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Los populares no renuncian a reclamar los eurobonos

De cara a la galería, Rajoy ha escenificado un respaldo sin fisuras al pacto franco-alemán, que rechaza los eurobonos

El presidente francés, Nicolas Sarkozy (d), y la canciller alemana, Angela Merkel (i), tras reunirse en París el pasado día 5. EFE

Preguntado el pasado martes, en la recepción del Día de la Constitución, por la propuesta de emisión de eurobonos, Rajoy despejó balones fuera. “Europa se construye poco a poco”, se limitó a contestar. El secretario general del Partido Popular Europeo, el español Antonio López-Istúriz, fue este miércoles mucho más claro: “No cejaremos en nuestro empeño de que se hable de eurobonos”. Siempre, eso sí, que los países que más dificultades tienen para acceder a los mercados de capital cumplan los compromisos de disciplina presupuestaria.

De cara a la galería, Rajoy ha escenificado un respaldo sin fisuras al pacto franco-alemán, que rechaza los eurobonos e impone una ley del silencio en torno a la posibilidad de que el Banco Central Europeo se convierta en prestamista de último recurso de los estados. No puede ser de otra forma, ya que lo contrario alimentaría la sospecha de que España no es capaz de financiarse por sí misma y tampoco tiene fuerza para oponerse al dicktat de París y Berlín.

Y ello a pesar de que, según López-Istúriz, la mayoría de los socios del Partido Popular Europeo (PPE) ve con simpatía la propuesta del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. O lo que es lo mismo, se resisten a aplaudir sin más el acuerdo entre Merkel y Sarkozy. Por mucho que el primer ministro francés, Francois Fillon, advirtiera hoy a los 1.500 delegados de 35 partidos de centro-derecha europeos reunidos en Marsella de las calamidades a las que se enfrenta la UE si la propuesta franco-germana no prospera.

Con ‘Merkozy’

En los encuentros que hoy mantendrá con la canciller alemana, Angela Merkel, y con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, Rajoy reiterará su compromiso de cumplir a toda costa el objetivo de déficit y de acometer en los primeros compases de su mandato la reforma del mercado laboral y del sistema financiero.

A cambio, pedirá a sus interlocutores, especialmente a la primera, que abra la mano con el BCE, para que apoye a los países que, como España, están dispuestos a someterse a una severa dieta fiscal.

También se reunirá con el primer ministro polaco, Donald Tusk, y con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, dos posibles aliados para conseguir que la cumbre de mañana se ponga a la tarea de devolver la confianza a los mercados sin esperar a las ratificaciones nacionales de una eventual reforma del tratado. No hay tiempo que perder.