La pareja desapareció de la agenda de la Casa del Rey

En 2013, doña Cristina, su marido y sus cuatro hijos se mudaron a vivir a Suiza La Infanta colabora con la fundación que el multimillonario Aga Khan posee en Ginebra

Iñaki Urdangarin, yerno del Rey, fue apartado de la actividad oficial de la Familia Real al trascender su implicación en el caso Nóos. La Zarzuela llegó a tildar su conducta de poco “ejemplar”. En dos ocasiones ha tenido que declarar el exjugador de balonmano del Barça ante el juez. Su esposa, la infanta Cristina, también está apartada de la agenda de actos oficiales de la Casa Real antes incluso de que ella también se viera envuelta en el escándalo.

Cuando el juez imputó a doña Cristina hace ahora ocho meses (el auto luego fue anulado), avanzó que lo hacía para evitar “un cierre en falso y en descrédito de la máxima” de que la “justicia es igualitaria”, y también para que se disipase cualquier “sombra de sospecha” de favoritismo hacia ella. No llamar a declarar a la hija del Rey sería, sostenía el juez Castro en su auto de imputación, “una clara contradicción a la práctica cotidiana de los juzgados y tribunales, que en casos similares es muy escasamente probable que prescindieran de este trámite”. Es decir, de imputarla e interrogarla.

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El fiscal anticorrupción Pedro Horrach (quien desde el principio impulsó junto a Castro la investigación) al final se ha distanciado del juez en lo que respecta a la imputación de la Infanta. Rechaza que se pueda acreditar que la infanta estaba al corriente y participaba en los negocios sucios de su marido, al que se investiga por delitos fiscales y blanqueo de fondos procedentes de las arcas públicas a través del Instituto Nóos y desde la sociedad familiar Aizoon. Horrach sostiene ahora que nadie puede ser inculpado “por ser quien es” y por “meras elucubraciones”. La defensa de la Infanta argumenta algo parecido. Castro, con decenas de informes sobre su mesa procedentes de la Agencia Tributaria y la policía, desentrañará esta semana el futuro de doña Cristina.

La Infanta, hija menor de los Reyes, no está aforada, a diferencia de su padre, que goza de inmunidad. En 2013, doña Cristina, su marido y sus cuatro hijos se mudaron a vivir a Suiza. La Infanta trabaja en la fundación La Caixa. Ahora, además, colabora en Suiza con la fundación que el Aga Khan posee en Ginebra.

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