investigación del Banco de España detuvo durante 2013 a 99 personas (54 de nacionalidad española y el resto extranjeros). De los arrestados, 71 lo fueron en España, y el resto, en otros países.

- La policía desmanteló durante el último año nueve centros de producción de billetes falsos, cuatro de ellos radicados en Madrid, Mallorca, Murcia y Mérida (Badajoz). El resto estaban en Colombia y Perú, según fuentes del Ministerio del Interior.

- Nueve redes de distribución fueron desmanteladas gracias a investigaciones del Cuerpo Nacional de Policía. Ocho de estas bandas operaban en España y la novena lo hacía en Colombia.

- Los pasadores (quienes colocan subrepticiamente los billetes falsos en el sistema económico) son un eslabón básico de la cadena. Durante 2013 fueron desarticuladas seis de estas bandas, con su base de operaciones en distintos puntos de España.

- Las autoridades interceptan anualmente en Europa un promedio de 600.000 billetes falsos de todo tipo de valores.

- La policía española inmovilizó en 2013 y retiró de la circulación 1.733.427 euros falsos, principalmente en billetes de 20 y 50 euros, además de 7.216.500 dólares falsos y 3.169 millones de pesos colombianos.

- Los billetes más imitados son los de 20 y 50 euros. Son mucho más inusuales los de 100, 200 y 500 euros “porque son más difíciles de meter en el mercado”, según los expertos.

La casona, blanca, aislada del núcleo poblacional, limítrofe con un solar y otra casa en construcción, antiguo domicilio de un frutero, reunía todas las características de lo que buscaban Rafael y Clara Rosa. Un lugar discreto donde la imprenta clandestina podía pasar desapercibida.

Sin embargo, los agentes de la Brigada del Banco de España, con el comisario Alfredo Cabezas al frente, seguían estrechando el cerco en torno al número uno de los falsificadores de euros en España. Tanto que el pasado 15 de enero, bien de mañana, activaron la Operación Espada-Tamarindos: entraron en el chalé de Velasco y se lo llevaron a él y a su mujer. Engrilletados. El juez encargado del caso decretó el ingreso de ambos en prisión.

—¿Dice usted que Rafael está preso? —pregunta absorto un cuñado de Rafael.

—Sí, está en la cárcel de Soto del Real (Madrid). ¿Nadie les ha informado? ¿No pidió él que les avisaran?

—No. No sabemos nada. Por Dios, que no se entere su madre, que es una señora muy mayor y está mal de salud.

La última vez que la familia lo vio fue el año pasado, en la boda de su hijo en Madrid. Como las relaciones con él no son muy fluidas, apenas hablaron con él durante el ágape nupcial. Pero en algún momento comentó a unos invitados que estaba trabajando en “asuntos inmobiliarios” en la Costa del Sol. Como es lógico, no les habló nada de su imprenta ilegal. “Eso debe de ser como otra vez, hace años, cuando nos dijo que estaba trabajando en la construcción de carreteras”, se malicia un familiar.

Los sucesivos negocios de Velasco habían ido de fracaso en fracaso hasta el desastre total. Fuentes de la investigación creen que eso hizo que se decidiera a retomar su actividad de impresor, que, sin embargo, no le hizo rico (ahora tenía sus cuentas bancarias exhaustas).

Una de las ocupaciones favoritas del faraón de las falsificaciones era el estudio constante de nuevas técnicas de reprografía. La policía calcula que durante el último año puso en circulación unos 300.000 euros ficticios, aunque estima que llegó a parir un millón. Muchos de estos billetes han ido apareciendo a lo largo de 2013 en Madrid, Galicia y Andalucía, así como en Bélgica, Holanda, Portugal, Rumanía y Grecia, según Farida Belghazi, oficial de enlace de Europol. “Siempre billetes sueltos; nunca en lotes”, explica un mando policial, que está seguro de que en los próximos meses seguirán aflorando más. “Aunque también es posible que los compradores los dejen dormir durante un tiempo con la esperanza de que disminuyan las alertas”, agrega la misma fuente.

A su chalé de Mijas acudía una procesión de compradores que pagaban cinco euros por cada billete de 50

La Brigada de Investigación del Banco de España, que es la unidad competente para la investigación de todos los delitos relacionados con la falsificación de moneda, no da aún por cerrada la operación. Continúa las pesquisas para tratar de identificar y detener a los delincuentes que, como hormiguitas, acudían a aprovisionarse en los chalés de Mijas o Bargas.

Los billetes de la factoría de Rafael Velasco rozaban la perfección. No era fácil detectar el engaño. A simple vista, cualquier persona podría creer que eran auténticos. Pese a estar hechos en simple papel, en lugar del algodón que se utiliza en los billetes de verdad, su textura, su color y su sonido eran casi exactos. Un calco.

Él se había empleado a fondo para ofrecer un producto de alta calidad. Tanto es así que la policía afirma que sus falsificaciones están entre las 10 mejores de Europa. “Mejor dicho, es la más perfecta falsificación de un billete de 50 euros. Los italianos de la Camorra napolitana son muy buenos, pero están especializados en los de 5 y 20 euros, que representan aproximadamente el 70% de las falsificaciones”, resalta un especialista policial.

Pese a todo, los expertos del Banco de España detectaron en la remesa de Velasco fallos como que la marca al agua no se intensificaba al ponerla a contraluz, que el holograma no variaba de imagen y que no cambiaba de color el sello realizado con tinta OVI (tinta ópticamente variable, según sus siglas en inglés). Nada ni nadie es perfecto.

Los billetes incautados por la policía.
Los billetes incautados por la policía.

Los billetes de euro —puestos en circulación en 2002— tienen un cúmulo de medidas de seguridad muy avanzadas, lo que los convierte en una de las monedas más seguras, además de ser una de las de mayor circulación junto al dólar. Unos 300 millones de personas usan habitualmente el euro para hacer sus pagos. Ahora, el Banco Central Europeo está ya lanzando “la segunda generación”, incrementando los elementos de seguridad, como se aprecia en los nuevos billetes de cinco euros.

El papel moneda está hecho de fibra pura de algodón —elaborado en una fábrica de Burgos—, lo que le confiere una textura firme y con carteo (resistente y áspera al tacto). Para poder apreciar las diferencias entre un billete legítimo y uno falso, la policía recomienda “mirar, girar y tocar” para apreciar los hologramas y los relieves que llevan los auténticos.

A pesar de todos los controles, los falsificadores y los traficantes no cejan en su empeño. Todos los bancos y los comercios, incluso los más humildes, disponen de máquinas detectoras de billetes malos. Sin embargo, los traficantes a los que Velasco supuestamente aprovisionaba aprovechaban los resquicios, como colarlos en ferias y mercadillos ambulantes donde hay mucho trasiego y mucho público.

-¿Así que Rafael ha vuelto a hacerlo? Pues no tengo intención de ir a verlo a la cárcel —concluye la hermana de Velasco antes de volver a sus tareas domésticas.

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