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Una pequeña recompensa para una gran lucha social

El desafío que ha puesto los desahucios en la agenda comenzó hace cuatro años en Barcelona

Desahucio de un piso en el barrio del Clot de Barcelona.
Desahucio de un piso en el barrio del Clot de Barcelona.

El resultado no les convence. Ni mucho menos. Pero Twitter lo atestigua, en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Barcelona han brindado con cava para celebrar la irrupción, a lo grande, del drama de los desahucios en la agenda pública. Han hecho falta varios suicidios para que el Gobierno y el primer partido de la oposición hayan movido ficha para reformar la Ley Hipotecaria española, la que contempla que una familia pierda su vivienda pero arrastre la deuda de por vida. Pero la lucha contra los desahucios viene de muy lejos. Una victoria como ésta, en la que lo legítimo (evitar que la gente se quede en la calle endeudada de por vida) pasa por delante de lo legal (impedir la entrada de las comitivas judiciales) no se consigue de una semana para otra.

La PAH se creó en Barcelona en febrero de 2009, hace casi cuatro años, cuando consiguió parar el primer desahucio, en la comarca del Penedès. Despegó tras el verano de 2011 y hoy hay 85 plataformas locales en toda España, una extensión territorial que ilustra el alcance del drama. La existencia de un movimiento social que lucha por la vivienda digna se remonta a 2004. Entonces la burbuja inmobiliaria se estaba hinchando y los problemas eran el mobbing inmobiliario –el asedio para echar a inquilinos de renta antigua para realquilar más caro o vender—y sobre todo, el precio de los pisos: costaban una fortuna. En la capital catalana existían colectivos como Miles de Viviendas, el Taller contra la Inmobiliaria o la Guerrilla de la Vivienda, que compartían activistas y objetivo: la vivienda digna.

Pero la verdadera explosión del movimiento se produjo con V de Vivienda, que replicó el título de la película V de Vendetta, y triunfó con su lema “No vas a tener casa en la puta vida”. Tenían hasta superhéroe: Súper Vivienda, que con el número 47 (el artículo de la constitución que habla del derecho a la vivienda) en la espalda irrumpía en toda clase de actos públicos. Fue la época, 2007-2008, de las masivas manifestaciones de jóvenes clamando que no podían emanciparse.

El alma de la PAH es la activista Ada Colau, que participó en todos los anteriores movimientos de protesta. De hecho, comenzó a colaborar en los movimientos antiglobalización en su momento álgido, el 2001, la época de las contracumbres que se celebraban por todo el mundo cada vez que se reunían instituciones como el Banco Mundial, el FMI o el G-8. Una de las frases que repite habitualmente es que moverse tiene sentido, porque “históricamente, se han conquistado derechos que parecían imposibles gracias a la movilización social”. La movida contra las consecuencias del actual sistema hipotecario lo demuestra.

Las PAH son organizaciones totalmente horizontales, que basan su estrategia en asambleas semanales en las que los participantes son a la vez afectados y activistas. Los afectados llegan a las asambleas hundidos, pero topan con gente en su misma situación, lo que les empodera para afrontar su propio caso y les anima a luchar por los demás. En las asambleas se exponen nuevos casos, se informa a los nuevos a partir de la experiencia de los que no lo son tanto y se agendan las movilizaciones de la semana siguiente. Sobre todo, concentrarse para parar desahucios previstos. De uno en uno, se han parado 467, según el último recuento de la página web de la plataforma.

Pero evitar los desahucios es solo una de las patas de la lucha de las PAH. El objetivo final es cambiar la ley hipotecaria, a través de la Iniciativa Legislativa Popular que está en la fase de recogida de firmas. El texto que propone la ILP prevé tres cuestiones: la dación en paro (devolver el piso si no se puede pagar pero y librarse de la deuda); que sea retroactiva para que se pueda aplicar a las miles de familias amenazadas de desahucio; y que se contemple la posibilidad de que permanezcan en los pisos pagando un alquiler social. Sobre este último capítulo, la PAH no se cansa de recordar que buena parte de las entidades financieras que están desahuciando a familias que no pueden pagar por culpa de la crisis han recibido ayudas públicas al ser nacionalizadas.

Tras muchos años de calle y movilización, en las PAH han aprendido también a trabajar con máxima transparencia (asambleas abiertas, apertura total a los medios, a diferencia de otros movimientos más recelosos) y a colocar mensajes muy directos y claros: StopDesahucios es el más famoso. Junto al “¡¡Sí se puede!!” que los concentrados frente a los edificios gritan emocionados cada vez que se para una ejecución. Incontables horas de trabajo voluntario y la crudeza de la crisis ha hecho el resto: la extensión por todo el territorio español, la presencia constante en las redes sociales, la atención de los medios de comunicación y, por último, la de los mismos partidos políticos que durante un año y medio vetaron la admisión a trámite de la ILP en el Congreso de los Diputados.