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El PNV apuesta por un autogobierno de entendimiento como seña de identidad

El “nuevo estatus” político y la paz centran la reflexión interna del partido

Iñigo Urkullu y Joseba Egibar. Ampliar foto
Iñigo Urkullu y Joseba Egibar.

“El PNV se compromete a establecer para sí un perfil claramente diferenciado y reconocible por la sociedad vasca, en el que no solo se identifique el valor de la gestión, sino también una visión propia del autogobierno y la construcción nacional”. Con estas palabras perfila su ubicación política el principal partido vasco en el documento Euskadi, nación europea, remitido a sus bases para fijar las líneas estratégicas hasta 2015. Una reflexión interna que ha comenzado esta misma semana y se prolongará, previo debate de las enmiendas que surjan en el camino, hasta la Asamblea General del próximo enero.

El nacimiento de Bildu y su desembarco en las instituciones tras el 20-M ha obligado a los nacionalistas a redefinir su escenario. La apuesta consensuada por la ejecutiva del partido y su presidente, Iñigo Urkullu, aboga por un autogobierno “vinculado únicamente a la voluntad de la sociedad vasca, sin ningún apriorismo dogmático, y que actúe con inteligencia en el Estado y la Unión Europea para pactar en ambos ámbitos”. Una estrategia que pretende hacer bandera de los logros conseguidos fuera de Euskadi como contraposición a la actitud negacionista que en Sabin Etxea achacan a la izquierda abertzale.

Los logros a domicilio se presentan como el antídoto necesario contra la recesión institucional sufrida en Euskadi con la pérdida de numerosos Ayuntamientos, dos de las tres Diputaciones y el Gobierno vasco. Aunque recoge que la alternancia política es un signo de “normalidad y madurez”, el documento remitido a la militancia admite que la salida de Ajuria Enea “fue una prueba dura de superar”. “Básicamente, por las circunstancias y las maniobras legales que rodearon aquel tránsito”. En este sentido, considera “demostrada la ineficacia” del actual Ejecutivo y fija la recuperación del liderazgo institucional como objetivo a corto plazo.

El PNV aspira a encabezar un Gobierno “comprometido” con el país e impulsor de un acuerdo parlamentario que, a partir de la próxima legislatura y con el ejemplo del denominado Plan Ibarretxe, permita “actualizar la voluntad del pueblo vasco” a través de un “nuevo estatus” jurídico y político basado en el pacto entre iguales. El objetivo no es otro que el “reconocimiento de la nación vasca en un Estado de estructura plurinacional, así como su derecho a decidir libre y democráticamente su futuro”. La consecuencia, a juicio nacionalista, sería la conformación de un marco de estabilidad.

La paz es el otro eje vertebrador de la reflexión peneuvista, cuyo borrador comenzó a redactarse en julio. Una apuesta más definida, perfilada desde 2009, cuyo debate entre las bases se antoja menos polémico. Bajo la premisa de que el final del terrorismo no se puede contemplar desde el cálculo político, el PNV aboga por un “proceso de negociación técnica” entre las partes implicadas que suponga la desaparición “absoluta de la violencia”. Como requisito previo, la formación nacionalista reclama la “desvinculación de ETA” por parte de la izquierda abertzale.

Tras la experiencia de los procesos de paz impulsados durante la pasada década, el documento mantiene su defensa de un final dialogado del terrorismo “si se dan las condiciones”, aunque incluye como matiz novedoso su sometimiento a la “validación parlamentaria”. “Visto el fracaso de los intentos anteriores, solo la representación popular puede garantizar el éxito del diálogo o la asunción sin mayor coste de su fracaso”, justifican desde Sabin Etxea.

La reflexión interna tampoco deja de lado la espinosa vinculación que el proceso de paz establece entre los presos de ETA y las víctimas de la banda. El documento elaborado propone para los primeros una aplicación “flexible” del Código Penal que permita el cumplimiento de penas en cárceles próximas. Para los segundos, un reconocimiento “sin excepción” del dolor padecido. “Es el momento de tomar una nueva orientación”, plantea. Las bases peneuvistas tendrán dos meses de plazo para presentar sus enmiendas.

UNAI MORÁN

Bilbao

Urkullu, pensativo, durante un acto político del PNV el pasado domingo en San Sebastián. / javier hernández