ASUNTOS EXTERIORES Y COOPERACIÓN

Margallo, agente comercial de la ‘marca España’

La diplomacia se pone al servicio de la política y la cooperación se desvanece

Margallo (derecha), junto a Rajoy, el pasado 8 de marzo en el Congreso.
Margallo (derecha), junto a Rajoy, el pasado 8 de marzo en el Congreso.ÁLVARO GARCÍA

La marca España no vende, al menos en los mercados financieros, donde la prima de riesgo española escaló el viernes hasta los 370 puntos. Entre la espada de los planes de ajuste impuestos por Bruselas y la pared de los intereses cada vez más abultados de la deuda, el Gobierno ha puesto los ojos en el sector exportador, uno de los pocos aún dinámicos en una economía deprimida. Y el ministro José Manuel García-Margallo se ha convertido en agente comercial de una operación de marketing, para recuperar el prestigio de la marca país, que tendrá su puesta de largo en un acto presidido por los Reyes el día 25.

Nunca la diplomacia estuvo tan subordinada a la economía, aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación casi perdiera el segundo apellido después de que esta última recibiera un descomunal hachazo presupuestario del 70% (1.389 millones).

No sorprende que el primer viaje al extranjero del ministro fuese a Arabia Saudí, para firmar el megacontrato del AVE a La Meca. O que planee un redespliegue de embajadas y consulados para abrir sedes en las potencias emergentes a costa de cerrar otras más tradicionales.

El ministro anunció que, donde no haya agregado comercial, los diplomáticos recibirán formación específica y que los nuevos embajadores se reunirán con empresarios españoles con intereses en su país de destino antes de incorporarse al puesto.

Habrá muchas reuniones de este tipo, pues el Gobierno relevó a medio centenar de embajadores en sus tres primeros meses. La promesa de que estos puestos se reservarían a diplomáticos tuvo su excepción en el exministro Federico Trillo, que aterrizó en Londres tras frustrarse su intento de ir a Washington.

El embajador Trillo deberá bregar con el contencioso de Gibraltar, que Margallo reabrió al exigir la remodelación del Foro Tripartito, para incluir al Campo de Gibraltar junto a España, Reino Unido y el Peñón. “O dos banderas o cuatro”, se plantó el ministro. De momento, ninguna.

Pese a la resaca de la primavera árabe, el frente sur parece pacificado. Rajoy cumplió la tradición y convirtió a Marruecos en destino de su primer viaje al exterior, donde le recibió con cordialidad el nuevo Gobierno islamista. Margallo, de su lado, visitó Argelia y Túnez.

El presidente se fue hasta Corea del Sur para coincidir con Barack Obama, aunque el primer encuentro entre ambos no pasó de un cortés saludo. Su ministro se reunió en Múnich con su homóloga Hillary Clinton, quien le agradeció la instalación en Rota (Cádiz) del componente naval del escudo antimisiles. Aunque eso, como el AVE a La Meca, formara parte de la herencia recibida del PSOE.

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